¿Cuidamos adecuadamente los procesos naturales del recién nacido en la primera hora de vida?

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La maternidad, el embarazo, el parto, la crianza… Estos son algunos de los temas que rondan en los pensamientos de muchas mujeres; asuntos de los que buscan obtener mayor información para saber qué pueden esperar de cada una de las etapas. Pero, ¿qué sucede después del parto? Especialmente en esa primera hora posterior al parto. ¿Sabemos cómo cuidar los procesos naturales del bebé y de la mamá reciente?

En el último trimestre del embarazo, este suele ser un momento muy idealizado por las mujeres, por su belleza; desean que todo sea perfecto en ese primer encuentro entre madre y bebé. Pero cuando transitan por ese instante, muchas mujeres sienten que ha pasado desapercibido, no se ha tratado con el respeto necesario o incluso que no ha tenido la relevancia que deseaban.

A raíz de ese evento surge la gran pregunta: ¿cómo debería ser vivida esa experiencia para que sea positiva para ambos?

La primera hora posterior al nacimiento del bebé, ese llamado posparto inmediato que vive la mujer, son el inicio de una nueva vida, de un nuevo ciclo, de una nueva familia. Nace un bebé, pero también nace una madre. Nace un vínculo extrauterino, una relación en la que ambos necesitan aprender a conocer sus ritmos, tiempos y emociones. Por eso, es necesario conocer su importancia y saber qué debería suceder en ella, con el propósito de cuidar todo lo que se entrelaza y gesta en ella. Para cuidar uno de los ingredientes principales es el respeto por su nuevo mundo. Solamente de este modo dejaremos de escuchar historias de mujeres narrando cómo sienten que las han despojado de la magia emocional y fisiológica de este momento. Pues el bebé necesita a su madre y viceversa, es una necesidad bioquímica y emocional, no es un lujo, ni un capricho, es algo que ambos necesitan para establecer el vínculo y su bienestar general. Este es el primer cuidado de los procesos naturales de una díada tan especial, como lo es la madre y el bebé.

Durante aproximadamente cuarenta semanas, el hábitat del recién nacido ha sido el cuerpo de su madre, especialmente su útero. Ella es todo lo que él conoce como hogar, a través de ella ha aprendido a regular algunos de los sistemas de su cuerpo. Cuando nace, esto no cambia, solamente se traslada al ambiente extrauterino, es decir, el bebé sigue reconociendo a su madre como ese espacio conocido que le transmite calma, es su hábitat. Por eso para el recién nacido es tan importante el contacto piel con piel con su madre, inmediatamente después de nacer, ya sea mediante un parto vaginal o cesárea, el bebé lo necesita, forma parte de los cuidados naturales esenciales, incluso antes que cualquier procedimiento médico (siempre y cuando la vida del bebé o de la madre no estén en riesgo vital) o protocolarios, como vestirlo, pesarlo, medirlo, etc. Su entorno cambia en unos minutos, todo es nuevo e inexplorado para él, por eso, todavía se vuelve más esencial el contacto con el mundo conocido: su madre.

Además de los cambios en su entorno también hay que tener en cuenta los cambios inmediatos del cuerpo (de ambos). Podríamos resumir esta etapa en el reflejo de una palabra: adaptación. Para autorregularse, tanto su respiración como su temperatura, el bebé necesita estar en contacto con el cuerpo de su madre, lo que realza más todavía la importancia del contacto piel con piel.

Existen otros cuidados naturales que aportan beneficios en este proceso, a corto pero también a largo plazo, entre ellos está: el corte tardío del cordón.

Aunque cada vez se habla más de ello, la tendencia es que el corte se produzca casi de forma inmediata después del nacimiento, bien sea por falta de información, miedos o simplemente que no es lo rutinario. Pero el momento idóneo es cuando el cordón ha dejado de pulsar porque ya no existe circulación a través de él. Esto es indicativo de que el cordón ya ha hecho toda la transferencia de sangre y nutrientes para el bebé, nutrientes esenciales desde el punto preventivo y como fortalecimiento para su organismo, ya que incrementa los niveles de hematocritos, hemoglobina, estimula la oxigenación cerebral y el flujo de glóbulos rojos. Además de ello, también estamos cuidando de los tiempos y espacio emocional necesario para ambos. Esto todavía es más importante si el bebé ha nacido de forma prematura.

Además se ha demostrado que a largo plazo, cuidar de este proceso natural, previene la deficiencia de hierro y anemia durante la infancia, ya que hemos mejorado sus reservas de forma considerable con el corte tardío. Sin olvidar un dato muy importante, que esta práctica también proporciona la base para un buen desarrollo cognitivo e intelectual.

Hablar de respetar esa primera hora de vida, implica dar un espacio primordial a la lactancia precoz, precisamente se llama de este modo, porque se produce en la primera hora de vida del bebé, donde además del alimento y fortalecimiento del sistema inmunitario, algo que todavía vive en la sombra para muchas madres, es su papel relevante a nivel emocional. Cuando esto sucede de manera temprana, favorece la impronta en el bebé, fortaleciendo su confianza y tranquilidad, reconociendo a su madre como su lugar seguro. Esto viaja más allá del contacto físico, ya que deja una huella a nivel cerebral, que permite que el bebé reconozca a su madre, fortaleciendo más todavía ese vínculo entre la díada (madre-bebé).

Entender el alcance y repercusión de esta primera hora de vida del bebé es imprescindible para iniciar los cuidados naturales de forma adecuada, creando un espacio donde madre y bebé se sientan seguros y respetados, además de favorecer su vinculación, otorga un gran valor inmunológico, nutricional, psicológico y emocional con el cual el bebé crea las bases de su salud.

Yolanda Castillo
Naturópata, terapeuta y educadora perinatal
www.yolandacastillosaludfemenina.com