Transgénicos: con la comida no se juega

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    Los alimentos transgénicos, deparan demasiados interrogantes entre la sociedad y sus organizaciones, a pesar de la somnífera versión oficial de multinacionales y políticos ¿Tenemos garantizada nuestra seguridad alimenticia? ¿Se aplica el principio de precaución? Yo creo que no. Pasen y vean.

    Primero: Existe un desconocimiento preocupante acerca de los genes. Por este motivo, recientes estudios advierten ya de ?inactividad?, ?inestabilidad?, ?alteraciones imprevistas? e ?integración al azar?, de la secuencia transgénica en el ser vivo receptor. El resultado puede ser un organismo ?deformado? y/o alterado en su funcionamiento y comportamiento. Las consecuencias podrán ser más o menos graves, dependiendo del gen o genes afectados y de su manifestación posterior.

    Segundo: No existe voluntad política ni corporativa en realizar estudios intensos, serios, rigurosos e independientes, sobre las consecuencias de los transgénicos en la salud humana.

    El Dr. Domingo Roig, toxicólogo de la Universidad de Tarragona (España), advirtió que ?No se han realizado los suficientes estudios experimentales sobre los potenciales efectos adversos de los alimentos modificados genéticamente en la salud animal ni, por supuesto, en la humana, que puedan servir de base para justificar la seguridad de estos productos?. Belinda Martineau, creadora del tomate transgénico Flarv Savr de Calgene, señaló que ?Proclamar de manera tan simple que estos alimentos son seguros porque no existe evidencia científica que pruebe lo contrario, no es lo mismo que decir que se han realizado extensos estudios y aquí están los resultados?.

    La Agencia Francesa de Seguridad Sanitaria de los Alimentos (AFSSA) indicó que ?Son necesarios estudios de toxicidad sobre animales de laboratorio para evaluar los efectos de una exposición prolongada a pequeñas dosis de OGM (Organismos Genéticamente Modificados ) sobre sistemas vitales…?.

    Amigos de la Tierra realizó un informe sobre la aprobación en Reino Unido, del maíz transgénico T25 de la compañía Aventis (Actualmente Bayer, donde denuncia irregularidades en el informe presentado por la compañía. En Estados Unidos, la Agencia de Protección Ambiental EPA), no exige en los estudios de las empresas, ciertos parámetros para medir posibles alergias.

    En un informe fechado en febrero de 2002, la Academia Nacional de Ciencias de los Estados Unidos, reclamó al Departamento de Agricultura, un proceso de evaluación de transgénicos ?sustancialmente más riguroso y transparente?. La Dra. Mae-Wan Ho, realizó un informe sobre el maíz híbrido NK603xMon810, cuestionando el estudio efectuado por el Comité Asesor del Reino Unido sobre Liberaciones al Medio Ambiente, ya que observó numerosos vacíos, como la falta de estudios toxicológicos y alergénicos, falta de pruebas en vacas o cerdos, etc.

    Sobre el maíz dulce transgénico Bt11 de la compañía Sygenta -aprobado recientemente en la Unión Europea- en un comunicado de Ecologistas en Acción, se leía que el gobierno de Austria no estaba conforme con los informes aportados por la empresa, ya que hay ?carencia de análisis toxicológicos, de pruebas sobre los efectos a largo plazo del consumo de la proteína transgénica y de pruebas alergénicas adecuadas?.

    En Francia, la AFSSA rechazó por tercera vez el Bt11 y subrayó la falta de pruebas en animales de laboratorio. En Bélgica, el Conseil Consultatif Belge de Biosécurité, determinó que Sygenta no había proporcionado suficientes datos. El Comité Científico para los Alimentos Europeo, afirmó que la compañía aportó ?…una evidencia escasa sobre la seguridad del producto?. La Dra. Ho y el Prof. Joe Cummins, denunciaron que las pruebas en el Bt11, se realizaron con toxinas naturales y no con las producidas por las plantas transgénicas. Y el Institute of Science in Society, expuso que en generaciones de seis variedades transgénicas (incluida el Bt11), los fragmentos insertados se habían fraccionado y habían cambiado de posición.

    Dicha inestabilidad, contradice los análisis de riesgo iniciales, establecidos en la Directiva 2001/18/CE, sobre la liberación intencional en el medio ambiente de organismos modificados genéticamente.

    Tercero: El procedimiento de aprobación de los transgénicos en algunos países, está hecho a medida de las multinacionales. En Estados Unidos, los alimentos transgénicos aprobados por la FDA, no pasan por una evaluación sensata y rigurosa.

    Dicha aprobación se caracteriza por:

    1. La consulta es voluntaria y no obligatoria;
    2. La FDA no analiza los estudios originales, sino el resumen de evaluación presentado por la empresa;
    3. ?Las empresas pueden y muchas veces no responden a la solicitud de la FDA de datos adicionales?;
    4. Se desestiman errores que podrían haber sido detectados con análisis más cuidadosos;
    5. La FDA avala con la ?equivalencia substancial? del alimento, afirmando que han sido informados por la multinacional sobre la inocuidad del alimento, pero sin arriesgarse a emitir un pronunciamiento claro y serio sobre las consecuencias del alimento.

    En Europa, en la reciente aprobación del maíz Bt11, fue la empresa quién presentó sus estudios que se discutieron y se contrastaron con otros, para luego votar. En el Consejo de Ministros de Agricultura, seis países se opusieron, seis votaron a favor y tres se abstuvieron. Sin embargo, la Comisión lo aprobó a pesar de las dudas y de la fuerte división existente, mostrando el favoritismo a las empresas y la irresponsabilidad hacia la ciudadanía.

    Cuarto: Proliferación anárquica y enmascarada. El alimento transgénico ya ha sido aprobado. No existe etiquetado que lo diferencie del resto. Casi 70 millones de hectáreas transgénicas en el mundo, pero ningún sistema fiel de información, seguimiento y control.

    Estados Unidos, con el 63% del total de cultivos transgénicos en el mundo, firma acuerdos de libre comercio que facilitan sus exportaciones, invaden mercados y benefician a sus empresas. Como no existen métodos de control ni de elección, los consumidores de otros países también se exponen a los transgénicos sin percatarse. Por otro lado, la contaminación genética es un hecho constatado y real, que conlleva la dispersión silenciosa de los transgenes a otras variedades y alimentos normales. En otros lugares del mundo, contrabando y plantaciones transgénicas ilegales. Vista gorda. Primero expandir de cualquier forma. Luego legislar, legalizar y finalmente monopolizar.

    En la solidaridad se esconde otra forma de propagación muy peligrosa. Se ha detectado ayuda alimenticia con porcentajes transgénicos, que se reparte entre las capas pobres de la sociedad. Además, detrás de supuestos proyectos al desarrollo, existen fines para promover los cultivos transgénicos, que después esclavizarán al agricultor.

    Quinto: Los OGM no entienden ni obedecen las normas burocráticas y administrativas que el humano crea. Es así como, genes que no son aptos para consumo humano, ya se han filtrado en la dieta humana. El caso más conocido fue el del maíz transgénico Starlink. No es apto para el humano, pero logró contaminar maíz normal que sí lo era. Luego, se filtró a los ?Taco Bell? de la marca Kraft, hasta que se detectó. Para ese entonces, muchas personas ya lo habían ingerido, y hoy se cree que podía ser la causa de decenas de alergias, en ciudadanos estadounidenses.

    Las normas humanas no valen y la inocuidad de los transgénicos pasa por domarlos. Algo imposible hoy en día. Los manuales, los paquetes tecnológicos, la lógica y el saber científico, se quedan en papel mojado ante la cantidad y complejidad de fenómenos, que puede sufrir el ADN manipulado y el OGM dentro del ecosistema. Creemos conocer el universo y a duras penas llegamos a Marte.

    Sexto: Dijeron que no pasaría, pero parece que ya está pasando.

    El estudio más importante, para determinar las consecuencias en la salud y el medio ambiente de un alimento transgénico, fue efectuado por el Dr. Arpand Pusztai, en el Instituto Rowett de Escocia. Las pruebas de laboratorio en ratas alimentadas con patatas transgénicas, mostraron debilitamiento del sistema inmunológico, desarreglos en el desarrollo de órganos internos, interferencia en el crecimiento de ratas jóvenes y cambios en la estructura y función intestinal.

    El Dr. Stanley Ewen, histopatólogo consultante en el Grampian University Hospitals Trust (Aberdeen ? Escocia), narró efectos en el hígado de ratas femeninas, alimentadas con soja transgénica. Pruebas en ratones con patatas transgénicas portadoras de la toxina Bt, revelaron problemas en la parte inferior del intestino delgado (ileón). Un informe presentado a la FDA, anterior al año 1999, descubría daños en el estómago de ratones femeninos, alimentados con tomates transgénicos Flavr Savs. En pruebas efectuadas a la soja transgénica RR, se detectó una reducción considerable de fitoestrógenos. Y en los estudios del maíz transgénico Chardon LL, se observaron diferencias significativas en grasa, fibras y proteínas, respecto a la contraparte natural.

    Patrice Courvalin, Director de la Unidad de Agentes Antibacterianos del Instituto Pasteur, se adentra en otro de los riesgos: resistencia a antibióticos. Muchos podrían quedar neutralizados por las bacterias patógenas. Advierte que las posibilidades y mecanismos de intercambio de material genético entre organismos es inmensa. Bacterias patógenas podrían asimilar el gen transgénico de resistencia, en el aparato digestivo, a través de un alimento transgénico que lo contenga. También por las bacterias de los campos, una vez la planta transgénica se descompone. Courvalin cita genes de resistencia, utilizados ya por las multinacionales. El gen blaTEM-1, se inserta en un maíz transgénico de la empresa Novartis y es capaz de generar la penicilinasa, que puede degradar las penicilinas (penicilina G, ampicilina, amoxicilina, etc…).

    En Filipinas, personas que viven cerca de campos de maíz transgénico, tuvieron diversos problemas, coincidiendo con la época de mayor presencia de polen en el ambiente. Terje Traavik, director del Norwegian Institute for Gene Ecology, detectó que las muestras de sangre contenían los anticuerpos que el organismo genera, ante la presencia de la toxina Bt, que es la que contiene el maíz transgénico Bt1132. En Reino Unido, el York Nutritional Laboratory denunció año atrás, un aumento del 50% de alergias relacionadas a la soja. En Irlanda, el Irish Doctors? Environmental Association, detectó un incremento de alergias en niños, también relacionadas con la soja. En los tres casos expuestos, no hay pruebas exactas de que el maíz y la soja transgénica, sean la causa de afectaciones y alergias; pero existen sospechas, que deberían inducir medidas preventivas e investigaciones profundas.

    Otro riesgo, es el consumo de alimentos transgénicos atiborrados con químicos. En Estados Unidos, según el Departamento de Agricultura, ha existido un aumento neto de 50 millones de libras de pesticidas, coincidiendo con el ascenso de los cultivos transgénicos. En Argentina, en seis años se ha multiplicado por diez, la cantidad de Roundup (Glifosato) aplicado en los campos, debido al incremento de cultivos de soja transgénica que lo requieren. El glifosato es peligroso, puede provocar diversos problemas en la salud humana y como todos los agroquímicos, desarrolla un impacto negativo en el medio ambiente.

    Durante la fase de creación del OGM, también pueden surgir potenciales riesgos para la salud de las personas. La ingeniería genética permite crear rápidamente en un laboratorio, millones de recombinaciones genéticas inéditas, entre ADN de distintas especies, que no podrían ocasionarse en la naturaleza.

    Como se decía antes, los organismos transgénicos son altamente inestables, por lo que pueden fragmentarse, produciendo efectos inesperados y transfiriendo genes a otras especies cercanas (transferencia horizontal).

    Por si fuera poco, los virus y bacterias son manipulados genéticamente y sirven de banco de genes para otras modificaciones. Por eso, en el año 2003, el Grupo de Ciencia Independiente advirtió que estos productos no son seguros y que sus peligros son inherentes al proceso mismo de ingeniería genética, afirmando que manejar genes puede causar la creación accidental de supervirus, secuencias transgénicas que pueden inducir cáncer o acelerar el desarrollo de bacterias resistentes a antibióticos.

    Conclusión: Dudas, anomalías, bacterias patógenas, falta de transparencia, incertidumbre, favoritismo, secretismo, virus, estudios incompletos, recombinaciones, dólares, riesgos, sospechas, química, debate, alergias, confrontación, laboratorios, falta de voluntad, informes defectuosos, procedimientos inadecuados, desinformación, cáncer, desconocimiento, interrogantes, etc… Creo que se me quitó el apetito, ¿y a usted?