El Despertar a la Conciencia de Unidad

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Según el calendario maya, el 21 de diciembre de 2012 terminaba un gran ciclo cósmico de 26.000 años y comenzaba otro nuevo, totalmente diferente. Quienes decidimos encarnarnos durante esta transición lo hicimos para asumir los grandes retos que ello supondría, aunque, claro está, esta elección fue hecha desde nuestra Conciencia Superior, que es lo que somos en realidad.

Nacemos con toda nuestra potencialidad, con nuestra Conciencia activa, completa, unida a todo lo que nos rodea, desde lo más sutil a lo más tangible. Sin embargo, el cambio de frecuencia que experimentamos al encarnar en un cuerpo físico, unido al proceso de socialización que recibimos desde nuestro nacimiento, provoca una desconexión importante de nuestra fuente, de nuestra esencia espiritual.

A partir de entonces, se nos fuerza a crear una pseudo conciencia para movernos y encajar en el mundo físico y a la cual denominamos “Ego”. Esta pseudo conciencia se va desarrollando a lo largo de todas las fases de nuestra encarnación y, desde muy jóvenes, nos hace creer que es real, que es quienes somos verdaderamente. Y como el ego, por su propia naturaleza es apariencia, nos incita a estar constantemente en el afuera, descuidando los procesos y vivencias que son reales y que se manifiestan únicamente en el aquí y el ahora.

Este gran ciclo cósmico al que me refería anteriormente está llevando a la especie humana a despertar del sueño del ego individual y de la inercia que la conciencia colectiva ejerce en toda la población mundial. Gaia, como Ser Consciente que es, también está reajustándose y haciendo las adaptaciones que necesita para realinearse con las nuevas energías que rigen en el Universo. Y por si alguien todavía no se ha dado cuenta, he de decir que formamos parte de ella y, lo que a ella le sucede, afecta directamente a sus posibilidades de ofrecernos sustento.

En la primera película de la saga Matrix, el Agente Smith (una máquina con forma humana), decía muy acertadamente que “los humanos somos una plaga” y yo añado que, no solamente porque destrocemos nuestro planeta, si no porque nos hemos desconectado de la vida y nuestra Conciencia está dormida (como la de los personajes de éste film), hasta que decidimos despertar.

En las últimas décadas estamos siendo espectadores del deterioro acelerado que está sufriendo la Tierra a causa de nuestro estilo de vida depredador y consumista. Estamos envenenando el planeta y poniendo en riesgo la supervivencia de todas las formas de conciencia que lo habitan. Lo más sorprendente es que nos quejamos cuando un tornado, una inundación o la reactivación de un volcán comprometen nuestras posesiones materiales o se llevan por delante alguna que otra persona.

Pero lo más desesperante e injusto que hay son los incendios, casi todos provocados, ya sea por intereses económicos o por pura locura de quienes los despiertan. Y desgraciadamente, la respuesta social parece ser más contundente ante un incendio como el de Notre Dame que ante la quema masiva del Amazonas. ¿De verdad no somos conscientes de lo que nos estamos jugando?

La energía del elemento fuego es Yang, activa, externa, masculina, destructiva si no se canaliza adecuadamente. Y este tipo de energía es el que prevalece actualmente en nuestro estilo de vida, desde la forma en que calentamos nuestros hogares, los vehículos con los que nos desplazamos, la comida que comemos, la energía y los residuos que producimos… Casi todo pasa por “QUEMAR”, por procesos que elevan y calientan la temperatura. ¿No será porque nuestra propia especie está “quemada”? ¿No encontramos un paralelismo con el calentamiento global?

Si continuamos reflexionando sobre el tema, nos daremos cuenta que el 70% del planeta está formado por agua y ¡qué curioso!, es la misma proporción que presenta el cuerpo humano. ¿Pura coincidencia? Por supuesto que no. Según el ciclo de control de los elementos en la milenaria Medicina China, el agua es quien controla al fuego. La energía de este elemento es Yin, receptiva, adaptable, interna, femenina y aunque siempre es fuente de vida, también en algunos casos puede llegar a ser destructiva sin proponérselo.

El agua es dócil y, según las circunstancias, se va adaptando a su entorno. Así, pasa con relativa facilidad de un estado físico a otro y es capaz de sortear los obstáculos que encuentra a su paso. Está siempre reinventándose, naciendo y renaciendo en múltiples formas según las circunstancias.

Según expone Michael Brown en su libro “El Proceso de la Presencia”, la resistencia que surge en nuestra fase infantil mientras se nos moldea para encajar en el mundo genera fuego interno. ¿Por qué? Pues porque se nos está forzando a desconectar de nuestra auténtica naturaleza, a olvidar quiénes somos y para qué hemos venido aquí. Y al enfocarnos afuera, seguimos alimentando este fuego interior cuando culpamos de las desgracias que nos suceden a las circunstancias y a las personas que nos rodean.

El fuego es resistencia, el agua es aceptación. La resistencia provoca tensión, dolor, conflicto. La aceptación otorga relajación, calma, paz. Por ello, el fuego interno es el origen de las enfermedades y desequilibrios que padecemos a nivel individual y como especie. Bien, ¿y qué podemos hacer? ¿Cómo podemos conectar de nuevo con nuestra Conciencia o Presencia Superior, real y unida a toda la vida?

El camino consiste en volver nuestra atención al interior y conectar con nuestro propio universo. La forma o técnica concreta en que lo hagamos dependerá de nuestras afinidades personales, pero siempre pasa por buscar el silencio, meditar, contemplar, sanar nuestro cuerpo emocional, acallar al ego amablemente y comprender que el mundo es un espejo que nos devuelve lo que sembramos (ya sea consciente o inconscientemente). Consiste en aprender a vivir con plena conciencia en el aquí y ahora y ofrecer nuestra mejor versión al conjunto.

En esta búsqueda del equilibrio interior conviene nutrir nuestros aspectos Yin y aprender de las cualidades del agua, “curiosamente” vinculada con las emociones, la fluidez y la sanación. Porque en nuestra “educación”, nadie nos enseña a gestionar nuestras emociones de forma saludable, más bien nos anima a reprimirlas, lo que nos hace acarrear auténticas cargas emocionales que, al no resolverse, nos afectan continuamente y facilitan el aumento del fuego interno.

Además, existen dos formas de actitud hacia el aprendizaje: hacerlo voluntaria y dócilmente cuando surge una dificultad o mirar hacia otro lado una y otra vez hasta que una situación límite nos fuerza a cambiar. La Existencia, en su infinita sabiduría, nos ofrece siempre múltiples oportunidades. Cuanto más nos resistimos y postergamos ese aprendizaje, más fuego interno generamos y más alargamos el sufrimiento, pero cambiar de rumbo siempre es nuestra elección y nuestra responsabilidad, nadie puede hacerlo por nosotros. Decidir que nuestra Conciencia continúe dormida podría ser deseable pero, ¿podremos asumir esa elección si nuestro auténtico Ser pugna desesperadamente por manifestarse?

Este es el reto que asumimos quienes elegimos encarnarnos en estos tiempos, por eso la gran mayoría estamos atravesando grandes dificultades, sufriendo sacudidas a muchos niveles para que nos enfoquemos en el propósito que nos trajo aquí: despertar del sueño del Ego y participar en la restauración de la vivencia de unidad. Porque además, puesto que somos porciones infinitesimales de una Conciencia omniabarcante e interdependiente que organiza toda la Existencia, es imprescindible crear una masa crítica que ponga en marcha un cambio de paradigma y nos reconecte con nuestra esencia espiritual.

La elección siempre es personal, claro está. Pero actuar como si nuestro comportamiento no afectase al conjunto, buscando únicamente la satisfacción, la felicidad y el beneficio individual no podrá sostenerse mucho más tiempo. Si seguimos aferrándonos a vivir así, estoy convencida que desapareceremos como especie o sucederán cambios que trastocarán por completo todo lo que hemos conocido hasta ahora. Por eso confío que logremos transformar nuestro paradigma caduco y construyamos una nueva humanidad consciente y respetuosa que sepa convivir con toda forma de vida.

María del Mar del Valle
Educadora Social
asdipagua@gmail.com