La Microbiótica

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Una revolución para sanar la Tierra y el ser humano

La Microbiótica es una nueva corriente científica que estudia la evolución de la vida visible en su relación con el microcosmos. Es una visión global e interdisciplinaria que interconecta el microcosmos con el macrocosmos de la vida sobre la Tierra.

Su aplicación a la salud se realiza a través de la Nutrición Simbiótica, que también es un nuevo sistema alimentario, en el cual se busca el equilibrio de la dieta con el doble enfoque de nutrir al metabolismo celular humano y a la microbiota que nos habita.

No existe el término Microbiótica en el diccionario de la Real Academia ni en otros referentes lingüísticos de la lengua castellana. A veces se translitera al castellano del inglés (microbiotic) y «microbiótica» se usa como un sinónimo de microbiota o conjunto de microorganismos que habitan en un ser vivo. Nosotros reivindicamos este término para ampliar su concepto y que abarque tanto el estudio de la microbiota de un ecosistema determinado, así como la corrección de los desequilibrios en dicho ecosistema a través de la implementación de microorganismos regeneradores. Es una visión global e interdisciplinaria que interconecta con amor y gratitud el microcosmos con el macrocosmos de la vida sobre la Tierra.

Tenemos un cuerpo visible, pero también somos el conjunto de colectivos simbiontes microbianos invisibles que nos pueblan, nos diseñan, nos complementan y nos ayudan a evolucionar para adaptarnos a los continuos cambios que el medio nos demanda. No hay separación entre lo humano y lo microbiano, entre el macrocosmos y el microcosmos.

Somos una unidad

Hemos de tomar conciencia de que somos más bacterias que humanos. Es más, somos bacterias incluso en nuestras propias células y neuronas. Nuestras emociones y pensamientos provienen de un «campo» de conciencia global que se focaliza en los intestinos (emociones) o en el cerebro (pensamientos). Así lo corroboran las investigaciones que demuestran como las mitocondrias celulares o las dentritas neuronales provienen de bacterias ancestrales procariotas que en algún momento de la evolución decidieron integrarse en un organismo más complejo como es la célula.

No somos los reyes de la creación. Más bien podemos vernos como una especie de reciente aparición, que cumple la función de ser soporte de la vida microbiana, que nos acompaña en mutua interdependencia: en simbiosis. Sin embargo olvidamos este hecho fundamental, que nos daría otra perspectiva de nuestro sentido en la vida. La ciencia se ha encargado de que el mundo microbiano sea totalmente ignorado. Peor aún, hay tal grado de bacterofobia en el ámbito científico, médico y social que hemos creado un mundo antibacteriano en el que los antibióticos (anti-vida) y los productos de limpieza tóxicos y bactericidas que usamos para mantenernos limpios son arsenales bélicos de los que nos sentimos orgullosos.

Pero esta lucha nunca la podremos ganar. El microcosmos se defiende. La transferencia horizontal de genes permite a las bacterias adaptarse y mutar con una extremada rapidez. Y esas mutaciones se extienden por los sutiles «Campos Metamórficos» a todos los rincones del planeta, sin que exista contacto previo entre los miembros de la especie. A base de inundar nuestro hábitat y nuestra dieta de antibióticos y productos de limpieza bactericidas, algunas bacterias y virus se han hecho resistentes, y pueden llegar a soportar nuestros antibióticos más potentes o nuestros desinfectantes mas eficaces; para terminar causando numerosas enfermedades y muertes en los lugares que supuestamente son los más seguros y limpios.

Según los últimos informes del Centro para el Control y la Prevención de Enfermedades de EE.UU., las bacterias resistentes a los fármacos matan al menos a 23.000 personas cada año solo allí; y el costo para el sistema sanitario estadounidense de este problema asciende ya a más de 20.000 millones de dólares al año. Y el problema no ha hecho más que empezar.

Esta aversión incomprensible hacia el mundo microbiótico nos viene de hace más de cien años, cuando Pasteur y Kooch descubrieron la etiología o la causa microbiana de las enfermedades infecciosas. Pero la alarma social y científica que se ha extrapolado de este descubrimiento, para transformar nuestro mundo en un medio aséptico libre de microorganismos, es una batalla absurda e inútil que tenemos perdida de antemano.

El ganado que nos vamos a comer vive en condiciones tan extremas de insalubridad que necesitan en su dieta una gran cantidad de medicamentos y antibióticos para mejorar su crecimiento y que resistan sin morirse el engorde acelerado que se les somete. Estas pequeñas dosis de antibióticos que comemos con la carne a diario, poco a poco nos van colonizando y contaminando el intestino. Allí los microrganismos regeneradores (los buenos) se debilitan, dejando el sitio para que los patógenos se multipliquen, se adapten y se vuelvan resistentes a los antibióticos que a lo largo de años hemos ingerido por medicación directa o indirectamente por la carne contaminada que hemos comido. Los científicos advierten que cada vez hay más bacterias invulnerables a cualquier antibiótico conocido.

Nos acercamos a una batalla final con las superbacterias asesinas que nosotros mismos hemos creado. Será una «era postantibiótica» donde los antibióticos ya no ejercerán ningún efecto terapéutico. Tendremos que cambiar el enfoque para tener éxito y no permitir que la humanidad se enfrente a una devastadora catástrofe generada por el ignorante impulso de ver como enemigo al microcosmos de los virus y bacterias que nos han dado la vida.

Recientemente se están empezando a poner de moda los probióticos (provida); pero en gran medida es un impulso mediático malinterpretado por la industria alimentaria. En muchos casos se ha demostrado, que estas supuestas cualidades probióticas de algunos alimentos obedecían a una publicidad engañosa para vender más un yogurt o una bebida. Y es que un alimento que parte de la base de estar pasteurizado o irradiado, nunca puede contener los probióticos que nos beneficien. Pero poco a poco el río suena y el agua llega. Así la sociedad y los ciudadanos esperamos que se vaya concienciando de la importancia de las bacterias regeneradoras y cambie su visión paranoica hacia otra más integradora y amorosa.

Los gestores de todas las formas de vida son los microorganismos. Están en cada centímetro cúbico de la tierra, el agua y el aire, generando y manteniendo la vida, como puente de unión entre el reino visible e invisible, entre el mundo orgánico e inorgánico. Son los creadores y reguladores de la atmósfera, las nubes, el clima, etc. También son los grandes basureros y recicladores de todo lo que se muere y se pudre. Gracias a ellos la vida está en continuo cambio y evolución, gestionando eficazmente los residuos que se generan de todo proceso orgánico sobre la biosfera.

Los microorganismos forman estructuras estables y complejas donde unas especies viven en simbiosis tras el final del ciclo metabólico de otras. La tarea esencial de los microorganismos es que todo ser muerto se convierta en fuente de alimento para nuevas vidas. Normalmente estos procesos «digestivos» ocurren en los intestinos, tanto de los seres vivos como en las raíces de las plantas, en el mismo suelo terrestre que es el intestino del reino vegetal. Las plantas metabolizan su alimento a través de los microorganismos de la tierra que viven en simbiosis en la superficie de las raíces.

La especial combinación de algunas familias de microorganismos regeneradores logra desintegrar sustancias y energías que, desde el punto de vista biológico y humano, son altamente tóxicas como el petróleo, los metales pesados, los productos químicos o incluso la radiactividad.

Es evidente que la Naturaleza necesita de todas las especies microbianas creadas, también las «malas» que pudren y enferman la materia viva, porque todas cumplen una función en la cadena evolutiva y transformadora de la vida. Por tanto no es conveniente para el orden natural ser excesivamente beligerante con las bacterias y virus putrefactivos y oxidativos que a los humanos causan afecciones, pues todas cumplen su función en la biosfera. Mejor que atacarlas directamente es generar un campo de resonancia probiótico que las debilite por exclusión del territorio, potenciando la activación de los microorganismos positivos que apoyan los procesos fermentativos y antioxidativos. Eso es lo que hace la Agricultura Regenerativa con los

Microorganismos Nativos del Bosque o los EM de Teruo Higa o la Nutrición Simbiótica que desde la Microbiótica impulsamos.

Hemos de tomar conciencia de que existen diez microbios por cada célula de nuestro cuerpo y el 98% de todos ellos están en el intestino. La microbiota intestinal es el último órgano descubierto por la medicina y el único que no es humano. Está compuesto por más de 100 billones de hongos, levaduras, bacterias e infinidad de pequeños seres con vida libre, que en total suman miles de especies, muchas de ellas todavía desconocidas para la ciencia. Este conjunto de microorganismos se comporta como un solo ser a la hora de interactuar con nuestro organismo y cumple múltiples funciones:

  • Generar la base del sistema inmunológico.
  • Asimilar los nutrientes de los alimentos que ingerimos.
  • Eliminar las sustancias tóxicas y residuos químicos que llegan a nuestro intestino.
  • Controlar a los microbios patógenos cuando proliferan en exceso.
  • Fabricar gran parte de los neurotransmisores que luego viajarán al cerebro y a todo el cuerpo a través de la sangre.

El Dr. Michael Gershon fue el primero en hablar del «Segundo Cerebro», al definir el intestino. En la dinámica intestinal se genera más del 95% de la serotonina, el 50% de la dopamina y al menos otros 30 neurotransmisores más. La Nutrición Simbiótica estudia la interacción de la microbiota intestinal, la dieta y su relación con el cerebro y las emociones.

Gran parte de las enfermedades psíquicas como depresión, ansiedad, autismo, Transtorno del Déficit de Atención (TDAH), provienen todas de una única causa en común: una inflamación intestinal crónica debido a la mala alimentación y el desequilibrio de la microbiota intestinal.

Especialmente pionera y reconocida en este área ha sido la Dra. Natasha Campbell–McBride y su método GAPs para tratar en concreto a niños autistas, así como al resto de las patologías descritas.

microbiotica2Debido a la contaminación ambiental y de los alimentos, así como la dieta basura que cada vez es más común en nuestra sociedad, la mayoría de las personas sufren de una inflamación intestinal generalizada de la cual provienen una gran parte de las enfermedades que nos asolan: obesidad, diabetes, hipertensión y enfermedades cardiovasculares, enfermedades degenerativas y autoinmunes…

En todos los casos hay un denominador común: el deterioro de la microbiota intestinal regeneradora y la proliferación de microbios patógenos en nuestro intestino. No olvidemos que la microbiota intestinal se comporta como un sólo órgano y el lenguaje emocional que nosotros asociamos a nuestra conciencia sensorial humana también es compartido y generado por dicha microbiota. Por eso el estrés y los disgustos causan graves trastornos a los microorganismos regeneradores de nuestro intestino.

La Nutrición Simbiótica: Tecnologías de la fermentación microbiótica

De entre todos los vectores que existen para mantener la salud (luz, aire, agua, emociones, pensamientos, ejercicio físico, descanso, sueño, actividad laboral, escala de valores, herencia genética, factores ambientales…), la comida es el elemento más importante que nos influye positiva o negativamente. En solo dos meses cambiamos todo el plasma sanguíneo. Y la alimentación es la fuerza externa más poderosa que existe para modificar la cualidad de nuestra sangre.

Debido al deterioro ambiental, los contaminantes químicos y la pérdida de nutrientes en los alimentos por su cultivo y procesamiento industrial, todos los seres humanos estamos sufriendo un estrés oxidativo alarmante. Todos tenemos un déficit crónico de micronutrientes antioxidantes (vitaminas, enzimas, minerales, etc.). También sufrimos una reducción de microfauna y flora bacteriana intestinal, debida a los factores contaminantes externos e internos que nos rodean e ingerimos.

La simbiosis es la colaboración entre dos o más seres para sobrevivir. Es la principal fuerza de la evolución en la vida, por encima de la competencia o la lucha por la supervivencia. La Nutrición Simbiótica contempla el alimento desde la doble perspectiva de nutrir al cuerpo humano y al cuerpo microbiano que a la vez somos y tenemos. Es prioritario aumentar la vitalidad de nuestras células y de nuestro estado de ánimo, aumentando los micronutrientes de nuestra dieta y regenerando nuestra microbiota intestinal. Para ello, el aporte que nos brindan las tecnologías de la Nutrición Simbiótica puede ser decisivo.

Los alimentos simbióticos tienen la doble habilidad de ser una gran fuente de antioxidantes en sí mismos y de favorecer la capacidad del cuerpo y sus microorganismos de producir escalarmente reacciones bioquímicas que generan continuas emanaciones de sustancias antioxidantes.

Cuando hablamos de Nutrición Simbiótica nos referimos al adecuado equilibrio en nuestra dieta entre alimentos prebióticos (fibras que no nos aportan nutrientes pero que refuerzan la microbiota intestinal) y los alimentos probióticos (alimentos fermentados que llevan microorganismos similares a los que habitan en nuestro intestino). Esta integración de alimentos fermentados (probióticos) con las fibras de algunas frutas, verduras y cereales (prebióticos) nos permiten restaurar el equilibrio de nuestra microbiota intestinal y finalmente de nuestra salud.

La Nutrición Simbiótica es una nueva disciplina dietética que se torna imprescindible para solucionar los problemas de salud derivados de esta alimentación moderna. El aporte que nos brindan los alimentos prebióticos y probióticos de la Nutrición Simbiótica puede ser decisivo. En los países donde existe la costumbre de tomar alimentos fermentados, casi no existen las enfermedades endémicas (cáncer, autoinmunes, diabetes, obesidad, etc.), que caracterizan a nuestra sociedad occidental.

Apenas hay tradición en nuestra sociedad de tomar alimentos (comidas y bebidas) fermentados, por eso últimamente proliferan los probióticos de farmacia y herbolario en cápsulas que ingerimos como si fueran un medicamento más. Pero esa manera de enriquecer nuestra microbiota regenerativa no es la más adecuada; puesto que dichas bacterias probióticas suelen ser cultivadas de manera artificial en laboratorio, liofilizadas y encapsuladas, de tal forma que cuando llegan a nuestro intestino se despliegan de una manera extraña, sin generar la mejor de las sinergias. En unas aceitunas aderezadas naturalmente o en una cucharada de chukrut o kimchi o en un vaso de kombucha hay muchos más microorganismos vivos y en resonancia vital con nuestra microbiota interior, que en las cápsulas probióticas que se comercializan en el mercado. Además estos alimentos fermentados son mucho más baratos e incluso los podemos fabricar nosotros mismos.

Dentro de la Nutrición Simbiótica se le concede una gran importancia a los alimentos fermentados. Las tecnologías de la fermentación de los alimentos han acompañado a la humanidad desde hace tal vez miles de años. En su momento y poco a poco, en todos los rincones del mundo, la humanidad fue encontrando adaptaciones para mejorar el valor nutricional de algunos alimentos y alargar a la vez su conservación; utilizando microorganismos regeneradores que detenían el proceso de putrefacción y transformaban los alimentos originales en otros mucho más sabrosos y valiosos nutricionalmente. Así aparecieron la cerveza, el miso, los quesos, el yogurt, el kéfir, la kombucha, el chucrut, el kimchi, el tempeh, etc.

En España los alimentos fermentados se reducen a la sidra, la cerveza (artesana), el yogurt y algunos quesos (todos ellos sólo si no están pasteurizados). En Oriente y algunos países europeos hay una gran tradición de alimentos fermentados, que podemos incorporar a nuestros hábitos cotidianos.

Si queremos recuperar la autonomía de nuestra salud hemos de asumir la responsabilidad de discernir y elegir los hábitos que nos benefician y desterrar aquellos que nos perjudican, pensando no solo en nuestro cuerpo humano sino también en la dimensión microbiana que somos. A través de la alimentación nos enfermamos y nos sanamos. Somos lo que comemos, pero también somos lo que asimilamos y lo que evacuamos. Una gran parte de nuestro equilibrio se lo debemos a los microorganismos que nos habitan, especialmente en el intestino. Y para ayudarnos a limpiar el tubo digestivo de tanta basura acumulada y regenerar la microbiota que lo coloniza hemos de incorporar nuevos hábitos alimenticios. En la Nutrición Simbiótica se preconiza una dieta donde habitualmente tomamos uno pocos alimentos fermentados sólidos y líquidos, que nos podemos incluso preparar nosotros mismos. Los resultados llegarán poco a poco a sorprendernos.

La Microbiótica está rescatando tecnologías tradicionales de la fermentación alimentaria para potenciarlas con nuevas adaptaciones más eficaces e intensas en sus efectos nutricionales: nuevos superalimentos, elixires revitalizantes, fitoterapia fermentativa, etc. Auguramos un despertar de las tecnologías de la fermentación, a través de la Nutrición Simbiótica, para ayudarnos a mejorar nuestra calidad de vida y dotarnos de instrumentos para aumentar la autonomía de nuestra salud a través de la alimentación.

Luis Antonio Lázaro
Investigador microbiótico y asesor nutricional.
Bibliografía: Microbiótica, Ediciones i.
fundacion@ecotopia.es