Juzgar vs comprender

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Vivimos en un mundo en el cual uno de los hábitos que más predomina es el juicio hacia uno mismo, hacia los demás y hacia cómo debería ser la vida en sí.

Habría que entrar en materia y destripar la causa y el origen de esta tendencia que por muy común que nos parezca no deja de ser algo dañina y contraproducente.

Aunque por otro lado y en cierta medida, hay un punto constructivo y necesario en el juicio cuando se relaciona con emitir juicios de valor que nos lleven a cuestionar lo que tenemos delante, el mundo en el que vivimos, qué nos sirve y que no. Si no emitiéramos ningún juicio hacia lo externo, eso también sería en cierto modo peligroso: dejaríamos de discernir lo que es o no conveniente para nosotros.

Pero la mayoría de las veces emitimos juicios por inercia, por costumbre o muy comúnmente porque lo que tenemos delante “nos toca” de alguna manera. No estamos educados en la tolerancia, la empatía, la diversidad y vemos amenazante todo aquello que nos pueda resultar contrario u opuesto a nuestras creencias porque nos gobierna el Ego y el Ego está constantemente reaccionando a lo externo.

Te posicionas en unas creencias, te identificas con un personaje concreto, unas cualidades que las ves como virtudes y son las que crees idóneas y rechazas la contraparte. Así opera la dualidad, no atisba a comprender que lo opuesto también hay que abrazarlo porque es lo que nos hace crecer, no logra ver el entramado completo, se centra siempre en las partes.

Es parte del juego, es parte del camino, es necesario hasta que deja de serlo.

Quien juzga separa porque se siente separado, separa el yo y el tú, los ve distintos. Todavía no alcanza a ver que son lo mismo, que no hay separación.

Forma parte de la evolución personal el transformar el juicio en comprensión, el yo en nosotros, bajar la mente al corazón donde todo se unifica y comprende.

“Comprender es querer”, que no confundamos con tragar o admitir, comprender es el máximo exponente de respeto, ya no tanto hacia los demás sino al orden natural de las cosas. No esperas más que aquello que pueda suceder, has decidido vivir en el presente. Ya no ves nada como amenazante, todo lo que llega a ti es lo que necesitas, todo te transforma.

¿Y el otro?…

¡Qué otro!, no hay nadie más que tú, todo lo de afuera te está haciendo de espejo para que te conozcas.

“Quien mira hacia afuera sueña, quien mira hacia adentro despierta”.

Rosana Martínez