Ayunar para curar

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    El ayuno ha tomado parte de la vida diaria de la
    humanidad, especialmente en los momentos de rituales y ha sido utilizado en la
    triple vía de limpieza corporal, descontaminación mental y búsqueda de claridad
    espiritual.

    Durante siglos se ha ayunado en la preparación de ceremonias
    y ritos de diversas religiones y filosofías de vida que lo contemplan en mayor o
    menor medida. Es y ha sido practicado entre los chamanes de los más diversos
    lugares a lo largo y ancho de toda la geografía del planeta, especialmente como
    preparación de festividades concretas durante el año o para celebrar rituales de
    curación o rituales de acceso al «mundo paralelo» al que acuden en «búsqueda de
    la visión».

    También es y ha sido utilizado en los rituales y en las
    ceremonias de iniciación de muchas culturas del mundo. La abstinencia de
    alimentos formaba también parte de los ritos de fertilidad en algunas ceremonias
    primitivas. Muchas de esas ceremonias se practicaban en los equinoccios de
    primavera y otoño y han perdurado durante siglos.

    Durante los primeros tiempos de la era cristiana la práctica
    del ayuno de veinticuatro horas era muy común. Es lo que se llamaba en latín:
    «Jejunium a vespera ad vesperam
    », que significa «Ayunar desde el atardecer
    de un día al atardecer del siguiente».

    En tiempos cercanos son muy conocidos los repetidos ayunos,
    en forma de huelgas de hambre, llevados a cabo por Mahatma Gandhi, en su camino
    de no violencia, de Ahimsa, para liberar a la India del gobierno de Gran Bretaña
    mediante una revolución pacífica. Utilizó el ayuno como «arma» en su resistencia
    pacífica y de no colaboración con el gobierno británico y demostró ser un
    verdadero «guerrero pacífico».

    Gandhi, que además de sus ideas pacifistas era vegetariano y
    tenía amplia experiencia en los cuidados naturales de la salud, utilizó el ayuno
    en apoyo de sus ideales de libertad para la India. En su poco conocida faceta de
    especialista en la salud, señala: «No debemos llenar el aparato digestivo con
    alimentos innecesarios. Tenemos que comer solamente tanto como nos sea necesario
    y no más. Con frecuencia comemos de más, o ingerimos cosas imposibles de
    digerir, sin darnos cuenta. Un ayuno ocasional, por ejemplo de una vez por
    semana o una vez cada quince días, nos permitirá mantenernos equilibrados. Si no
    nos resulta posible ayunar un día entero, podemos saltarnos una o más comidas
    durante el día».

    Pedro Laín Entralgo, gran especialista en Historia de la
    medicina y en Antropología médica, escribe: «A comienzos del siglo XIX…
    vigente desde los hipocráticos, la restricción alimentaria en las enfermedades
    agudas seguía siendo la regla…»

    Un camino olvidado hacia
    la salud

    Hipócrates, según el Dr. Honorio Gimeno, uno de los médicos
    naturistas más reconocidos de nuestro país, preconizó la utilización del ayuno,
    el pan integral y las frutas y hortalizas crudas y aconsejó que en cuestiones de
    alimentación se atendiese al instinto del enfermo. En lo fuerte de la
    enfermedad, conviene alimentación muy débil o la supresión absoluta de todo
    alimento. En las diarreas intensas la ingestión de manzana cruda. En invierno y
    en primavera, se puede comer más que en verano y en otoño. Cuando se tiene
    fiebre, el mejor alimento es el jugo de frutas. Si un enfermo ha adelgazado
    bastante por enfermedad larga, no tiene que comer demasiado para recuperarse
    antes, sino que ha de hacerlo con precaución. Cuando la enfermedad no es muy
    importante y evoluciona en sentido favorable, el médico no ha de emplear muchos
    remedios; es mejor que actúe la fuerza vital natural, a ser posible, por sí
    sola. Dicha fuerza se conoció después en versión latina como «vis medicatrix
    naturae»
    .

    En el siglo XVII, el ilustre físico Paracelso llamaba al
    ayuno «el gran remedio».

    El ayuno a agua no consiste en mantener al cuerpo bebiendo
    agua mientras el organismo se nutre de sus propias reservas. No «deja de comer»,
    sólo invierte la utilización de alimentos y orienta su energía hacia el proceso
    curativo.

    Durante el ayuno el cuerpo no deja de alimentarse, sino que
    se alimenta de sus propias reservas, a plato puesto. Mientras existan reservas
    almacenadas en el cuerpo hablamos de ayuno. Con frecuencia dentro de la
    terminología de la medicina convencional los términos ayuno e inanición se
    utilizan como sinónimos. Ello indica un grave error. Hay una gran diferencia
    entre estos dos procesos.

    El ayuno comienza cuando nos saltamos una comida y termina,
    si no lo dejamos antes, cuando se consumen todas las reservas de nutrientes
    almacenados durante años en nuestro organismo. Cuando el cuerpo no tiene
    reservas para «nutrirse de su interior» termina el ayuno y comienza la
    inanición.

    En las primeras horas del ayuno el cuerpo consume el azúcar
    (glucosa) que fluye en la sangre y la almacena en el hígado y los músculos en
    forma de glucógeno, al que se le ha llamado también «almidón animal».
    Posteriormente se mantiene de transformar, primero sus reservas grasas y
    finalmente las proteínas. Únicamente cuando las reservas se agotan, el cuerpo
    comienza a digerir las partes y órganos más vitales. Este periodo es conocido
    como inanición. Es un proceso totalmente diferente al ayuno. Pero esto no ocurre
    normalmente sino pasadas cinco semanas o más, dependiendo de las reservas del
    organismo.

    Una vez pasado el tiempo de ayuno, durante la inanición
    pueden aparecer trastornos más o menos graves en los órganos más vitales. Uno de
    los síntomas de la inanición es el descenso invariable de la temperatura
    corporal. El descenso brusco de peso durante un ayuno largo, la visión doble, la
    excesiva sensibilidad de los ojos a la luz, y el aumento exagerado de potasio en
    sangre, son síntomas que indican la aparición de la inanición e invariablemente
    señalan la urgente necesidad de cortar el ayuno.

    El ayuno comienza cuando dejamos de comer y termina, sino
    antes, cuando se consumen las reservas del organismo; la inanición, en cambio,
    comienza cuando termina el ayuno y puede acabar con la muerte. El cuerpo se cura
    cuando ayuna, pero enferma y muere en la inanición.

    El ayuno es un tiempo de eliminación o «limpieza» interna. El
    organismo indica que no es momento de introducir comida, sino de eliminar las
    sustancias de desecho y los residuos tóxicos acumulados con el tiempo. Con el
    ayuno hacemos una puesta a punto del organismo o un «cerrado por limpieza e
    inventario» o «cerrado por reparaciones». Las agresiones de la vida moderna son
    de por sí suficientes para producir una intoxicación corporal general, se
    exprese o no con síntomas de enfermedad, que indica la necesidad de un tiempo de
    ayuno y desintoxicación.

    El ayuno no es una técnica nueva. Los niños y los animales
    dejan de comer cuando están enfermos. Guiados por el instinto somático o la
    inteligencia interna el organismo canaliza sus energías hacia la eliminación de
    sustancias de desecho y tóxicas y dejan de comer. En ese momento lo importante
    no es la ingesta de sustancias nutritivas sino la capacidad de desintoxicación,
    autorregulación y autocuración del organismo y por ello desaparecen las ganas de
    comer.

    La curación es un proceso biológico y el ayuno posibilita que
    el cuerpo ponga en marcha todos los procesos de desintoxicación, limpieza y
    regeneración. En este sentido el ayuno en sí realmente no cura. Es el cuerpo el
    que se cura mientras ayunamos. El poder de curación es siempre algo inherente al
    organismo vivo y ningún medicamento o médico puede llevarse los laureles de la
    curación. La curación es una cualidad de todo ser vivo, que mantiene en sí mismo
    una parte de la capacidad curativa y de regeneración de la Naturaleza.

    Cuando una persona ayuna no gasta energía en el proceso de
    digestión y asimilación de nutrientes y las células y órganos del cuerpo
    descansan. Esa energía ahorrada es invertida hacia los procesos de eliminación y
    autocuración. El cuerpo pone en marcha toda su gran capacidad de autorregulación
    y autocuración.

    Durante el ayuno no es momento de comer sino de eliminar,
    renovar y regenerar. Todo ello se hace guiado por la inteligencia somática, esa
    misma inteligencia que hace que nuestro corazón lata, de día y de noche, que
    nuestros riñones filtren la sangre de desechos, o que el hígado tome las
    sustancias necesarias para reconstruir el cuerpo y sus funciones y neutralice
    las sustancias tóxicas ingeridas. Esos mismos órganos, al no tener que trabajar
    en la digestión y asimilación de alimentos, recanalizan su energía hacia los
    procesos de curación. La inteligencia somática modifica el reparto energético en
    el organismo, canalizando la energía hacia las zonas donde la desintoxicación y
    curación son más necesarias.

    Beneficios del ayuno

    Muchos son los beneficios que conseguimos con el ayuno y
    haremos un breve repaso de todos ellos:

    ? Facilita el descanso general y completo de los órganos
    vitales.

    ? Podemos señalar como descanso fisiológico al descanso
    aportado por el ayuno. Todo el cuerpo humano, es decir sus millones y millones
    de células no gastan energía en la digestión y asimilación de los nutrientes
    ingeridos, y esa energía que ahorran la invierten en el proceso de limpieza,
    regeneración y autocuración.

    ? ¿Y cómo se cura el organismo humano con el ayuno? Su
    capacidad de curación es una manifestación de la capacidad curativa de la
    Naturaleza en la que vivimos. La curación no es debida a unos medicamentos, ni a
    los médicos, no viene de fuera sino que surge de dentro. La curación es un
    proceso que podemos despertar en nosotros observando y manteniendo en la vida
    normal los llamados «Factores de Salud»: alimentación sana, ejercicio,
    movimiento, trabajo creativo, respiración profunda y tranquila, contacto con la
    naturaleza, expresión psicoemocional, relaciones humanas auténticas y
    cooperativas (no competitivas), etc. Cuando eliminamos las barreras que ponemos
    a la curación ésta ocurre por sí misma.

    ? Detiene la ingesta de alimentos que se descomponen en el
    intestino e intoxican al cuerpo.

    ? El aparato digestivo se va limpiando con el ayuno. La
    ausencia de comida durante el ayuno facilita la desaparición de alimentos
    descompuestos en el intestino. Cuando los alimentos no se descomponen en el
    conducto digestivo no intoxican al organismo y el cuerpo se va sanando.

    ? Vacía el tubo digestivo y se deshacen de las bacterias de
    putrefacción. Cuando el conducto digestivo se llena de restos de alimentos que
    sufren fermentación y putrefacción, aparecen una gran cantidad de bacterias,
    muchas de ellas perjudiciales para el organismo. El ayuno limpia el tubo
    digestivo de los restos alimenticios y también de los gérmenes posibles que
    pueden perjudicar al aparato digestivo y a todo el organismo. Al desaparecer la
    fermentación y la putrefacción desaparecen las bacterias que se alimentan de los
    alimentos descompuestos.

    ? Las bacterias, habitualmente, son unos organismos
    oportunistas que se alimentan de la descomposición y muerte celular. Si
    eliminamos la fermentación y putrefacción intestinal, se quedarán sin comida y
    desaparecerán. El ayuno evita cualquier infección bacteriana en el intestino. Al
    eliminar los restos de nutrientes mal digeridos y fermentados, deja sin
    «alimento» a millones de bacterias que podrían perjudicar al organismo.

    ? Da a los órganos de eliminación una oportunidad para
    ponerse al día en su trabajo. Favorece la eliminación y desintoxica al
    organismo.

    ? La sobrecarga del organismo ocasionada por muchos años de
    una alimentación y una forma de vida insanas, dificulta la correcta eliminación
    de sustancias tóxicas. El organismo se va saturando poco a poco de sustancias de
    desecho ya que los órganos de eliminación se ven sobresaturados y no cumplen
    adecuadamente su función. Además, cuando nos mantenemos en un estado continuo de
    estrés llegamos al agotamiento orgánico, los órganos de eliminación no pueden
    cumplir su labor por falta de energía y las toxinas se van acumulando en su
    interior, dando lugar a una profunda intoxicación.

    ? Con el ayuno, al estar la energía del cuerpo centrada no en
    la vida exterior, sino en la limpieza y autorregulación interior, el cuerpo se
    pone al día en la eliminación de desechos y tóxicos y se produce una gran
    desintoxicación ya que los órganos de eliminación tienen toda la energía a su
    disposición. Esto abre las vías hacia la curación.

    ? Restablece la bioquímica y la fisiología normal y sana.

    ? Mediante el ayuno el organismo restablece la bioquímica y
    fisiología que le lleva hacia un proceso dinámico de curación. La salud no es
    una situación rígida y estable, sino, más bien, un proceso dinámico y lábil, un
    equilibrio que se renueva constantemente.

    ? La renovación del cuerpo se ve ampliamente favorecida por
    el ayuno. El organismo instala el cartel de «cerrado por reparaciones» y pone en
    marcha todos los mecanismos de autorrecuperación y mejoramiento.

    ? Favorece la desintegración y absorción de pus y flemas,
    derrames, depósitos, tejidos «enfermos» y tumoraciones.

    ? Mediante el proceso de ayuno el cuerpo elimina todo lo que
    no sea vital para su correcto funcionamiento. Produce verdaderamente una
    autodigestión o autolisis de todas aquellas sustancias perjudiciales que se
    almacenan y reproducen en su interior.

    ? El cuerpo sacrifica lo menos vivo y mantiene con mucho mimo
    lo órganos más vitales. Se produce una lisis o destrucción de los tejidos
    malsanos: tejidos con pus, flemas, fístulas, abscesos, tumores, debido a que no
    son vitales y necesarios.

    ? Rejuvenece las células, tejidos y órganos del cuerpo.

    ? Con el descanso, y no olvidemos que el ayuno es una forma
    de reposo fisiológico, el cuerpo se recupera y se cura a sí mismo.

    ? Durante el ayuno las células, los tejidos y los órganos
    viven un verdadero rejuvenecimiento. Rejuvenecimiento que incluso se traslada a
    un rejuvenecimiento exterior y la persona da la imagen de ser más joven.

    ? Permite la conservación y recanalización de la energía
    vital.

    El descanso fisiológico favorecido por el ayuno, facilita la
    recuperación de la energía y la recanalización de la misma a través del «cuerpo
    energético». El cuerpo energético es el sistema de energías del cuerpo que
    mantiene los átomos, las moléculas, las células, los tejidos y los órganos del
    cuerpo unidos y en buena y fluida comunicación. Este cuerpo energético tiene sus
    centros y canales de energía propios, los orientales los conocen muy bien con la
    denominación de chakras y meridianos.

    Una de las causas que obstaculizan la libre circulación de la
    energía por el cuerpo son los bloqueos y barreras musculares originadas por
    tensiones emocionales y psicológicas. Durante el ayuno el cuerpo elimina estas
    barreras. De hecho, una de las características propias del ayuno es que
    disminuye o prácticamente elimina las tensiones musculares. De esa manera la
    energía fluye sin trabas y la persona recupera su energía vital, la energía que
    mantiene la vida.

    ? Incrementa la capacidad digestiva y de asimilación de
    nutrientes, tanto en el aparato digestivo como en cada una de las células del
    organismo.

    ? El descanso digestivo que ofrece el ayuno favorece la
    recuperación del aparato digestivo, tanto en su conducto como en las glándulas
    adyacentes: el hígado, el páncreas y el bazo. Estos órganos están encargados de
    transformar las corrientes nutritivas que le llegan desde el tubo digestivo,
    transformando las sustancias según las necesidades de todo el organismo. Al
    permitir este descanso se aumentará la capacidad digestiva y de asimilación de
    los nutrientes ingeridos.

    ? Cambia el estado mental favoreciendo una expansión de la
    consciencia.

    Todas las antiguas culturas de la humanidad, tanto de
    Occidente como de Oriente, han utilizado el ayuno como el mejor y el más sano de
    los métodos para la expansión de la consciencia. El ayuno es un tiempo para
    interiorizar, un momento para estar hacia dentro. Muchos de los grandes místicos
    de la humanidad eran partidarios y conocedores de los grandes beneficios del
    ayuno a nivel de la consciencia.

    Por el contrario, una comilona pesada, un banquete de boda
    regada con alcohol y licores (mal llamados bebidas espirituosas) embota la
    consciencia y da sueño, te lleva a la inconsciencia, al limbo.

    El ayuno también mejora la percepción por los sentidos.
    Durante el ayuno hay una amplia renovación de los órganos de los sentidos.
    Muchos ayunantes señalan la mejoría de su capacidad de ver, escuchar, oler y
    gustar. El ayuno despierta la sensibilidad, los sentidos, la percepción del
    mundo y favorece el despertar de la consciencia. Aumenta con el ayuno la
    capacidad de captar el gusto natural a los alimentos sanos. El sabor de las
    primeras frutas en la realimentación es difícil de olvidar.

    Finalmente hay que señalar que otro de los resultados de
    ayunar es que permite un descenso del peso, lo que de por sí es de gran ayuda en
    muchas enfermedades. El descenso de peso puede ser necesario y totalmente
    recomendable en enfermedades tan diferentes como son: la obesidad, diabetes,
    artrosis, artritis, hipertensión, problemas de la columna vertebral, trastornos
    cardiacos y respiratorios, etc.

    Hemos visto de forma resumida las más importantes ventajas de
    hacer un ayuno, como principal herramienta para mantener y recuperar la salud. Y
    siempre recomendamos el control y los consejos de un médico especialista.