Aparentemente, los vínculos parecen invisibles y misteriosos. En ocasiones, somos algo más conscientes de cómo se generan estas líneas de empatía con otra persona. Y a lo largo de las etapas, vamos notificando cómo algunos de esos vínculos terminan, se alejan o desaparecen con naturalidad. Otras veces, parecen tener una vida infinita.
Algunas de las definiciones sobre el vínculo: “unión o atadura de una persona o cosa con otra”. Las categorías que establecemos en el vínculo hacen relación al área de la afectividad en las relaciones con la familia, la pareja y los amigos.
En la infancia es algo fundamental, porque necesitamos recibir todo un apoyo afectivo para poder crecer. Según se desarrolla nuestra vida, también es importante que se generen este tipo de vínculos positivos, que suelen ir modificándose según nuestras preferencias, la forma de pensar, y el medio ambiente en el que vamos decidiendo vivir y actuar.
Encontramos en el área de lo social ciertas conexiones de afinidad o cariño entre personas que compartimos en el ámbito profesional, en una comunidad o en un grupo deportivo (artístico, de ocio, etc.). También podemos incluir aquí los vínculos materiales que hacen referencia a determinadas uniones por contratos mercantiles, herencias, acuerdos políticos, etc. A mí me gustaría expresarlo así:
Vínculo: “espacio virtual de interacción donde confluyen energías compatibles y sincronizadas, por una equidistancia vibracional”.
Su esencia: “emanación sutil entre personas a través de su afinidad de vibraciones”.
En este contexto, la voz aporta la expresión material del enlace recíproco, gracias a las manifestaciones sonoras que expresan, complementan y enriquecen la interacción entre las personas vinculadas.
La voz muestra en conversación, en diálogos, en complicidades y en silencios conectados la calidad del vínculo. Describe la aureola del espacio que se comparte y expande la comunicación, por la propia teoría física de los «vasos comunicantes».
Cada experiencia positiva, cada tiempo compartido con esa persona con la que tenemos ese fluido energético que llamamos vínculo, es importante y moldea de presente a futuro la categoría y la importancia que podemos dar a esa relación, a ese vínculo.
¿Qué situaciones solapan o me impiden cultivar vínculos sanos y especiales? Algunos factores tienen su influencia. Por ejemplo, cual es mi posición en la familia o cómo es mi auto exigencia para “dar la talla”. Puede haber sentimientos de culpa o sucesos traumáticos que crean una coraza a mi alrededor.
Hacerse “pequeñito”, anteponiendo los merecimientos de otras personas, no consolidar mi espacio personal, etc.
Querer agradar, por ejemplo, sentirse en la obligación de no estar en la verdad personal para contentar a la otra persona, supone una desconexión con el propio ser. Sentir miedo ante cierta autoridad mal ejercitada, sentirnos vulnerables y con miedo, por ejemplo, es motivo que puede generar una gran tensión interior, en ese punto si cedemos esto también afecta a la calidad de nuestra voz.
Por supuesto que nos podemos acostumbrar a un modelo vocal que estamos escuchando constantemente y dejar de estar en conexión con nosotros, por supuesto que sí. Considero que la energía sonora de la voz humana es un factor fundamental a la hora de iniciar, establecer y afianzar esos hilos invisibles que hacen que uno tenga la seguridad de “estar bien” en una relación determinada.
La pauta más íntima de todo esto es que si yo no respeto mi propio pensamiento y mi forma de sentir, no voy a poder ofrecerlo tampoco en una relación que me gustaría que avanzara hacia un vínculo especial.
La energía vocal se queda en una fachada, mermada y nos quedamos parapetados detrás de una construcción sonora que es, digamos externa, estándar, adaptativa, etc.
Y la energía de la realidad se va configurando en relación con esa morfología impostada que yo vivo dentro de esa fachada.
La voz es un factor primordial para empezar a establecer este tipo de relaciones entre los seres humanos
Vibrar en autenticidad y manifestarlo a través de mi caudal sonoro y mi lenguaje, es lo que me va a permitir siempre engarzar los mejores vínculos con otras personas.
La voz materializa el vínculo
Es posible constatar que, a través de la historia, tanto los acuerdos generacionales (continuidad de un legado familiar, por ejemplo), compromisos parentales exigidos a los hijos, experiencias iniciales en el camino profesional, entrán dentro de las prácticas habituales y asumidas de las sociedades “tradicionales”, por así expresarlo. En otro orden de cosas, históricamente también, los gestos ritualísticos como proclamas, promesas o juramentos, realizados entre personas para crear “lazos de sangre”, han podido generar un vínculo que ata y somete a un cumplimiento de acción y fidelidad, por lo general, en un ámbito de oscuridad o con objetivos ciertamente sombríos. Es lo que llamamos «grupos esotéricos» o sociedades secretas», “grupos de poder”, por poner un ejemplo.
Esto representaría el aspecto negativo de los vínculos. Y lo cierto es que la energía que se mueve, desde estas premisas de “fidelidad” y “contratos”, genera una especie de “clima secreto” que obliga a que consumar lo pactado, sobre todo, por miedo y por las consecuencias que puedan acarrear el no cumplimiento de lo convenido en ese compromiso.
De manera inconsciente, también realizamos ciertos vínculos, bien por temor a la autoridad familiar, bien para sentirse “incluidos” en la forma de hacer de ese contexto, ya sea familiar o grupal, o bien por aceptación de ciertas normas sin un razonamiento previo.
La vinculación positiva y amorosa
En contrapartida, el impulso positivo que se percibe en una vinculación amorosa y abierta ofrece y presenta plena libertad en las personas involucradas, dado el carácter beneficioso de los buenos sentimientos y de las emociones superiores que embargan a ambos (o al grupo). Siempre generan expansión, alegría, cordialidad. Y la comunicación verbal permite subidas de nivel vibracional, según se estrecha la complicidad que une a las personas involucradas.
La voz en su calidad y en su intención, es capaz de estrechar el sentimiento de las personas que comparten ese vínculo, y ensanchar la expansión de lo compartido
Las grandes amistades, los vínculos especiales, se forjan gracias a este fluido, a esta conexión, porque se crea un entorno entre las personas muy especial. A pesar de las diferencias de carácter, se conoce a la otra persona y se mantiene un acuerdo tácito, una aceptación de que ese espacio afectivo compartido y el respeto mutuo es muy valioso. Esto es de un mérito incalculable, tiene mucho valor porque nos enriquece y “nos completa en humanidad”.
Las chispas luminosas, reales, del contexto energético creado por el vínculo, suponen siempre un acercamiento, una alegría muy sonora en lo que se comparte como conversación, risas, tiempo de valor, y en ese ambiente seguro en donde cada uno puede expresarse tal y como es, sin juicios –por una parte– y sin necesidad de frases hechas en lo que llamamos normalmente «estar hablando en la fachada».
La voz transmite entre estas personas que desean sentirse vinculadas, la vibración más auténtica, la expresividad más natural, el perfil propio que genera esa confianza de estar en un núcleo valioso de amistad y de respeto
Entonces, ¿quedarse por inercia en relaciones tóxicas o identificar la energía positiva de vínculos interesantes?
La mejor forma para poder identificar los vínculos tóxicos, las relaciones que no son respetuosas hacia nosotros, tiene que ver con esa conectividad interna con mi propio ser.
¿Puedo acostumbrarme a decir lo socialmente correcto o, que está ya separado de mi forma de pensar, de sentir, de mis objetivos, e incluso de mi ética?
Tratar educadamente, la cortesía, la amabilidad, la empatía, la solidaridad, la generosidad, etc., son grados o escalones que podemos vivir en la forma de relacionarnos socialmente. Pero cuando se puede establecer esa corriente energética entre dos personas, por ejemplo, sabemos que estamos creando algo que tiene una estructura vibracional de mayor calado.
Es una forma de expresar la energía de amar en un contexto amistoso que puede llegar al infinito.
Este trabajo es muy sutil, tiene que ver con el respeto hacia mí mismo con el ir cogiendo seguridad con el sentirme bien y a gusto con mi propia forma de ser, que siempre está en «el entrenamiento de ser mi mejor yo».
La voz vincula profundamente
La importancia de la voz y los vínculos se podría experimentar como un contexto de enlace energético especial. Según comentamos, las categorías de los vínculos entre personas pueden alcanzar niveles muy profundos, ya que no solamente pueden darse por una filiación genética o familiar, bien por amistad, bien por compañerismo en ámbitos del colegio o la Universidad por poner un ejemplo, sino que también se dan en ámbitos comerciales, deportivos, filosóficos, por razones religiosas, según hemos comentado. Pero hay mucho más, bien podemos decir que recordamos la voz de las personas queridas. Por ejemplo, la de los abuelos, padrinos, profesores, aquellos seres maravillosos que se ocuparon de nosotros en la infancia, que jugaron con nosotros, que respetaron nuestra idiosincrasia y nos ofrecieron la puerta para empezar a jugar y empezar a pensar.
Vivir vínculos auténticos es una expresión de verdadera libertad
El entrenamiento continuo es la mejor garantía para que seamos capaces de percibir y hacer crecer los mejores vínculos en esas relaciones establecidas.
Nuestra conciencia es capaz de registrar todo ese caudal de afectividad recibida en el vínculo. Y en ocasiones esa capacidad de sentir una empatía especial por alguien que no conocemos, surge cuando podemos decir: «es que parece que te conozco desde siempre, de toda la vida».
Sabemos que lo que rompe una relación, lo que “se rompe”, en el fondo acaba convirtiéndose en una destrucción. Algo parecido a la desolación de un paisaje devastado. Sin embargo, lo que construye una efectividad positiva, con energía de amar, lo que significa una amistad profunda, tiene una vida que va hacia lo infinito.
Sabemos que nada se pierde en el universo así que todo lo que significa una intensidad en una afectividad en ese vínculo especial, supone algo así como un brillo especial en un firmamento invisible. Parece que el cielo se llenara de chispas de nuestra estrella personal y siguiera emitiendo la calidad de energía que ese vínculo a significado para nosotros.
Es como si el vínculo creara un tipo de onda especial, ya invisible, que tiene una vida propia en medio de las dimensiones. Por eso hablamos de “amistades eternas”
La voz refleja nuestra forma de vibrar
Nuestra voz refleja cómo vibramos, lo que nos mueve, lo que nos alegra, lo que nos impulsa hacia adelante y nuestras preferencias. Refleja la síntesis de lo que somos en realidad, expresa una totalidad esencial, todo aquello que nos diferencia a los unos de los otros.
¡La voz, tan importante! Si respiramos hacia adentro estas palabras, para poder sentir como es esa calidad energética que queremos en los vínculos afectivos que establecemos con esas personas especiales, vamos a darle muchísima más importancia al aspecto energético de la forma de relacionarnos con los demás.
El resultado será siempre una alegría inmensa en cada encuentro o reencuentro con esa persona especial. El vínculo trae nuevas y mejores experiencias que se manifiestan en la energía sonora como en ese torrente de felicidad y de armonía que se gesta en la comunicación entre ambos.
Más allá de la postura social o de una cierta empatía –consensuada en la convivencia–, la voz nos permite expresar la calidad del vínculo que vivimos como algo especial, con una energía que nos inunda de la misma forma que lo hace una puesta de sol que admiramos en el horizonte.
Realmente, la voz en la vida del vínculo así conquistada, es plena felicidad, excelencia y perfección expresiva, que vibrará para siempre.
Macarena Miletich
Terapeuta Evolución Consciente. Especialista en Técnicas Vocales, Comunicación y Oratoria Contemporánea. Autora del libro THE LIVING VOICE. LA VOZ VIVIENTE (Natural Ediciones, 2019).
























































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