Muchos impactos de la vida nos llegan desde movimientos físicos o visuales. Lo cierto es que suelen ir acompañados de expresiones verbales que calan muy hondo en la persona.
Aquello que escuchamos, con cargas de violencia, desprecio, maltrato, engaño o imposición (hay otras variantes, por supuesto) forma parte activa del acontecimiento que distorsiona nuestro “estar en mí”. Se genera una impresión en nuestra sensibilidad y se trata de una huella que guardamos en zonas de nuestra psique.
Cuando hablamos de este tipo de impactos, el mecanismo más físico suele ser el de “salirse del cuerpo”, realizar un desdoblamiento inconsciente, como para generar un movimiento de autoprotección y supervivencia. En el exterior suele dar la impresión de desmayo, mareos, desubicación, etc.
Nuestro cuerpo energético se desplaza del cuerpo físico y pensamos: “he perdido mi eje” o bien “no sé ni dónde estoy”.
Se trata de una impresión energética que modifica las sensaciones espacio-tiempo de la persona. Además de la primera solución inmediata, en el momento del suceso, es necesario poder resolver lo que se queda guardado en lo que llamamos memoria. En la primera emergencia, puede llegar alguna persona que se acerca como “rescate”. Y es a través de la palabra, de la intención, de la empatía como se puede dar la reintegración del cuerpo energético con el cuerpo físico en el trance que ha sobrevenido.
Lo que consideramos una agresión o un ataque frontal, directo hacia la propia persona, tiene otras variantes, que pueden tener lugar también a través de la palabra. Por ejemplo: frases con doble sentido, ocultaciones, expresiones contrarias a la realidad que nos crean confusión, etc., el exceso de mando, el uso del poder que amedrenta o hace temblar al subordinado, al familiar, al compañero, son acontecimientos que también producen una repercusión íntima que se guarda muy adentro, que queda grabada profundamente.
Lo cierto es que el dolor y el sufrimiento que se ha generado con estas circunstancias, se agranda si no tenemos ocasión de expresar nuestros sentimientos al respecto, comprender la situación y tomar la acción o actitud que consideremos adecuada para recuperar esa paz interior tan buscada y siempre necesaria. Se trata de un proceso terapéutico y sanador, que es capaz de “auparnos” a un nivel energético de recuperación personal.
Con el paso del tiempo, en muchas ocasiones, si se da la circunstancia de poder hablar y comentarlo, si nos planteamos la resolución de lo vivido, empezamos a darnos cuenta de su importancia y su repercusión en nuestro momento actual. Empieza a aflorar desde esos lugares interiores que “custodia” nuestro espacio del inconsciente, formando parte de nuestro mundo psíquico.
Por lo general, el sentimiento de vergüenza crea una barrera que nos impide compartir esas emociones. Cuando hablamos de terapia, terapia sanadora, sanación evolutiva, partimos de la premisa de poder encontrar un espacio sin juicio, que vibre alto, para poder ser escuchados. El terapeuta o sanador se convierte así en un intermediario entre el propio conocimiento de la persona y la memoria guardada, que vibra en un oleaje especial y denso, con una amalgama de sentires, recuerdos e impresiones de gran carga emocional.
Las impresiones energéticas de los impactos físicos, emocionales, de confrontación o sometimiento, por poner un ejemplo, se guardan en la psique, que yo considero como una interfaz energética entre el espacio psicológico y la propia conciencia. Precisamente, es el impulso de la conciencia el que nos mueve a buscar una comprensión, un alivio, un enfoque adecuado, y si es posible, una resolución acerca de lo vivido.
Se ha descubierto que existen en el cerebro unos espacios denominados “vóxeles”. Se trata de unas ventanas temporales que guardan ciertas memorias, según la intensidad de los impactos recibidos. Las que no podemos resolver o las que van más allá de las cosas que no tienen importancia, en el día a día, parecen llegar a la ventana de mayor profundidad. Tenemos a nuestra disposición, durante el tiempo de descanso nocturno, un reseteado general de las situaciones que no tienen mayor importancia o valor y que podemos desechar. Por lo tanto, lo que se guardan en estos vóxeles tienen otra naturaleza energética, con recuerdos o impresiones de mayor intensidad.
Así pues, si podemos detectar el nivel de impacto de la situación, podemos situar la información en una de estas tres ventanas y la energía del impacto.
Podemos entender que, dependiendo del grado que se ha registrado, lo que se guardaría en la primera ventana serían los impactos más suaves –por decirlo así–, en la zona intermedia los de cierta importancia y en la tercera ventana los de una profundidad especial.
Curiosamente, desde hace mucho tiempo se sabe que para cambiar un hábito, una idea o empezar la resolución de un tema, se necesitan unos veintiún días para modificar una actuación o una práctica. Los cambios necesitan de enfoque y entrenamiento. Aplicamos esto para las situaciones que se puedan encontrar en esa primera ventana, en ese primer vóxel. Lo cierto es que es un método que utilizamos con frecuencia: empleamos este lapso temporal de veintiún días para realizar esa renovación, un cambio, consolidar una idea, una actitud nueva, un movimiento vital que consideramos adecuado poner en marcha para iniciar una nueva etapa. Ahora tenemos más información, sabemos que estos impactos se localizan en un área concreta de nuestro cerebro, conectado con nuestra psique.
En la ventana número dos se guardarían las experiencias de mayor impacto, o las que se han guardado desde hace un cierto tiempo. En el paralelismo que estamos haciendo con lo que promovemos de manera tradicional, vemos que el periodo de noventa días es muy bueno para realizar ese cambio con mayor profundidad.
La tercera ventana estaría custodiando aquellos impactos o experiencias traumáticas de mayor gravedad, de mayor calado en nuestra biografía. Se trata de esas marcas que necesitan de un mayor cuidado emocional, de mucho amor a uno mismo y de una buena orientación terapéutica, para traspasarlo y salir a una escalada de vida nueva. Aquí podemos incluir las experiencias de la infancia, experiencias incluso del periodo de embarazo, por ejemplo. Avanzando en este análisis, podemos tener en cuenta aquí la resonancia de sucesos que tengan que ver con tramos de existencia anteriores a la biografía presente. Se trata de ciertas experiencias de otros tramos de existencia, que parecen “aflorar” por paralelismo o como referencia de memorias guardadas por nuestra conciencia. Memorias que necesitan salir a la luz y su resolución definitiva.
La voz, interfase de la memoria guardada
Las primeras creencias que somos capaces de elaborar en la infancia, en el contexto familiar y sus opiniones, organizan los primeros estratos de nuestra propia forma de pensar sobre la sociedad, la religión, la política, la vida y la muerte, etc., todo llega a través de la palabra y el lenguaje.
Nos vemos inmersos en este caldo de cultivo vibracional que configura el primer entrenamiento de la persona, escuchando, aceptando en principio toda esta información que se le brinda desde fuera. Enseguida aparece la sana rebeldía, la necesidad de autoafirmación expresando ideas propias o bien intentando una manifestación personal como una pauta de aceptación que nos condiciona durante bastante tiempo. El extremo contrario de la rebeldía que expresamos con la fuerza de la voz, puede definirse con esa sumisión que no nos permite pensar por uno mismo. Y menos expresar nuestras verdaderas ideas, aunque en esta etapa, podríamos considerarlas como “temporales”, ya que son un tránsito hacia la madurez específica de cada ser humano.
La voz y las palabras, las secuencias de pensamiento expresadas a través de la sonoridad de la voz, son de gran importancia en la persona, en todas las etapas de la vida.
Podemos decir que es a través de la construcción del lenguaje y los conceptos que transportan nuestras palabras, es donde vamos creando nuestro mundo de creencias, definiendo la actitud vital, y la propia maduración que realizamos al atravesar cada etapa de la vida.
La voz tiene un gran impacto en el mundo psíquico de la persona
Aprendemos por repetición, por imantación de ejemplos que tenemos de los adultos, y sobre todo por la capacidad de integrar o no los conceptos que se nos ofrecen a través de la voz y el lenguaje. Estamos decidiendo constantemente cómo posicionarnos ante la vida y cómo definir lo que sentimos.
En el momento de nuestra vida en que nos encontramos ahora, vamos a tener en cuenta toda esta información, para:
- Distinguir aquellos sucesos guardados que necesitan ese “viaje psíquico en profundidad”
- Comprender cómo es mi sensibilidad y qué tipo de impactos inciden –o bien incidieron, y quiero ir resolviendo– en el magma energético de mi mundo psíquico.
- Encauzar o reestructurar la ruta de mi posición vital, en progreso continuo.
- Tener siempre el buen norte de mi vida.
La propuesta es observar dónde afloran los impactos guardados, en este momento, en el que me encuentro, en mi presente. Esto puede ser de gran ayuda para descargar áreas inconscientes y avanzar. Y vamos a utilizar la narración de estos acontecimientos, a través de la voz, para identificar esas áreas. Escucharnos a nosotros mismos, ante seres queridos y sobre todo, en ámbitos terapéuticos, supone una especie de “volcado” de contenidos, exactamente igual que hacemos con nuestros dispositivos electrónicos.
Es el Doctor Alfred Tomatis el que habla de una afectación en la zona de la escucha en la persona. Este doctor, especialista en fonoaudiología, comenta su experiencia con personas que presentan ciertas anomalías en su expresión vocal. Es el primer experto que relaciona la afectación de ciertos impactos emocionales de la infancia, con una dificultad en la emisión de algunos sonidos. Lo curioso es que lo localiza en un tramo de la escucha. Desarrollando este concepto, vemos la importancia que tiene toda la información que recogemos. Es decir, que el mecanismo físico de la escucha, también se ve afectado por ciertas situaciones guardadas y no resueltas.
Sembrar, nutrir y hacer crecer las vibraciones internas que las palabras importantes, las secuencias sonoras que llegan nuevas, válidas y de mayor calidad, son pautas cercanas que podemos implementar en la orientación de nuestra vida.
El hecho de escuchar en voz alta nuestras propias ideas, ver la vinculación correcta entre lo que pensamos sentimos y actuamos, es cada vez de mayor importancia. Porque ayuda a elevar la vibración global de nuestra persona como conciencia encarnada.
Ir conociendo el panorama inconsciente de los sucesos que han sido traumáticos en mi vida y enfocar la nueva actitud de querer resolverlo, supone una mayor claridad de conexión con uno mismo. Despejando estas áreas de los “mensajes distorsionados de nuestra memoria”, encontramos una vinculación mayor, más limpia y más libre entre nuestra expresión verbal y mi mundo más íntimo: la psique.
El lenguaje de alto valor, la verdad de mis palabras, la esencia auténtica de lo que vino en mi lenguaje es el mejor desarrollo de mi mundo psíquico.
Tenemos noticia de estas ventanas temporales llamadas “vóxeles”. Conocemos la importancia de realizar este aspecto terapéutico, donde la voz y la escucha tienen un valor predominante.
La vibración del sonido a través de la palabra, el lenguaje, el canto y la música son los componentes vibracionales que funcionan como interfase energética muy cercana a mi propia conciencia.
Lo más auténtico se irradia al escalar vibracionalmente de esta manera, porque genera mi nueva perspectiva vital y al mismo tiempo, empiezo a vivir en un mundo más genuino, más legítimo, al conocer mejor a mi propio ser. Es una libertad conquistada con mucho amor hacia mí mismo.
El resultado siempre va a conseguir un mayor alcance expresivo por una parte, y una mayor serenidad de contacto con uno mismo, porque “siento lo que digo” y “me expreso en lo mejor de mi ser verdadero”.
El efecto positivo de mi propia voz sobre mi mundo psíquico, es la herramienta que está en la vanguardia de mi proceso evolutivo.
Macarena Miletich
Terapeuta Evolución Consciente. Especialista en Técnicas Vocales, Comunicación y Oratoria Contemporánea. Autora del libro THE LIVING VOICE. LA VOZ VIVIENTE (Natural Ediciones, 2019).
























































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