Reencuentro sagrado con la naturaleza

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Reencuentro sagrado con la naturaleza

Durante milenios la civilización humana se ha desconectado progresivamente de la Tierra.
Antiguamente había una mayor conciencia de los ciclos naturales porque las sociedades eran en su mayoría rurales y dependían para su sustento de la agricultura y la ganadería.

A medida que el hombre fue evolucionando hacia una era de primacía industrial y tecnológica se tomó el planeta como un objeto más al que se podía expoliar, exprimir y degradar en aras del beneficio económico.

La concentración de población en las ciudades provocó el abandono de las actividades relacionadas con la tierra y una desconexión al habitar en pisos que físicamente alejaban de ella. Del mismo modo se produjeron cambios en nuestra alimentación sustituyéndose productos naturales, orgánicos y originales por productos enlatados manufacturados y carentes de vida.

El ritmo biológico se alteró al vivir al margen del ritmo solar en vez de levantarse y acostarse con este reloj natural. Esto ha llevado a provocar alteraciones en nuestros diferentes sistemas: físico, emocional y mental. Se concreta en el desequilibrio de las energías Yin y Yang (descanso y actividad) ya que la sociedad induce a estar activos y en un estrés permanente que favorece la aparición de desarmonías.

No hay que olvidar tampoco que se respira constantemente aire contaminado y se toma agua tratada químicamente con muy poca vida biológica. Además las nuevas tecnologías nos exponen a ondas electromagnéticas que alteran los cuerpos energéticos y sutiles.

La buena noticia es que somos hijos de la Tierra y al igual que ella nuestro ser tiene una capacidad de regeneración y transmutación increíble. Y como la conexión con ella jamás se ha perdido recuperamos rápidamente el equilibrio en cuanto vamos a la naturaleza.

En las últimas décadas han surgido iniciativas para recuperar la conexión con la Tierra. Existen movimientos ecologistas personas que regresan a entornos rurales y crean ecoaldeas o desarrollan propuestas de agricultura ecológica, ganadería, apicultura o turismo rural de un modo sostenible.

El planeta está preparándose para un cambio de nivel de conciencia. Sus ciclos son mucho más largos en comparación con la duración de la vida del ser humano por eso nuestra percepción es que nunca cambia. Lo que se consideran desajustes y catástrofes naturales son intentos por su parte de hallar el equilibrio de la misma manera que alguien toma medidas cuando quiere recuperar la salud. Como habitantes de la Tierra hemos de sintonizar con esta nueva vibración más elevada si queremos participar de la nueva vida que se está gestando.

Es de vital importancia recuperar la conciencia del espacio en el que vivimos: nuestro cuerpo (el más cercano) la Tierra y el Universo (el más grande). Esta visión nos hace responsabilizarnos de nuestras actitudes, actos y pensamientos pues tienen una resonancia en el «Todo».

Para colaborar con esta profunda transformación hacen falta dos actitudes principales: Reconocimiento y Gratitud con las que nuestras relaciones pueden cambiar de forma transcendente.

El reconocimiento hace referencia a la unidad a la esencia divina presente en todos los seres y conciencias: las piedras, el agua, los elementales, los vegetales, los animales, los humanos, etc.

La gratitud es una de las formas más saludables de interactuar con otras conciencias. La «Gracia» es una forma de amor. Dar las gracias es entregar amor es dar valor a aquello que hemos recibido y a la persona o entidad que nos lo ha proporcionado.

El reencuentro con lo sagrado

La forma más adecuada de acercarnos a los espacios que aún conservan una energía más equilibrada: en concreto los bosques que pueblan nuestra geografía. Cuanto más apartados de núcleos habitados están estos bosques más conservan su energía primigenia y con mayor respeto debemos interrelacionarnos con ellos.

En los bosques conviven árboles, piedras y cursos de agua así como animales elementales y entidades guardianas. Nuestro paso por un bosque puede ser una experiencia mágica y mística o puede ser nuestra peor pesadilla. Únicamente depende de nuestra actitud.

Antes de entrar a un bosque es imprescindible pedir permiso. Al igual que para entrar a una casa existe un protocolo como llamar a un timbre y decir: ¿puedo pasar? y entras sólo cuando se te concede el permiso del mismo modo se necesita un ritual como gesto de cortesía para entrar al bosque. Lo primero de todo conviene despojarnos de nuestra experiencia urbana que incluye: ritmo acelerado, reloj, pensamientos distorsionados, móvil (al menos apagarlo mientras permanezcamos dentro), charlatanería y ruidos que generen distorsión rompiendo la paz y el silencio del lugar. Cuando hayamos hecho esto de forma consciente pedimos permiso a los primeros árboles que franqueen la entrada al bosque. En la quietud de nuestro corazón sentiremos cuando ese permiso es concedido entonces antes de entrar pedimos protección a todos los seres que allí viven para que nuestra estancia sea armoniosa.

paisaje-articuloPara entrar en «comunión» (común-unión) es importante dejarnos impregnar y seducir por la belleza con un corazón abierto y la inocencia y curiosidad de un niño como si viéramos todo por primera vez. Esta actitud es la forma de percibir la maravilla es el auténtico «reconocimiento» (re-conocimiento volver a conocer).

Caminar por un terreno más abrupto ayuda a estar en el presente. También respirar conscientemente agradeciendo el regalo de un aire más limpio en definitiva hacer todo con consciencia sintiéndonos y sintiendo de forma que el interior se vuelve un reflejo del exterior y a la inversa. La energía de la Naturaleza nos va a ayudar en este «Sentir» pues todo allí convive en perfecta armonía.

Si existe en el entorno el elemento Agua incluso un pequeño arroyo nos ofrece la oportunidad de purificarnos. Sumergir los pies y dejar que la corriente se lleve cualquier energía en distorsión supone también una poderosa limpieza. Dar gracias a los elementales del Agua para que nos ayuden a reequilibrar todo nuestro ser en sus diferentes niveles. El Agua al ser una excelente conductora de la energía memoriza cualquier información que hagamos resonar como canciones mantras o frases enfocadas a nuestra realización y al mayor bien de «Todo».

Las piedras y rocas merecen también nuestra atención ya que ellas guardan la memoria de la vida en la Tierra son las abuelitas que nos cuentan sus secretos.

El Sol (el Fuego) nos ofrece su mayor potencial y seguridad para nuestra piel y ojos al observarle si lo hacemos contemplando el amanecer y la puesta de sol.

Al amanecer si entornamos los ojos podemos llegar a observar fotones y colores increíbles y haces de luz llegando hasta nosotros y cada una de nuestras células (nuestros huesos lo agradecerán también por la absorción de la vitamina D gracias a la radiación solar). Nuestro Espíritu se expande y nos trae el recuerdo de lo que ya somos: Amor, luz y Goce por el simple hecho de existir.

La interacción del Agua y del Sol generan la Vida y eso es lo que también somos nosotros pura Vida respírala, siéntela y manifiéstala con alegría, la expresión del Fuego, la energía del Sol hecha sonido a través de la risa.

Entrar en contacto con los árboles acariciándolos, abrazándolos o poniendo en contacto nuestra espalda con su corteza es uno de los actos más sanadores y que mayor paz nos transmiten estos seres que aunque aparentemente inmóviles están llenos de vida, armonía y sabiduría aportándonos además si lo hacemos desde una escucha-sentir activa las cualidades de los principios masculino o femenino según se trate por ejemplo de un Castaño o de un Haya que si es centenaria será la abuelita Haya y al igual que una abuela cuida de sus nietos con profundo amor así lo hará ella con nosotros.

Abramos nuestros corazones y permitamos que nos lleguen sus mensajes. Los árboles son canales de luz seres conectados con las energías del Cielo y la Tierra a través de sus profundas raíces y la elevación de sus ramas. Este abrazo puede ser un acto sagrado y protector antes de echarnos a dormir en el bosque.

Es importante que aunque vayamos en grupo hablemos lo menos posible. La mayoría de nuestras conversaciones versan sobre el pasado o sobre el futuro lo que nos impide disfrutar del momento presente. Hablar nos obliga a estar en la mente y por tanto interfiere en esa Comunión a la que antes nos referimos.

Ser escrupulosos con nuestros desechos urbanos (bolsas, recipientes y residuos en general) pero también con los orgánicos. Podemos hacer un agujero en el suelo para defecar y taparlo con tierra. En cuanto a los pañuelos y el papel higiénico están blanqueados con cloro y es mejor que les vayamos poniendo en una bolsa para luego tirarles a la basura.Para lavarnos conviene que utilicemos sólo agua. Cuando se está más de dos días en el bosque nuestro cuerpo adquiere un olor más acorde con el lugar más natural.

Desconectar del tiempo en un sentido cronológico. Muchas personas que hacen senderismo suben y bajan montañas sin detenerse a conectar con su entorno. Únicamente valoran el reto la consecución de una ruta. Pasan tan rápido que no pueden entrar en Comunión. Para ello es necesario reducir el ritmo pararse a contemplar.

Si se pasa la noche en un bosque lo mejor es acostarse cuando se pone el sol para ir entrando poco a poco en ese reino misterioso. Dejar que nuestra intuición nos guie hasta el lugar apropiado que puede ser a los pies de un gran árbol o en una oquedad de roca. Pedir siempre protección a los guardianes de ese lugar y actuar con respeto y discreción como haríamos si nos invitasen a dormir en una casa extraña.

Es maravilloso observar como la oscuridad llega progresivamente como un manto. Todo entra en silencio salvo algún animal nocturno que sigue su camino si no se siente molestado. Dependiendo de la fase lunar hay mayor claridad y se ven las copas de los árboles recortadas sobre el cielo o estrellas.

Y por la mañana te despiertan los cantos de los pájaros que son muy madrugadores. Están llenos de una alegría que se transmite y te invitan a empezar el día con ilusión.

Al irnos de un bosque siempre dar las gracias por todas las experiencias vividas allí y bendecir el lugar (bien-decir) es decir desear el mayor bien como sienta cada cual.

Resumiendo los pasos a seguir para permanecer en comunión con el bosque son:

  • Antes de entrar al bosque pedir permiso y protección.
  • Conectar con las piedras, los árboles, el agua, conscientemente.
  • Hablar sólo cuando haya que decir algo verdaderamente importante y de un modo suave para no romper la paz y el silencio del lugar.
  • Acostarnos con la puesta de sol (contemplarla) y antes de dormirnos pedir a los guardianes del lugar protección. Levantarnos igualmente con el amanecer.
  • Despedirnos del lugar con gratitud y bendiciones.

Mar del Valle y Rafael Palacios
soyhijadelbosque@gmail.com