El agua de mar y el equilibrio orgánico

    1582

    Hijo de un médico, René Quinton nació en Chaumes-en-Brie, (Francia) en 1866. A pesar de no haber recibido formación científica particular, su extraordinario talento y su interés por el conocimiento le llevaron a realizar múltiples investigaciones, hasta completar una de las carreras más peculiares y geniales de la historia de las ciencias.

    Filósofo, héroe militar, mecenas, pionero de la aviación, biólogo y fisiólogo, René Quinton fue uno de los personajes más notables de su época. Reconocida su labor en el mundo entero, la Académie des Sciences francesa no dudó en afirmar que, «después de Darwin, nadie sino Quinton había hecho aportes tan relevantes en el campo de la biología».

    Con poco más de 30 años, Quinton formuló su teoría que, sin negar la evolución, afirmaba que la vida animal aparecida en el mar ?pese a las variaciones a lo largo del tiempo? tendía a mantener sus condiciones originales. Es decir, que las formas anatómicas evolucionaban para ayudar a mantener la temperatura y la concentración salina del medio marino original.

    Partiendo de esta premisa, dedujo que el ser vivo seguía siendo un verdadero «acuario marino», cuyas células continuaban viviendo en las mismas condiciones acuáticas en las que vivía la célula primitiva. La enfermedad aparecería, por tanto, cuando se produjera una alteración de este medio.

    La solución terapéutica pasaría por la reconstrucción de la célula dañada, para lo que el uso del agua de mar resultaría idóneo, ya que se trataba de un medio vital cuya mineralización seguía siendo idéntica a nuestro medio interno.

    El agua de mar como fuente de vida

    Desde los primeros estudios realizados, se comprobó que el Agua de Mar contenía una buena parte de los elementos de la Tabla Periódica de Mendeleiev. Los estudios más recientes, han evidenciado que la composición cualitativa del TOTUM ionomineral del Agua de Mar natural cuenta con 78 elementos biodisponibles de los clasificados en la Tabla Periódica.

    No solamente esto, sino que en 1950 el profesor Henry Doffin ?catedrático de Biología de la Facultad de Ciencia de Poitiers, Francia? descubrió que, además, estos elementos estaban disponibles en la misma proporción que nuestro medio interno, compuesto por distintos fluidos orgánicos como el líquido extracelular, el plasma sanguíneo, las lágrimas o el líquido cefalorraquídeo.

    Sin embargo, el procedimiento no es tan sencillo. Por una parte, aunque la formulación mineral de los líquidos de nuestro organismo es idéntica a la del Agua de Mar, la concentración de sales minerales es diferente. Mientras que cada litro de Agua de Mar contiene una media de 33 mg, nuestro organismo sólo contiene 9 mg por lo que, para que sean exactas ?isotonía?, es necesario bajar la concentración mezclándola con agua de manantial de baja mineralización.

    Por otro lado, no basta con que los elementos estén presentes sino que, para que podamos asimilarlos y que nos sean útiles, deben ser elementos orgánicos. Para conseguirlo, es necesario que estos minerales sean «transformados» por organismos vivos. Si bien contamos con una flora intestinal que es capaz de realizar esta transformación, también es cierto que muchos factores externos derivados de nuestra forma de vida, hacen que cada vez tengamos más carencias de la misma. Por este motivo, poder aprovechar el «trabajo» que hacen el zooplacton y los micro organismos marinos, es un lujo para los seres humanos.

    El fitoplancton forma grandes concentraciones en el mar llamadas Eddies, situadas en los lugares donde se localizan los Vortex o torbellinos marinos. Estas zonas son privilegiadas, ya que cuentan con una riqueza de elementos biodisponibles altamente estables en su composición mineral. Una bomba de extracción, colocada justo por debajo de la capa fitoplactónica (aproximadamente unos 30 metros de profundidad), consigue que el agua que se obtiene sea de la más alta calidad.

    Las investigaciones de René Quinton dejaron patentes varias premisas: en primer lugar, el Agua de Mar no podía ser recogido de forma arbitraria; en segundo lugar, el Plasma Marino era clínicamente superior al Agua de Mar; y en tercer lugar, el Plasma Marino debía conservarse «vivo» en Agua de Mar, que era la base en la que se disolvía.

    Si se procediera a desecar este Plasma, sería imposible reconstruirlo de nuevo con las mismas características y perdería, irreversiblemente, sus cualidades terapéuticas. Así pues, el Agua de Mar sólo es beneficiosa en su estado vivo.

    El océano interno

    Si pensamos que, antes de que se forme el tubo neural de un embrión, es el líquido amniótico quien regula y controla la formación del sistema nervioso y de los diferentes órganos, podemos afirmar que es nuestro «océano interno» el que dirige la propia gestación evolutiva individual. A partir del nacimiento, será nuestro océano interno el que nutrirá a cada una de los billones de células que albergamos.

    Según los estudios realizados en 1994 por el Dr. Pischinger ?Catedrático de Histología y Embriología de la Universidad de Viena?, las células no están en contacto directo unas con otras, sino que la información intercelular (estímulos nerviosos, metabólicos, inmunológicos, vasculares, etc.) se realiza a través del líquido extracelular.

    Si atendemos a la afirmación de Pischinger de que «el Agua de Mar primitiva es el sistema más antiguo de comunicación entre células vivas», podremos afirmar que la cantidad de minerales y agua del líquido extracelular, determinarán la calidad de la comunicación entre las células.

    En 1904 Quinton publicó su libro «L?Eau de Mer, milieu organique» («El Agua de Mar, medio orgánico»), donde quedaron demostradas científicamente las virtudes terapéuticas del Agua de Mar. Un siglo después de aquellos primeros experimentos realizados con éxito, estos descubrimientos vienen a refrendar las afirmaciones de aquel equipo de científicos.

    Nuevas investigaciones, nuevas aplicaciones

    Desde los primeros experimentos realizados con éxito ?Collège de France, 1897?, el denominado Plasma de Quintón (Agua de Mar Isotónica) no sólo ha sido utilizado como un medio para equilibrar el organismo, tanto de forma preventiva como terapéutica, sino que sus especiales características también se han considerado óptimas para mantener con vida los glóbulos blancos, algo muy difícil en medios artificiales.

    El Profesor José Miguel Sempere ?Profesor de Biotecnología de la Universidad de Alicante?, que lleva varios años realizando estudios sobre las aplicaciones del Agua de Mar en la conservación de las células, en unas recientes declaraciones no dudó en mostrar su convencimiento de que «en la solución Quinton Isotonic, los glóbulos blancos se mantienen en estado óptimo más allá de las 96 horas medidas hasta ahora».

    No conservar un medio interno (terreno biológico) en estado óptimo, puede ser el origen de innumerables patologías. Para mantener la salud del cuerpo, será necesario que nuestra homeostasis también se mantenga constante. Un terreno orgánico sano es la clave de la salud y la belleza, mientras que si nuestro medio interno está degradado, las enfermedades encontrarán un buen campo dónde desarrollarse.

    Por lo tanto, si conseguimos mantener el Medio Interno equilibrado, este bienestar interior también se reflejará en el exterior de nuestro organismo, lo que nos ayudará a mantenernos jóvenes y saludables. El Agua de Mar, tratado según el protocolo original de René Quinton, ayuda de forma directa o indirecta a restablecer la integridad de nuestro océano interno.

    En la última década, universidades, médicos, científicos e investigadores han realizado diversos estudios que arrojan resultados muy satisfactorios a cerca del consumo de Agua de Mar para la prevención y tratamiento de muchas patologías. Estos estudios también recomiendan su consumo como complemento alimenticio y como aporte mineral extraordinario, en la realización de grandes esfuerzos o en la práctica de deportes con notable desgaste físico.

    Además de contener los minerales necesarios para el buen funcionamiento de las células, y contar con la biodisponibilidad iónica de estos elementos, el Agua de Mar no precisa de una digestión activa como requisito para que sean asimilados, ya que este paso ha sido previamente realizado por el zooplacton. Por lo tanto, se consigue reponer cualquier carencia de minerales sin obligar a que el intestino, hígado y riñones realicen una labor extraordinaria, para eliminar los elementos no asimilados.

    Así, una vez que se conoce la raíz del problema, el especialista podrá tratar el desequilibrio usando terapias específicas, que se combinarán con productos nutricionales y bioenergéticos, consiguiendo una salud interior óptima que se reflejará en nuestro aspecto exterior.

    Un excelente colaborador

    Aunque ha quedado científicamente demostrado que el Agua de Mar es un excelente producto para equilibrar el organismo, regenerando las células y devolviéndolas su vitalidad, estos tratamientos no pretenden «curar» enfermedades, pero sí restablecer las condiciones de homeostasis necesarias para que nuestro organismo reaccione adecuadamente y pueda superar las patologías que le afecten hoy o en el futuro.

    Dermatología, gastroenterología, ginecología y obstetricia, pediatría, perinatalidad, geriatría, urología, endocrinología, inmunología, neurología, sistema músculo-esquelético, infecciones, nutrición, medicina deportiva, odontología, oftalmología y fisioterapia respiratoria son aquellos campos de la medicina en los que, el uso del Agua de Mar, se ha mostrado como un excelente aliado para mantener nuestro organismo en un estado saludable y equilibrado, tanto con carácter preventivo como terapéutico.