El universo vibracional

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Todos estamos acostumbrados al concepto de “lo material”, viendo la consistencia y solidez de todo lo que nos rodea, su dureza resistente, la firmeza que ofrece a nuestros sentidos. Tenemos noción de todo lo que configura el mundo a través de las sustancias, los bloques o sus moldes, las piezas ensambladas en un instrumento o en un aparato fabricado, etc.

Sin embargo, en realidad, estamos inmersos en un ambiente de sonidos que podemos llamar adecuadamente una “sonosfera”, una especie de atmósfera que nos envuelve, rodeándonos de segmentos vibracionales de sonido que forman parte del paisaje, del medio ambiente. Tanto en las ciudades urbanitas como en espacios de mayor amplitud y contacto con la naturaleza. Y nos encontramos ante una realidad que es, ciertamente, invisible, aunque real.

Lo cierto es que esa sonoridad cercana, es un aspecto exterior de ese ambiente vibracional, de ese “espectro de ondas” en el que vivimos objetivamente. Vivimos en un conjunto de océanos ondulantes, similares a las inmensidades de agua líquida. Solo que se mueven como en otro tejido, en eso que llamamos dial de frecuencias.

Muchísimos tipos de radiación, de ondas se entrecruzan constantemente, de forma invisible. Y entre medio de esas ondas, algunas son, precisamente, inaudibles a nuestro oído humano, pero están ahí, están presentes.

Vibraciones desde los infinitos

El descubrimiento o la reflexión renovada sobre cómo se ordena el mundo vibracional, nos interesa mucho en estos momentos, según avanza el siglo XXI. Caminamos hacia una comprensión mayor de los aspectos energéticos que nos conforman como seres conscientes de nosotros mismos, supra conscientes en cuanto a nuestra percepción propia como seres sutiles encarnados. Y la naturaleza trascendente de nuestro ser.

Podemos asegurar que a partir del universo vibracional se va produciendo un reflejo de modelos, de modulación, de plena actividad hacia los otros reinos, pero con el cambio de textura que caracterizará a cada espacio de vitalidad.

Se podría considerar que existen unas “corrientes” energéticas, dentro de cada uno de estos aspectos, que van conformando elementos, gracias a su configuración previa, a su movimiento interior, su propósito y su función, dirigido a la vida en este plano terrestre.

Se acota en un rango de diseño y se interconecta perfectamente con el aspecto general de creación de ese ámbito específico, con las transiciones correspondientes entre uno y otro reino. Considero que el término “texturas”, nos da una descripción sentida de cómo se modulan los cambios de densidad energética, de materialidad de lo que encontramos asociado a ese rango o elemento.

Vamos a ponerlo en contexto a través de seis niveles o universos:

Microscópico – Mineral – Vegetal – Animal – Humanidad – Vibracional

Este universo vibracional es capaz de adentrarse, de forma diferente, en cada uno de los universos, según desciende hasta el centro de la materia. Y resuena con la oscilación propia que posee cada uno. Su pulsación vital parece repetirse, cambiando o haciendo girar su movimiento hasta presentar una nueva “faceta de ser.”

El aspecto vibracional que encontramos insertado en el ser humano, hace relación al propio cuerpo físico y le ensambla con ese cuerpo energético, que le “sostiene” por una parte, y por la otra le inserta en la configuración sonora que siguen los moldes de la palabra y las proporciones musicales del pentagrama en la música. Todo ello se expresa en nuestra voz, en nuestra manifestación verbal.

Este enfoque tiene que ver directamente con la expresión y la capacidad creativa de la persona. Somos, en este sentido, la culminación de todo lo creado a nivel planetario: somos los únicos seres vivos capaces de percibirse a sí mismos en sonoridad.

“El ser humano es el único instrumento musical capaz de percibirse a sí mismo”.(M. Miletich)

La extraordinaria capacidad de transmitir y la magnitud creativa que está a disposición del ser humano, a través de su expresión vocal, es única. En este sentido, me gusta definir a la laringe humana como “el diamante” capaz de llegar a vibrar en sonoridad luminiscente. Y esto se produce por una conexión profunda con la esencia personal, con el ser de conciencia que cada uno es, en singularidad propia.

Los dos aspectos, como en una polaridad complementaria (no de contraste), son: la palabra y la música.

Precisamente, lo que interconecta y ensambla las características materiales y la organización vibracional del ser humano, es la ondulación sonora, desde el hecho de “nombrar”, “definir” y “manifestar” las propias experiencias. La vivencia del sonido emitido o escuchado, se muestra como puente entre lo exterior y lo interior, como intercambiador para “reconocernos” en ese “ser siendo”, gracias a la sonoridad y a su capacidad de significación energética, en parámetros de armonía, proporciones, escalas, estilos, etc.

La vibración a través del sonido es el puente perfecto para establecer contacto entre dos naturalezas totalmente diferentes y, antagónicas podríamos decir. Lo material y lo vibracional. El mundo tangible y el mundo ondulante.

¿Cómo podríamos hacer sonar un bloque de madera inerte, ya cortado? Sin embargo, la materialidad del organismo humano está diseñado en una plena flexibilidad tan especial, que es capaz de entrelazar estos aspectos tan dispares como son materia y vibración oscilante, en sonoridad humana.

Primera pista: desde el alfabeto

Es un aspecto de materialidad que está en la misma franja intermedia, entre materia y energía, solo que focalizado en un nuevo nivel. En el mundo del alfabeto y sus múltiples combinaciones en palabras, oraciones, párrafos, artículos, lyrics, poemas y cualquier tipo de manifestación escrita y vocal, las letras nos muestran el aspecto material primario (en este caso, audible) de los movimientos vibracionales en donde van a recalar las esencias, los valores, las cualidades que tienen su propio “espacio energético”, su propio “mundo virtual”.  Parecen ser los “ladrillos de construcción”.

Avanzando, vemos que las palabras son los distintivos peculiares que las materias primas destilan desde” lo conceptual” o abstracto para desarrollar todas las nociones, ideas, calificativos, movimientos en acción… Ahora los denominamos como “etiquetas”…Desde los movimientos originales de mayor sutileza hasta su incorporación y presencia en el mundo material, las palabras nos ofrecen un aspecto de “condensación” en este proceso de intermediación tan interesante.

La articulación de las palabras y los sonidos musicales nos muestran el aspecto complementario del pensamiento, de las ideas y sentimientos, la manifestación cohesionada en la expresión sonora y rodeada como de una especie de “vapor”, que sería la resonancia vibracional, que asciende por el dial vertical.

Nuestras ideas, pensamientos, expresiones verbales, manifestaciones sonoras, tienen un camino ascensional. Configuran mundos de creencias, expresiones artísticas, perspectivas filosóficas y mucho más. Bien podemos decir que no se limitan a ser compartidos por grupos pequeños o específicos, sino que existen espacios energéticos que hemos denominado “campos morfogenéticos”, espacios del inconsciente colectivo que compartimos con toda la humanidad existente. Pero va mucho más allá.

Polaridad sin contraste

El aspecto de polaridad más “fisiológica” de la palabra, lo encontramos en la escritura y en la sonoridad de nuestras palabras en su registro gráfico. Letras impresas contrastadas y asimiladas en la voz en vivo. Se trata de la primera polaridad “sin contraste”. Podríamos denominarla como “evolucionante”, con movimiento en la espiral de evolución, movimiento que traspasa, de un modo muy orgánico, la línea de su propio horizonte.

Esta combinación se convierte inmediatamente en un tríptico, en una tríada conjunta. Es gracias a la escucha que los dos primeros planos de manifestación de lo vibracional, en letra y en sonoridad, en nuestro ámbito humano, se transforman de nuevo en modulación energética vibracional más sutil (resonancia, armónicos, reverberaciones…). Esto se produce con la nueva fuerza que recoge del mundo material en tercera dimensión. La emanación se convierte en expansión. Su vapor, su perfume en efluvios vibratorios ascendentes.

¿Cómo son nuestras creaciones? ¿Cómo quiero impregnar, cómo quiero impactar los mundos sutiles con nuevos impulsos de creación? Del signo a la significación, de la significación a la esencia transformada.

El ser humano es el único capaz de vincular, trenzar y vehicular los aspectos menos materiales, que tienen significado y valores, creación y consecuencias en todos los entornos, tanto en el nivel horizontal como en su reflejo especular, según asciende por los mundos sutiles en “vertical”, existentes y potenciales, esto es, por crear.

El filtro del ser humano, en su sonoridad, en su plasmación expresiva a través de la sonoridad supone una gran aportación hacia el avance vibracional de la conciencia. Si es en negativo, las vibraciones se colapsan. Si es en positivo, se trata de un fenómeno de avance, es exponencial.

Retorno hacia el universo vibracional

En el universo vibracional es donde se producen las convocatorias de las conciencias.

Desdelos niveles más básicos, como pueden ser:

  • La comunicación primaria, como demanda de ámbitos de supervivencia.
  • El mundo de creencias, que se apoya en conocimientos estratificados, heredados, repetidos o absorbidos del entorno.
  • Ámbitos sociales profesionalizados, atrincherados en un tipo de vocabulario, gesto y posturas de identificación.

Hacia:

  • La primera receptividad a través de la escucha consciente y Supraconsciente, incluyendo poco a poco los sentidos extracorporales.
  • El desarrollo del pensamiento libre, gracias a contrastes e inspiraciones interiores.
  • La conectividad entrenada entre expresión y ética personal, vinculada con las energías sutiles de amar (vibraciones cordiales, es el término acreditado), desde las experiencias personales a través de la sensibilidad propia.
  • La creatividad asociada entre niveles superiores y la materia:
    • Palabra veraz (intercomunicación)
    • Escritura luminiscente (transcripción en belleza gráfica)
    • Expresión evolutiva (compromiso estructural)

El mundo vibracional nos ofrece la primera interfase de transducción de la materia (visto desde el ser humano) hacia la síntesis en vibraciones, ondulaciones que vienen enriquecidas por el paso a través de los entornos planetarios y el pulso de calidad de los corazones humanos en ascenso.

Segunda pista: la música

Sería muy importante ya en este siglo XXI ver cuáles son las posiciones que el ser humano podría empezar a tomar en relación a lo que significa el mundo vibracional, en las dos vertientes de esta polaridad evolutiva, que ya no ofrece un contraste en lo material, que son: LA PALABRA Y LA MÚSICA. Sabemos que nos influye en diversos ámbitos, no solo para la salud y la vivencia emocional, sino también en nuestra concentración y puede estimular nuestra auto valoración. Pero hay más.

La emisión en resonancia consciente, se llena de las vibraciones cordiales (del corazón). La ondulación de nuestros hemisferios cerebrales, se “suma” a este movimiento y nuestra parte más esencial, nuestro ser-conciencia, permite que las vibraciones más lumínicas se insertan perfectamente en las ondulaciones.

Encontramos ahí la TRASCENDENCIA de una emisión plena, que alcance el mundo vibracional “lejano” y se interconecte con la resonancia concreta de esas nuevas atmósferas sónicas, que pierden materialidad y ganan en resonancia, de un modo que en matemáticas se denomina “fractal”.

Entonces, si la belleza por sí misma reprograma el cerebro y sus conexiones, la influencia de la música y la modulación sonora de la palabra humana, en emisión supra consciente, se convierte en una transmisión de gran relevancia, ya que alcanza el “multinivel”, las distintas capas que llegan a espacios lejanos (para nosotros) de ese mundo vibracional.

Tercera pista: seres vibrantes, como universos humanos

Tenemos la oportunidad de expandirnos como seres conscientes y… sonantes, es decir, como seres vibrantes capaces de emitir en sonoridad para los mejores fines. La expresión y la comunicación, a través del instrumento musical humano, se convertiría así en una difusión más allá del ámbito planetario y terrestre, sería una gran obra de arte del mayor nivel expresivo.

Es la oportunidad de convertirnos en intérpretes exclusivos, solistas, actantes o instrumentos de carácter exclusivo y singular, como el mejor Stradivarius, emitiendo un sonido que se abriría en trasparencia hacia esos niveles profundos del universo vibracional que tan amorosamente nos alberga, nos impulsas a crear a través de nuestra exquisita sonoridad y que nos envuelve por completo.

Macarena Miletich
Autora del libro:
The Living Voice La Voz Viviente