Hogar sin tóxicos

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Hogar dulce hogar, suele decirse. El hogar es el sitio en el que nos consideramos más a salvo. Sin embargo, muchos hogares pueden tener, aunque no los veamos, algunos enemigos ocultos. Escondidos en las cosas más insospechadas. Sustancias químicas tóxicas, frecuentemente sintéticas, que han invadido las casas en las últimas décadas y que, en muchos casos, podrían hacer que exclamásemos «hogar tóxico hogar».

Pero antes de que abramos la puerta y entremos a comentar más sobre los tóxicos presentes en el hogar es importante que reparemos en algo de lo que no somos muchas veces conscientes: los profundos cambios químicos que se han operado en nuestro entorno más inmediato, especialmente desde finales de la Segunda Guerra Mundial, que es cuando comenzó en serio el boom de la industria química global.

Un dato: en 1930 se producían en el mundo un millón de toneladas de química sintética al año. En estos momentos pueden ser ya, probablemente, 800 millones de toneladas anuales. Otro dato: en Europa se comercializan más de 100.000 sustancias químicas sintéticas. Obviamente, no todas estas sustancias son tóxicas. Pero muchas de ellas sí pueden serlo o lo son. Así, unas 1.500 sustancias habrían sido consideradas cancerígenas y mutagénicas, 1.500 tóxicas para la reproducción, 3.000 alergénicas, 1.300 neurotóxicas, 400 tóxicas, persistentes y bioacumulativas y unas 800, hasta ahora, como disruptoras endocrinas, es decir, sustancias que pueden alterar nuestro equilibrio hormonal, pudiendo causar los más diversos desarreglos.

El problema es que incluso sobre muchas de las que han sido asociadas a algún efecto concreto, no se ha estudiado todo. De hecho, menos del 1% de las más de 100.000 sustancias antes citadas han sido más o menos debidamente evaluadas acerca de sus efectos sanitarios o ambientales. Menos del 1%. Porque la tónica general, durante mucho tiempo, ha sido primero comercializar algo y luego ir viendo los efectos. Un problema muy serio, denunciado incluso en informes de la OMS y del Parlamento Europeo es que los sistemas de test actuales no están diseñados para evaluar correctamente efectos como los de la disrupción endocrina. Efectos para los que se duda que realmente haya un nivel de concentración lo suficientemente bajo como para ser claramente seguro.

Para responder a la pregunta de qué tiene que ver todo eso con la toxicidad del hogar solo hay que plantearse donde desemboca una parte importante de ese caudaloso río de química sintética al que antes nos hemos referido. Y la respuesta es muy sencilla: en productos y artículos a los que nos exponemos a diario: productos de limpieza, ambientadores, insecticidas, productos de aseo personal, cremas, cosméticos, plásticos, papeles pintados, pinturas, barnices, maderas, alfombras, moquetas, tapicerías de los muebles, cortinas, tejidos, materiales antiadherentes etc.

Es decir, en cosas presentes en nuestros hogares. En todas esas y otras cosas puede haber sustancias tóxicas y, de hecho, con frecuencia, las hay.

¿Cómo podemos exponernos a ellas? Por vías tan sencillas como la inhalación, la ingestión o el contacto con la piel. Algunas sustancias pueden estar presentes como contaminantes en el agua, otras estar en la comida –por ejemplo los residuos de pesticidas o las sustancias preocupantes que se desprenden desde algunos tipos de recipientes- y muchas, simplemente, flotar en el aire, bien porque sean volátiles bien porque se integran en el polvo doméstico.

Por ejemplo, se ha estudiado como desde algunos plásticos, como el PVC, se van liberando pequeñas cantidades de compuestos que no están químicamente unidos al material y que pueden ser un 30% o más del peso del plástico. Compuestos como, por ejemplo, algunos ftalatos, grupo de sustancias entre las que se cuentan algunas asociadas a diversos problemas sanitarios. ¿Se ha preguntado alguien cuantos miles de sustancias diferentes puede haber en un insecticida doméstico, un perfume o un producto de la limpieza, por ejemplo? ¿Cuánta gente se molesta en leer, por ejemplo, la etiqueta de un ambientador que aunque no informe casi nada de lo que contiene puede decir cosas como que «no se respiren sus aerosoles»? De las formas más diversas, hacemos ingresar al hogar una gran cantidad de química que no conocemos, simplemente porque presuponemos que el mero hecho de que algo esté a la venta implica su absoluta inocuidad.

No se trata de alarmarse en exceso y caer en hipocondrias o paranoias. Simplemente de usar, fríamente, la facultad racional, y ver si podemos hacer algo para reducir la carga química del hogar. Exponernos a muchas sustancias tóxicas, como de hecho hacemos, no implica necesariamente que vayamos a desarrollar una enfermedad. Pero es evidente que incrementa el riesgo.

Hemos de considerar que un europeo medio pasa más del 90% de su tiempo en espacios cerrados y un 50% en el hogar en concreto. Por ello no es baladí tener en cuenta qué es lo que puede haber en el aire interior. Sobre todo sabiendo que respiramos –o filtramos con nuestros pulmones– entre 15.000 y 20.000 litros de aire cada día

Los científicos han descubierto que en el polvo doméstico, y en los más diversos elementos del hogar como los que hemos repasado antes, puede haber centenares de sustancias químicas tóxicas diferentes. Ésas mismas sustancias químicas tóxicas han sido también detectadas en el interior de nuestros cuerpos. Al fin y al cabo, lo que hay dentro de nuestras casas puede acabar también dentro de nosotros mismos. Un complejísimo cóctel de sustancias químicas.

hogar-sin-toxicos2Muchas personas ni siquiera han oído hablar de muchas de las sustancias que más preocupan. ¿Quién sabe, por ejemplo, lo que es un ftalato o un compuesto perfluorado? ¿Quién está preocupado por la presencia de retardantes de llama, si es que ha oído siquiera hablar de ellos? ¿A quién le inquietan los compuestos volátiles? Pues entre estas sustancias hay algunas que preocupan mucho a los científicos y que ya tenemos en nuestros cuerpos, como también pasa con el bisfenol A, que cientos de estudios asocian a problemas de salud a niveles bajísimos de concentración, o con determinados pesticidas domésticos y muchos otros contaminantes a los que podemos exponernos en los hogares. Cosa especialmente preocupante para personas más vulnerables como las mujeres embarazadas, o los niños, que son más sensibles a los efectos de las sustancias.

El cuerpo de los niños, en el que sus mecanismos de eliminación de tóxicos aún están madurando, al igual que sus sistemas neurológico, inmunológico y respiratorio, es particularmente sensible. Lamentablemente se han medido en niños concentraciones de algunas sustancias tóxicas mucho más altas que las encontradas en los adultos. Su costumbre de andar más por el suelo, de llevarse más las manos a la boca, así como el hecho de que respiren, beban y coman más que los adultos en proporción a su peso, les hace candidatos a exponerse a una mayor cantidad de contaminantes domésticos y a sufrir más sus efectos.

Los problemas de salud que la ciencia ha asociado a sustancias que podemos encontrar en los hogares van desde el asma y las alergias, al cáncer, pasando por la infertilidad, efectos sobre el desarrollo del sistema nervioso, y otros. Problemas que están creciendo mucho en incidencia, curiosamente, en las últimas décadas. Sin embargo la gente apenas está concienciada.

La contaminación química de los hogares con sustancias perjudiciales preocupa a entidades como la Organización Mundial de la Salud. Sin embargo, la Administración está fallando en el control de estos riesgos. Los controles existentes no impiden que muchas sustancias tóxicas sigan entrando en nuestras casas. Así pues, en tanto no se establezcan unos adecuados mecanismos oficiales, unas leyes y sistemas de control realmente exigentes, somos los propios ciudadanos los que tenemos que actuar para proteger a nuestras familias frente a esta amenaza invisible.

Hay soluciones

La buena noticia es que es mucho lo que podemos hacer. A veces medidas muy sencillas y baratas pueden hacer que la carga tóxica de nuestras casas, y por lo tanto, la de nuestros propios cuerpos, se reduzca extraordinariamente.

¿Pero cómo podemos hacerlo? A priori puede parecer algo muy difícil. Pero no es así. El primer antídoto contra el envenenamiento de nuestros hogares es la información. Aunque muchos tendrán la tentación de decir eso de «mejor no saberlo», es mentira. No saber acerca de un peligro no es una buena forma de evitarlo. Los problemas no se esfuman solo porque no queramos verlos. Más bien se acrecientan.

Las sustancias químicas tóxicas son agentes patógenos, tanto como puedan serlo los microbios. Aunque no las veamos, aunque estén en cantidades ínfimas, algunas de estas sustancias pueden hacernos enfermar. Como los microbios. Y al igual que limpiamos nuestras casas para acabar con ellos, debemos también limpiar nuestra casa de las sustancias tóxicas. Igual que no hace falta ser microbiólogo para eliminar los microbios, tampoco hay que ser un gran experto en nada para acometer una serie de medidas con los contaminantes químicos. Muchas veces son cosas de simple sentido común. Como dejar de usar ciertos productos por inercia, parándose un poco a pensar qué es lo que estamos usando.

Por ejemplo plantearse si en lugar de tapar un olor con un ambientador no será mejor eliminar la fuente del olor o, si acaso, poner una bandeja con bicarbonato que absorbe los olores.

Pensar si es necesario usar tantos productos de limpieza diferentes y tan fuertes, o si para limpiar muchas cosas no podrían usarse menos productos, o incluso un poco de jabón natural con agua, o incluso vinagre y limón. Saber algunos trucos como que para quitar una mancha de tinta la leche es mucho más eficaz que ciertos quitamanchas tóxicos. Plantearse si para acabar con unos insectos no es mejor no dejarles comida al alcance que les haga entrar en casa o recurrir a cosas que les molesten como un poco de vinagre en sus senderos antes que emprender una guerra química con insecticidas sintéticos.

hogar sin toxicos.tiffSaber que calentar un alimento envuelto en un plástico en el microondas acaso no sea una buena idea porque pueden pasar sustancias tóxicas desde el plástico a la comida. Saber que a lo mejor es conveniente cocinar con sartenes sin ciertos revestimientos antiadherentes. Saber que hay plantas como la gerbera que absorben algunos contaminantes peligrosos presentes en el aire… Y, en fin, mil alternativas, muchas veces muy sencillas y baratas, para infinidad de situaciones.

De hecho, existen materiales divulgativos y gratuitos que nos hablan de ellas, como los que elaboramos en nuestra campaña. Descárgate gratis el libro Hogar sin Tóxicos.

Carlos de Prada
Campaña Hogar sin Tóxicos
www.hogarsintoxicos.org