Las emociones y su transformación

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Las emociones son energía en movimiento, generadoras de sentimientos de todo tipo como el amor, el odio, la ira, la tristeza, la alegría, la pasión, etc.

Muchos seres humanos hemos ido desarrollando a lo largo de nuestra vida una sorprendente capacidad de lucha contra nuestras propias emociones, una especie de viaje sin destino dirigido únicamente por nuestra razón. Durante años nos hemos esforzado en hacer caso omiso a nuestros sentimientos y cuando los hemos tenido de frente hemos elegido luchar contra ellos. Hemos cerrado los ojos a esa parte de nosotros que nos asusta mirar y reconocer.

Nuestras células recogen toda la información física, emocional, mental y espiritual. Toda esta información está viva dentro de nosotros en forma inconsciente determinando nuestros patrones físicos, emocionales y mentales. Creemos que no reconocer el miedo, la rabia o la envidia nos libera y sin embargo estamos generando el efecto contrario. Esas emociones permanecerán guardadas en nuestro inconsciente estableciéndose como la base de nuestros patrones de conducta y de nuestras respuestas físicas.

El problema aparece cuando nuestro cuerpo llama a la puerta con un regalo en forma de enfermedad, dolor o malestar o cuando nos damos cuenta de que pese a todos nuestros racionales esfuerzos, no somos felices. ¿Qué ocurre entonces?, ¿continuamos inmersos en ese viaje hacia ninguna parte?, ¿renunciamos a ese deber que tenemos con nosotros mismos de aprender a ser felices?, ¿o tomamos la firme decisión de transformarnos?

El ser humano, desde su perspectiva holística, no puede fraccionarse, es un todo, emoción, mente, cuerpo y espíritu. Cuando una de estas partes se desequilibra, el resto también se verán afectadas. Cuando nos acostumbramos a vivir con emociones como el temor, la ira, la rabia o la tristeza, no nos ha de extrañar que nuestro cuerpo físico reaccione generando una enfermedad. Resulta imposible pensar que podremos alcanzar la plenitud, la paz interior y esa felicidad que tanto anhelamos si no conseguimos trabajar con todos los aspectos de nuestro «ser», y eso, evidentemente incluye a nuestras emociones.

Carl Jung decía que «aquel que mira afuera, sueña, y quién mira en su interior, despierta». Para que los procesos de cura puedan producirse es de vital importancia prestar atención a cómo nos sentimos y a qué tipo de emociones están vivas en nosotros, y debemos hacerlo sin miedos y sin reproches.

En primer lugar, tenemos que aprender a observarnos, debemos abandonar la proyección externa y centrarnos en nuestro interior. Por qué cuando tenemos estrés, un nudo en el estómago o unas ganas enormes de llorar no damos al «pause» y tomamos consciencia de las emociones que están detrás. Ser conscientes no solo nos va a permitir reconocer cómo nos sentimos sino que nos abrirá las puertas a una nueva forma de vida. Ser conscientes nos permite recuperar nuestro poder y nuestra conexión con lo que en esencia somos: amor, plenitud y sabiduría.

Después de ser conscientes, debemos aceptar cualquier emoción que tengamos, da igual la que sea. Luchar contra ellas solo hace que sean más y más grandes, más y más poderosas. Si nos negamos a reconocer que tenemos miedo o celos y luchamos contra ellos, en realidad los estamos alimentando para que se sientan cómodos y confortables en nuestro interior. Es desde la aceptación desde donde podemos generar la transformación, y no desde la lucha. Luchar contra nuestras emociones es luchar contra nosotros mismos, lo que nos conducirá a la frustración, la infelicidad y la soledad.

Ser conscientes y aceptar han de ser el punto de partida para que nuestros estados emocionales puedan cambiar.

Según palabras del doctor Edward Bach «la prevención y cura de la enfermedad pueden hallarse en el hecho de descubrir el defecto que albergamos y erradicarlo desarrollando concienzudamente la virtud que lo eliminará; no es luchando contra lo erróneo, sino atrayendo la virtud opuesta que dejará de formar parte de nuestra naturaleza». Al reconocer y aceptar nuestras emociones, podemos liberarnos de ellas y transformarlas desarrollando su virtud. En realidad se trata de «rellenar» el espacio que ha dejado la emoción que no queremos y que hemos liberado, con su virtud o polo opuesto. Frente al temor, debemos trabajar en desarrollar la virtud del valor; frente a la tristeza, la virtud de la alegría; frente a la debilidad, la fuerza.

Sé que para muchas personas, acostumbradas a no mirar en su interior, este proceso puede resultar difícil. Sin embargo, trabajar con uno mismo, reconociendo, aceptando sin condición e integrando todas las partes del ser, supondrá, sin ninguna duda, una nueva forma de vida, más plena, más satisfactoria y en definitiva, más feliz.

Existen innumerables técnicas y terapias energéticas que nos pueden ayudar en este proceso y siempre debemos buscar la que más nos atraiga. Reiki, E.F.T (Emotional Freedom Techniques), Técnica Metamórfica, Sanergía, P.N.L., son algunas de ellas. En este sentido, las flores de Bach, bajo mi punto de vista son uno de los tratamientos más adecuados y con resultados más sorprendentes en el campo de las emociones.

El sistema de tratamiento del doctor Edward Bach, integrado por 38 esencias florales, trabaja directamente sobre las emociones, abarcando todos los estados de ánimo y profundizando en el restablecimiento del equilibrio emocional y de la personalidad (actualmente trabajos como el de Ricardo Orozco nos permiten conocer un uso más amplio de estas esencias florales).

Las flores de Bach nos ayudan a tomar conciencia, a liberar y a transformar todas esas emociones que nos perturban, y lo hacen de una forma suave; en muchas ocasiones, casi sin percibirlo, el miedo que hemos tenido durante años desaparece y descubrimos una seguridad que hasta entonces era impensable para nosotros.

Los seres humanos desarrollaremos una vida plena no tanto por nuestras competencias cognitivas sino por nuestras competencias emocionales. Por tanto el reto radica en aprender a ser, a conocer quiénes somos y cuáles son nuestras emociones, creciendo en confianza, seguridad y amor hacia nosotros mismos.

Almudena Migueláñez
Maestra de Reiki Usui. Maestra de de Karuna Healing System. Maestra y lectora de Registros Akáshicos. Terapeuta de Flores de Bach. Técnica Metamórfica
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