El duelo es una oportunidad para sanarnos

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La vida de los seres humanos es un proceso dinámico con muy diversas situaciones y en un perpetuo estado de mutación física, energética, espiritual, etc., al parecer, en nosotr@s, solo la conciencia sería estable. Quizás lo más relevante de esta constante rueda de cambios acontezca en las transiciones de un estado a otro y en particular en los cambios generados por las pérdidas.

Cuando los humanos nos enfrentamos a “la pérdida”, con frecuencia desarrollamos una conducta, casi siempre previsible, que curiosamente y a pesar de nuestra enorme variabilidad personal, se parece en la mayoría de los casos y se desarrolla en el contexto de un patrón.

El duelo es el proceso de adaptación emocional que sigue a cualquier pérdida. Esta puede ser el fallecimiento de una persona cercana, la ruptura de una relación de pareja, el haber perdido un miembro del cuerpo a causa de un accidente y/o enfermedad u otra circunstancia que implique una pérdida.

Etapas del proceso

Negociación y aislamiento

La negación nos permite reducir el impacto del dolor que nos produce una noticia dramática inesperada e impactante; esto permite que nos recuperemos. Es una defensa temporal, y pronto será sustituida por un estado de aceptación parcial, pues nadie es capaz de soportar un dolor intenso y continuado durante mucho tiempo.

Ira

Después de la fase de negación, ésta es sustituida por un estado de ira, rabia, envidia y/o el resentimiento; aparecen las preguntas de ¿por qué?. Es una etapa dolorosa y difícil de afrontar para los familiares que rodean a la persona que transita por ella dado que la ira se mueve sin aparente control en todas las direcciones imaginables. Quienes pasan por esta etapa, se quejan constantemente por todo; todo les cae mal y todo es criticable. Luego pueden responder con dolor y lágrimas, culpa o vergüenza. La familia y quienes los rodean no deben tomar esta ira como algo personal para no reaccionar en consecuencia con más ira, lo que fomentará las respuestas agresivas de la persona en duelo.

Pactar y negocias

Ante la dificultad de afrontar la difícil realidad, más el enfado con todo el mundo y con su Dios, aparece la fase de intentar llegar a un acuerdo para superar la traumática vivencia. Se trata de poder alcanzar algunos objetivos temporales.

Depresión

Cuando la negación ya es insostenible, la persona en duelo pierde energías, adelgaza, aparecen nuevos síntomas y se verá invadida por una profunda tristeza.

Es un estado, en general, transitorio y de preparación para ir aceptando la realidad indiscutible. En este tiempo resultará conveniente intentar animar a la persona afectada y sugerirle mirar las cosas por el lado positivo. Esto es, con frecuencia el modo de expresar las necesidades de los acompañantes, que son ajenas al doliente y van dando muestras de agotamiento. Ahora hay que dejar que la persona exprese su dolor, con ello le será más fácil la aceptación final y estará agradecid@ de que se le acepte sin decirle constantemente que no esté triste.

En esta etapa, los/as acompañantes, deberán mostrar mucho tacto y habilidad en la comunicación verbal, se tiene que enfatizar en lo común que hay para compartir. Ahora se transmite más acariciándoles la mano, mirándoles con afecto o simplemente permaneciendo en silencio a su lado.

Es un tiempo muy delicado en que la excesiva intervención, (sobreprotección) de quienes les rodean para animar, le dificultarán su proceso de duelo. Una de las cosas que causan mayor perturbación es la discrepancia entre sus deseos y disposición y lo que esperan de ellos/as quienes los rodean.

Aceptación

Quienes han pasado por las etapas anteriores en las que pudieron expresar sus sentimientos, su envidia por quienes no sufren este dolor desgarrador, la ira y la depresión, verán el futuro con más tranquilidad. No hay que confundirse y pensar que la de la aceptación es una etapa feliz, en un principio está casi desprovista de emociones y sentimientos. Quienes pasan por ella, suelen comenzar a sentir un cierto estado de paz, se puede estar bien en soledad o en compañía, no se tiene tanta urgencia por hablar del propio dolor, etc., la vida con sus ritmos y contenidos insoslayables se va imponiendo. Muchas personas se retraen lentamente del mundo que los rodea y aumenta su necesidad de descanso (vagotonía). A menudo muestran una curiosa expresión de serenidad y paz llena de dignidad humana.

Para mejor poder comprender y acompañar a personas en proceso de duelo, cabe decir que no siempre todas pasan por las mismas etapas ni con la misma intensidad. Dependiendo de sus herramientas emocionales, del nivel de desarrollo cultural, de las experiencias, etc., de cada persona, ésta vivirá de una forma adaptada o desadaptada. Hay que tener en cuenta que el duelo es una respuesta a un estresor identificable, como puede ser la pérdida de un ser querido.

En algunas ocasiones, el duelo puede evolucionar hacia un estado de enfermedad. En este estado podrían aparecer situaciones como:

  • El apego.
  • La resistencia al cambio en el paso de una fase a otra, podría convertirlo en algo desadaptativo.
  • Es el paso del tiempo y los cambios asociados a esto lo que, como terapeutas, nos ayuda a evaluar si una persona se ha quedado estancada en alguna fase o si hay algo que no quiere o no puede dejar atrás y con ello interfiere o interrumpe el proceso de transición hacia la resolución saludable del duelo.

Para poder afrontar un proceso de duelo de una forma adaptativa y saludable, quienes lo sufren, deberán permitirse sentir las emociones que van apareciendo, también las muy intensas y las dolorosas. Normalmente, en un acontecimiento estresante como es la pérdida de alguien, suelen surgir determinadas emociones, sentimientos y comportamientos que hemos reprimido durante nuestra vida.

Las rupturas de pareja también puede vivirse como un duelo, particularmente por parte de quien no deseaba separarse, por eso es recomendable que para poder disfrutar de una hipotética nueva relación, el proceso de duelo se gestione adecuadamente bien sea a través de terapia de pareja o mediante un proceso de acompañamiento.

El duelo bien gestionado es una oportunidad para sanar nuestro interior, para observar qué partes de nuestro Ser hemos descuidado y para poder observar el vacío que se ha generado en nuestro interior y que tanto dolor nos causa. Es una excelente ocasión para la reflexión sobre qué es lo esencial e importante en nuestra vida, cuales son nuestras prioridades y cómo podemos llevar una vida más rica y plena. El duelo, podría y debería, verse como una excelente invitación a aceptar que nuestra vida es un tesoro valioso y que es necesario cuidarla en cada momento para sentirla y vivirla plenamente. Esto no significa que en la vida no hay dolor ni que haya que eludirlo a toda costa, sino que podemos evitar sufrir y cronificar ciertos estados y sobre todo que de los procesos dolorosos, también podemos extraer enseñanzas muy valiosas y trascendentes.

“No te diré no llores porque no todas las lagrimas son malas”

Y para terminar, os diré que, mi corazón está absolutamente convencido de que precisamente cuando pasamos por situaciones como las que viven un duelo, es por lo que deberíamos afianzarnos mas en la convicción de que el mejor modo de estar, cuando es posible, es siendo feliz.

Fernando Bernal
www.centrovidasana.com