Ser, estar, hacer y tener

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Solemos utilizar estos cuatro verbos en los asuntos relacionados con la identidad y la personalidad de los individuos y conviene realizar matizaciones sobre su significado porque, no siendo equivalentes, los hemos interiorizado en ciertos usos y denominaciones como si fuesen sinónimos.

El verbo SER implica esencia, se refiere a la sustancia/vibración/energía que conforma intrínsecamente lo que somos. Habla de nuestra naturaleza inmutable e incapaz de mancillarse, de nuestro eterno e indivisible origen divino. Probablemente habrá muchas personas que cuestionen esta afirmación y es natural, pero tiene una fácil explicación.

La tercera dimensión es el nivel de densidad más bajo en el que podemos experimentar como seres humanos, eso quiere decir que nuestros fractales o porciones divinas, se encuentran a la distancia más alejada de la Fuente, lo que conlleva riesgos importantes. El principal es que olvidamos quienes somos y cuál es el propósito de nuestra vida. Al encarnar, un velo de conciencia nubla nuestra percepción y nos impide recordar nuestro origen, por ese motivo una gran mayoría vive creyendo que esta vida es lo único que hay y otra parte se aferra a religiones que les proporcionen algo de esperanza, pues la vivencia de la polaridad es dura y cuesta seguir adelante.

Por si fuera poco, también hemos estado sometidos a una matrix de control creada por fuerzas de la oscuridad y cuyo propósito era alejarnos aún más del Plan Divino. Su intención fue siempre de dominio y, a través de diversas estrategias querían impedir que recordáramos nuestra divinidad y soberanía. La religión, la política, la ciencia, la educación, los medios de comunicación… siempre han sido instrumentos de aquellos que pretendían tenernos a su servicio, subyugados como un rebaño obediente.

Esos tiempos se acaban. La entrada del nuevo día galáctico a finales de 2012 y sus energías de cambio asociadas, nos están ofreciendo una fase de transición, un tiempo para transmutar los viejos patrones y que despertemos a la verdadera realidad de lo que somos. La obra teatral montada por las élites oscuras está dejando de seducirnos e iremos reconectando con nuestro ser divino en una proporción que irá en aumento en los próximos años. Donde entra la luz, por pequeña que sea, ya no puede pervivir la oscuridad, por eso desde los entornos poderosos se están desplegando medidas desesperadas y es preciso que no demos ningún paso atrás a nivel conciencial.

Las nuevas generaciones que están naciendo en la Tierra (los niños cristal), vienen con una conciencia espiritual muy alta y, por su naturaleza, traen las semillas para la construcción del nuevo paradigma, traen literalmente el cielo a la tierra sin los condicionantes asfixiantes que sufrimos las generaciones precedentes.

El Creador Padre/Madre es Unidad y eso es lo que somos. Formamos parte de esa energía primordial que ha decidido fractalizarse para experimentar en vibraciones de mayor densidad. Y aunque el paso por cada encarnación lo vivamos como muy real, no son más que obras de teatro cósmicas, donde situaciones, emociones, conflictos y dolores son simulaciones de alta gama, juegos virtuales que nos confunden haciéndonos creer que somos el personaje y no el actor.

Por tanto, ahora disponemos de un tiempo de procesamiento y elecciones importantes. Muchas de ellas las hizo nuestra alma antes de encarnar y sólo debemos marcar el norte y dejar que nuestra fuerza interna nos envíe las señales para no desviarnos del camino. El rumbo siempre será la luz, el amor y la unidad.

El verbo SER se utiliza equivocadamente cuando realizamos afirmaciones del tipo: “soy torpe”, “soy idiota”, “eres egoísta”, “eres un vago” … Por las razones antes expuestas, este verbo no se puede aplicar así. El verbo adecuado es ESTAR porque tiene una connotación temporal, corresponde a estadios y fases por las que pasa cada ser humano.

Podría ocurrir que, en la encarnación presente, la persona haya elegido experimentar torpeza, ignorancia, egoísmo o vagancia como un rasgo predominante en su comportamiento, eso no quiere decir que esa condición aflore al cien por cien, seguro que manifestará otras características en su personalidad. Además, las conductas siempre se pueden cambiar si uno se lo propone, siendo más complejo a veces eliminar la etiqueta social que te han adjudicado. En numerosas ocasiones, el individuo que logra realizar cambios a nivel comportamental descubre que las personas de su entorno no transforman su mirada y continúan tildándola de algo ya pasado. Esto ocurre porque miramos todo y a todos de forma superficial e irreflexiva, solemos actuar por inercia y no por conciencia.

El verbo ESTAR también se puede aplicar a los estados emocionales transitorios. Estar triste o cabreado no implica ser triste o iracundo. Las circunstancias vitales a menudo nos ponen en jaque, sacándonos de nuestra natural tendencia a la armonía. De hecho, la pulsión más fuerte en el ser humano siempre es la búsqueda de la felicidad.

Cuando alguien de forma reiterada manifiesta un tipo de emoción, conviene preguntarse el por qué. La complejidad de la experiencia humana merece grandes dosis de comprensión y empatía, pues estamos sometidos a presiones mundanas y también a condicionantes álmicos, de linaje y de otras encarnaciones. El submundo emocional es inmenso y el resultado de la ecuación es casi siempre impredecible.

Aunque sea muy fácil caer en juicios y etiquetas, es preciso dejar márgenes de error, pues solemos errar bastante y al hacerlo generamos daño. Seamos amables entre nosotros y lograremos erradicar bastante sufrimiento, consideremos que alguien ESTÁ atravesando dificultades y no le pongamos más losas encima.

El verbo HACER también suele confundirse con la identidad. Cuando alguien te pregunta a qué te dedicas solemos responder: “soy médico”, “soy camarero”, “soy electricista” … En nuestra sociedad capitalista enfocada a la productividad, se mide a las personas por sus ocupaciones. No valoramos igual unas profesiones que otras porque en el mundo jerárquico de tercera dimensión, las actividades intelectuales o técnicas reciben un valor superior a las manuales. Yo propongo que reflexionemos sobre los fundamentos de esta creencia.

Considero que su origen parte de las estructuras de poder, las cuales, gracias a su dominio socioeconómico y político, podían eximirse de las labores más pesadas, dejándoselas a sirvientes y esclavos, según la época de la historia. Actualmente, ¿qué continúa siendo básico para la vida? La alimentación, un hogar donde guarecerse, un entorno saludable y unas relaciones armoniosas.

Cuando en una casa se rompe una tubería, un fontanero es esencial para solucionar el problema. ¿Es un notario o un ingeniero más importante que un fontanero? Hasta ahora se ha considerado que sí, pero en el nuevo paradigma todas las ocupaciones serán equivalentes.

Otra pregunta, ¿qué es más valioso, una naranja o una canción? Las dos, pues una nutre el cuerpo físico y la otra llena el corazón. Las manifestaciones artísticas serán tan valoradas como las que surjan de la racionalidad porque para estar completos, nos dirigimos a una unificación de ambos hemisferios cerebrales. La tangibilidad tampoco será una variable para valorar las cosas. Por ejemplo, una sonrisa es intangible, pero es transformadora. Equivalencia… cada persona viene a la Tierra equipada con unos dones que contribuyen a la comunidad y es preciso que encuentre canales para expresarlos.

Por otro lado, la productividad es otra exigencia que nos ha oprimido “no pares, sigue, sigue”, sigue “haciendo” hasta que caigas enfermo o muerto. El HACER es una expresión del Ser, pero no es el Ser. En cada vida hemos manifestado dones e interpretado personajes muy distintos, hemos tenido ocupaciones y sexos diferentes, por tanto, lo realmente sabio es el aprendizaje álmico que ese HACER te proporciona y cómo lo pones al servicio, pero no te define.

El HACER suele tener una derivación que también influye en la configuración y valía social del personaje y se concreta en el TENER. Me refiero a que la profesión, gracias a esa jerarquía valorativa, puede proporcionar mucha abundancia económica y, como en la tercera dimensión el dinero es Dios, mucha gente asocia que tener muchas posesiones te hace Ser mejor o más importante que otros. Así surgen a veces competiciones estúpidas por tener mejor coche o casa que tu hermano o que el vecino. Caer en ese tipo de cosas expresa lo vacío que debe sentirse el individuo, porque atrapado en la materia, se aleja cada vez más de su verdadera esencia espiritual.

Las personas que parten de entornos de pobreza o escasez y logran éxito a nivel social y económico se entendería que manifestasen una mayor empatía, pero en muchos casos suele ocurrir que se aferran más a sus propiedades y estatus que quienes han recibido esas cosas por nacimiento.

La nobleza y las familias ricas tienen posesiones y recursos acumulados, apellidos, linaje y prebendas y, por eso, se creen con derecho a erigirse por encima del resto de los mortales. Eso de la “sangre azul” es una idea para poner distancia entre ellos y la “plebe”. No soporto la prepotencia de esta gente que se consideran “dioses”, que ejerce dominio y decide sobre nuestras vidas como si fuésemos insignificantes. Aquí, es mi parte humana la que habla y se enerva con la injusticia y la tiranía a la que tratan de someternos.

A nivel espiritual, comprendo que están realizando su papel dentro de esta obra cósmica y cuando me sitúo en ese nivel de conciencia, les compadezco porque no están alineados con la divinidad. Están alimentando la oscuridad y eso a nivel álmico tiene consecuencias, comporta karma. Ellos son luz como nosotros y forman parte del UNO, aunque su luz está tan opacada que probablemente tarden muchos eones más de tiempo en alinearse con su espíritu, lo que supone mucho sufrimiento.

Valorar a las personas por lo que tienen y no por quienes son ha comportado experiencias de separación bastante dolorosas. El TENER forma parte de la experiencia en la materia porque hay determinadas cosas que son básicas, pero es el apego a las posesiones lo que genera egoísmo y división. Me gusta mucho una frase de San Francisco de Asís que ha hecho suya Emilio Carrillo y resume lo que quiero transmitir: “necesito poco y lo poco que necesito, lo necesito poco”.

No considero que la pobreza sea una virtud, creo que vivimos en un universo de abundancia y es preciso encontrar el equilibrio en el TENER para que no nos esclavice ni nos siga separando por “clases”. Somos creadores porque formamos parte del Creador Padre/Madre. Recordar esta verdad nos ayudará a recobrar todos los atributos que forman parte de nuestra esencia divina sin menoscabar la de ninguna otra conciencia. Compartir en hermandad es nuestra naturaleza y nos ofrece la posibilidad de abrir el corazón, elevar nuestra vibración y facilitar el regreso conciencial a la UNIDAD.

María del Mar del Valle
Educadora social y escritora
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