La nueva educación

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Yo formo parte de las generaciones de la EGB (Educación General Básica) y para mi socialización educativa entré con cinco años en un colegio de monjas en el curso que se llamaba entonces “parvulitos”. Guardo recuerdos vagos de aquellos primeros tiempos escolares, creo que mi mente los borró al igual que el sistema eliminó gran parte de lo genuino que yo podía tener, pues fui una niña dócil y cumplidora que obedecía para recibir reconocimiento. Por entonces aún se pegaba a los niños en la escuela, aunque afortunadamente yo sólo encontré una profesora en tercero.

Desde esas tiernas épocas ya se fomentaba la competitividad, no como algo explícito, pero no se tenía en cuenta el esfuerzo individual, se evaluaban sólo los resultados y se premiaba a quienes destacaban colocándoles en las primeras filas del aula. Esto generaba entre nosotras comparaciones y envidias que se plasmaban en los grupitos de “las mejores”, “las peores” y “las del medio”, que se movían en tierra de nadie. Yo fui una de las integrantes destacadas de este último grupo.

Luego estaban las notas, esos odiosos papeles que aparentan ser medidores de la adquisición de conocimiento y nunca han reflejado el interés ni el aprendizaje real del alumnado. Sirven para reforzar o desalentar al estudiante porque se identifica con esas puntuaciones fruto de un conjunto de factores que nada tienen que ver con la integración real del saber. Los contenidos se aprenden bien si la metodología del docente es estimulante y utiliza recursos prácticos que despierten la curiosidad. Considero que no hace falta tener un título de magisterio para pedir a los alumnos que lean en alto lo que pone en el libro de texto (un recurso muy de aquella época).

A medida que las materias fueron ampliándose y haciéndose más complejas, la herramienta imprescindible para ir cubriendo etapas fue la memoria o, en su defecto, las “chuletas”. Existe un currículo obligado, un conjunto de temáticas muy alejadas de los intereses y necesidades del alumnado que, al ser tan poco atractivas y no entender su utilidad, se memorizan temporalmente para pasar de nivel. Si algo se aprende con seguridad en la formación reglada es el arte de aprobar exámenes por medio de triquiñuelas y, puesto que con la memoria a corto plazo todo se olvida enseguida, el método memorístico es ineficaz para asentar conocimientos. Esto es archiconocido por las “autoridades educativas”, pero continúa manteniéndose y eso dice mucho de la ineficacia del sistema escolar.

Di por finalizado mi recorrido académico básico con 19 años y con bastante desaliento, la verdad. Durante las dos décadas siguientes continué ampliando mis conocimientos en diferentes ámbitos de formación no reglada y, salvo excepciones, pude comprobar que la metodología utilizada también seguía las mismas pautas de la oficial.

Con 41 años decidí retomar mis estudios oficiales y confiaba encontrarme un sistema educativo mejorado. Teniendo en cuenta que se trataba de Técnico Superior en Animación Sociocultural, aquello fue una enorme decepción y un aburrimiento tremebundo. Encontré el mismo modelo de la EGB y la gran parte del profesorado no estaba allí por vocación verdadera, así que, ¿cómo se puede transmitir entusiasmo e interés al alumnado? También se seguía insistiendo en los exámenes memorísticos y las notas. La única incorporación salvable fueron los proyectos y la asignatura “dinámica de grupos” (algo imposible de impartir de forma teórica).

Empujada por mi vocación, entré en la Universidad con 49 años para seguir acumulando ingentes dosis de frustración. Salvo contadas excepciones, el formato seguía manteniéndose imperturbable, como si lo hubiesen metido en formol, oye. La mayor parte del elenco docente tenía una edad similar a la mía, es decir, habían mamado el modelo EGB hasta la médula, pero eso tampoco les exime de responsabilidad pues tienen libertad de cátedra. Terminé el Grado en Educación Social muy aburrida y estresada por la presión y con la conciencia clara de que es un sistema CADUCO.

Según parece, los Grados relacionados con la Educación, tristemente, tienen la nota de corte más baja en todas las Universidades, ¿por qué la docencia es tan poco valorada socialmente si tiene la responsabilidad de conformar a los individuos desde su infancia? Por esta razón, mucha gente que no consigue acceder a la carrera que desea termina recalando aquí, donde parece que todos caben: personas frustradas que frustran a sus alumnos en una espiral interminable. Cuando alguien se está preparando para formar a otros, es imprescindible que reciba un ejemplo motivador por parte de sus profesores de Universidad, porque esto es un eslabón en la cadena que luego arrastra a todos. A esta profesión sólo deberían dedicarse quienes tengan verdadera vocación.

existe una educación para la vida y otra centrada en el conocimiento y la información del mundo que nos rodea

Creo que he dejado claro que tengo mala opinión del sistema educativo, del que considero que hay pocas cosas salvables, por eso quiero compartir algunas reflexiones y directrices que me parecen imprescindibles para la nueva educación. Desde mi punto de vista, cuando hablamos de educación hay que diferenciar bien dos aspectos: existe una educación para la vida y otra centrada en el conocimiento y la información del mundo que nos rodea. Actualmente ambas se entremezclan como un cóctel y su mutua interacción ofrece como resultado individuos bastante bien domesticados que se incorporan como corderitos a la sociedad de “sálvese quien pueda”.

Muchos padres creen que sumergir pronto a sus hijos en el ámbito escolar les ayudará a ser más inteligentes y prepararse mejor para este mundo feroz, centrado en la supervivencia. A veces se escucha decir que “así espabilan antes” y desde la misma guardería, se moldea a las nuevas generaciones para que encajen lo antes posible y de la forma más exitosa según los cánones de productividad social. Esta visión funcional y totalmente enfocada al desempeño laboral es muy dañina y sólo sirve al sistema capitalista, siempre interesado en mercantilizar al ser humano. Yo más bien diría que “así se vuelven grises más pronto, igual que el resto”.

Por su parte, el sistema escolar persigue similares objetivos. La educación es una herramienta de uniformidad social que, a través del currículo oculto, transmite normas, creencias, pone límites a la genialidad y selecciona la información que interesa replicar en función de los destinatarios que la reciben para que el poder siga en manos de los de siempre. En una palabra, sirve para conformar nuestras mentes, desempoderarnos y crear generaciones de gente dormida que sea sumisa y manipulable. Jamás nos ha enseñado a pensar y a discernir sobre nada, incitándonos a repetir sin cuestionar contenidos enormemente falseados.

De hecho, la idea de “la educación bancaria” que apunta Paulo Freire, toma al sujeto como un recipiente vacío al que hay que llenar de contenidos, ¿cuáles? Pues los que interesen al sistema imperante, claro está. Se trata de un “lavado de cerebro” estandarizado, camuflado y obligatorio para todos los ciudadanos.

La información/conocimiento que se imparte, además de adulterada, también está desactualizada. Los presentes procesos de cambio social y de avance en muchos ámbitos son vertiginosos y las estructuras educativas van siempre por detrás por razones obvias. El método científico exige una serie de verificaciones y de contraste de información que se dilata en el tiempo, por lo que introducir nuevos descubrimientos en los libros de texto puede retrasarse muchos años. Del mismo modo, la información que queda anticuada también tarda tiempo en retirarse. A la educación formal le falta vitalidad y frescura.

Con los cambios que se avecinan, muchos profes se quedarán sin empleo porque las materias y contenidos que dominaban o bien se descubre que estaban equivocadas o se habrán quedado obsoletas. Y puesto que hasta ahora el maestro era el que sabía y sus alumnos tenían que tomarle como modelo para aprender, en la nueva educación es imperativo que el foco cambie del docente al alumno. Se acabó repetir cosas como loros y moldearnos a todos por igual, la mente siempre debe entrenarse en el discernimiento para que cada individuo desarrolle en libertad sus intereses y su propia idiosincrasia.

Hasta aproximadamente los 7 años, la responsabilidad educativa debería recaer en la familia y/o adultos cercanos emocionalmente a los menores. Se trata una fase profundamente sensible donde el juego es una fuente de aprendizaje y disfrute indispensable para integrar valores de alegría y vitalidad. Estos adultos implicados en su cuidado deben dedicar mucho tiempo y una atención de calidad, proporcionando un entorno afectivo y familiar que les aporte seguridad a través de espacios estimulantes y preferentemente en contacto con la naturaleza. Para que esto suceda, la sociedad debe hacer cambios estructurales para dar prioridad al bienestar de las personas antes que al dinero/productividad.

En la educación para la vida se debe poner el foco en el interior, en lo que alberga cada ser para dejar que florezca. Hay que partir desde lo más cercano, como explorar su cuerpo y las infinitas posibilidades que le proporciona, y no me refiero a enseñar a los niños a masturbarse. Considero que la biología es sabia y esas pulsiones aparecen por sí solas a partir de la pubertad, cualquier otra interferencia en su sexualidad obedece sin duda a desviaciones de los adultos. A lo que me refiero es a que el menor aprenda a quererse y a cuidar su cuerpo, a probar diferentes actividades físicas, alimentarse según sus necesidades, encontrar sus límites y seguir sus inclinaciones innatas.

el menor aprenda a quererse y a cuidar su cuerpo, a probar diferentes actividades físicas, alimentarse según sus necesidades, encontrar sus límites y seguir sus inclinaciones innatas

En estos primeros 7 años de la niñez, la instrucción en inteligencia emocional debe ser prioritaria. Es cuando conviene que aprendan a canalizar constructivamente las energías de la emoción para comprenderse a sí mismos y evolucionar como personas, porque cuando éstas se reprimen, pueden enquistarse y somatizarse en alteraciones de salud. Además, cuando aflora una emoción, es imprescindible que entiendan que el evento externo es un detonante, por eso hay que mirar adentro y no buscar culpables. Asimismo, de cara a su convivencia armónica en la comunidad, es preciso infundir el valor de la amabilidad como forma de vida.

Mas que contarles cómo es el mundo, hay que alentarles a que lo descubran por sí mismos y estar presentes para responder a sus preguntas

Durante esta fase, los adultos tampoco deben influir en las creencias infantiles. Conviene favorecer su capacidad de razonamiento para que cada información que reciben la disciernan primero y después la contrasten con su corazón, sus sentimientos y su percepción. Los adultos deben ser capaces de generar una relación de confianza. Mas que contarles cómo es el mundo, hay que alentarles a que lo descubran por sí mismos y estar presentes para responder a sus preguntas, dando respuestas siempre sujetas a variables para que les estimulen a conformar su propia forma de pensar.

También es muy importante fomentar la autonomía, involucrándoles en las tareas domésticas en función de su madurez: responsabilidad de sus juguetes, su ropa, sus utensilios, el orden y limpieza de los espacios, cocinar, la gestión de su tiempo y sus recursos, etc… Hace años a las niñas nos enseñaban a realizar labores y manualidades, algo muy útil que se está perdiendo. Y existen otros muchos saberes muy provechosos como hacer jabones y esencias o realizar pequeñas reparaciones en el hogar.

En la siguiente etapa (desde los 7-8 años hasta los 10-12), el cerebro ya está más receptivo para adquirir conocimientos prácticos sobre matemáticas, escritura y lenguaje, ciencia y arte, etc. Aquí los niños se reunirán para aprender juntos en espacios educativos con personas/docentes especializados en estos saberes, pero siempre durante un tiempo que no sea gravoso para ellos y mucho menos obligarles a realizar tareas en casa. Y puesto que el proceso de formación es algo totalmente único, desaparecerá cualquier elemento evaluativo, pues siempre han causado mucho daño en el autoconcepto y la autoestima que se conforman durante la época infantil. El resto del día deberían continuar dedicándolo a actividades lúdicas y a disfrutar en familia.

Puesto que en la nueva sociedad primarán la fraternidad y la cooperación, hay que diseñar metodologías, tareas y proyectos colaborativos. Las nuevas generaciones deben aprender a relacionarse con su ecosistema social fomentando las actividades en grupo para que entrenen su capacidad de resolver retos de forma mancomunada, sin competir, sumando recursos. En la nueva educación se dará valor a la singularidad, desaparecerán los oponentes y surgirán los aliados. De igual modo, deben suprimirse las jerarquías educativa y profesional para que el “valor social” de los individuos sea siempre equivalente.

deben suprimirse las jerarquías educativa y profesional para que el “valor social” de los individuos sea siempre equivalente

En esta etapa es muy importante que se continúe priorizando el contacto con la naturaleza. Incorporar actividades de conocimiento de plantas, árboles, animales, minerales, así como de supervivencia en el medio natural, siempre ayuda a recordar que formamos parte de la Tierra y nos enseñan a respetarla. Las nuevas tecnologías también tienen que estar presentes, pero en menor medida, pues dado su atractivo, a estas edades es fácil que se enganchen a ellas y provoquen un aislamiento precoz.

Con toda probabilidad, a lo largo de esta etapa básica, cada niño habrá descubierto qué materias le proporcionan mayor disfrute. ¿Y por qué dar tanta importancia a lo que les gusta? Porque detrás de aquellas actividades que generan gozo se encuentran los dones y talentos. En la nueva sociedad cada cual debe descubrir aquellas tareas que se le da bien hacer y aportan riqueza a la colectividad por su forma única de realizarlas. Tenemos que terminar de una vez por todas con cualquier reminiscencia del refrán “la letra con sangre entra” porque nadie aprende bien así, aprende a pesar de.

La siguiente fase (de los 11-12 años en adelante), consistirá en profundizar en aquellas materias y actividades que más le interesan para ofrecer al mundo su mejor versión. Mediante la expresión y potenciación de estas tendencias naturales, la formación del carácter será mucho más armónica y congruente y, por lo tanto, las nuevas generaciones serán más felices. Si más adelante alguien decidiese cambiar de rumbo, la sociedad será flexible y no le pondrá obstáculos ni le penalizará. Esta profundización en los talentos dura toda la vida y contribuye al bienestar y el buen funcionamiento de la comunidad.

La nueva educación contemplará la espiritualidad en todas sus etapas: quienes somos, de dónde y a qué venimos, por qué nuestro desarrollo es más lento que el de otras especies, por qué buscamos la trascendencia, compartir nuestros dones, cuál es el propósito de la vida… Hay que hacerse estas preguntas desde pequeños. Ya no permitiremos que nos eduquen como personas vacías que no piensan ni razonan y están aquí para nacer, comer, dormir, trabajar, reproducirse, consumir, enriquecerse y morirse. En el corazón está la llave de la trascendencia, si la mente no se alinea con él, el individuo nunca se sentirá completo ni podrá experimentar la felicidad.

En el corazón está la llave de la trascendencia, si la mente no se alinea con él, el individuo nunca se sentirá completo ni podrá experimentar la felicidad

Soy consciente que en la actualidad existen pocas personas, ya sean padres o docentes, que puedan ofrecer a las nuevas generaciones una educación como la que planteo, pero estoy firmemente convencida que cada día habrá más. Se trata sobre todo de observar, escuchar a los niños, acompañarles sin dirigirles… ellos serán los que nos muestren el camino durante esta transición porque, en el caso de los adultos de ahora, primero debemos desaprender y recuperar nuestra inocencia y nuestra capacidad de asombro.

Recientemente he publicado un relato en mi blog sobre la rebeldía de la infancia hacia un sistema educativo que es antinatural y está obsoleto. Aquí dejo el enlace: https://somosseresenred.blogspot.com/2023/05/cualquier-dia-de-estos.html

Para finalizar, el término “educación” ha tenido tantas acepciones y está tan desvirtuado que le vendría bien la jubilación. Es necesario crear otro nuevo que no resuene a rancio ni a tiranía, cualquiera podría servir: buencriar, masamar o biencrecer, por proponer algunas alternativas.

María del Mar del Valle
Educadora Social y Escritora
somos.seresenred@gmail.com