Las rabietas, una forma de expresión en los niños

1541

En los niños en torno a dos años y hasta los 4 o hasta 5 años es bastante frecuente que aparezcan las llamadas rabietas.

Para entender porque empiezan a producirse, hay que entender que el niño a partir de los dos años, empieza a verse y sentirse como ser independiente, como una persona con identidad separada de sus padres, con sentimientos e ideas diferentes a sus progenitores, empieza a no verse uno unido a su mamá, sino un ser separado, independiente con sentimientos propios y diferentes. El niño en esta edad quiere poner en práctica, quiere probar, quiere desarrollar su propia identidad.

¿Pero qué ocurre? 

Que todavía no tiene desarrollado el lenguaje, no tiene desarrollada su capacidad de reconocimiento de sus emociones, y no tiene elaborada la manera de poner en juego sus deseos. Su interior, es como una caja de resonancia de lo que ocurre en el exterior. No es capaz de controlar, ni de elaborar. Le faltan herramientas y elementos que irá adquiriendo.

Es la hora de comer. Estás comprando en el supermercado y el niño ve los huevos kinder. ¿Qué puede ocurrir? que ya la tienes liada. Tú que le dices: que no le compras un huevo kinder, que es la hora de comer, que tiene que comer. El niño que no entiende que sea la hora de comer, que él no tiene hambre, que quiere un huevo kinder, que no entiende porqué su mama es tan mala que no se lo compra. Esto le hace sentirse frustrado, enfadado, enojado, despechado y triste. Ya tienes todos los elementos para que aparezca la rabieta. Depende del grado de frustración, añadido al cansancio y al hambre puede llorar desconsoladamente o hasta patalear, insultar o incluso morder o pegar. He llegado a ver mordeduras de niños en una rabieta con sus padres, realmente impactantes. Tú que sigues en el supermercado no sabes donde meterte, ya que todo el mundo te mirará con desaprobación, y a parte de sentirte muy mala madre, tienes a un niño llorando, gritando y pataleando en medio de la cola de supermercado.

Las rabietas, como vemos, son una expresión de manera incontrolada de sentimientos de furia, rabia, enfado, que se manifiestan con conductas desde enfadarse, llorar, gritar, patalear, morder, pegar, dirigiendo la rabia principalmente al foco de su frustración el papá, la mamá, la profesora.

¿Cual es la función de las rabietas? 

El niño que no encuentra otra manera, otra forma de expresión, otro canal por el que llevar su sentimiento de rabia, frustración, enfado porque no se han cumplido sus deseos. Encuentra en esa explosión incontrolada de lloros, gritos, pataleos o mordiscos, la manera de calmar el disconfor que siente internamente.

El primero que siente angustia al tener esos sentimientos y expresarlos de esa manera tan incontrolada es el propio niño, que sufre la dualidad de sentir que no debe de hacerlo, pero verse a merced de una furia incontrolable que el niño no es capaz de entender, canalizar, expresa, e irrumpe como un estallido de cólera.

Una vez que el niño expresa la rabia, aparecen sentimientos duales de culpa hacia lo que ha podido hacer durante la rabieta, pegar a papá, morder a mamá, romper algo, o en menor escala haber gritado o haberse opuesto a los deseos de sus papás. Entonces el niño puede entrar en una etapa de reparación en la que querrá asegurarse de que sus papás le siguen queriendo, pueden decir «mamá te has enfadado», o «mamá me sigues queriendo», o sentirse retraídos, avergonzados o culpables.

Por otro lado, los sentimientos con los que los padres viven las rabietas dependiendo de la frecuencia con que aparezcan y el grado, es de absoluto estado de tensión, crispación, de verse desbordados por la situación.

Las rabietas irrumpen en las familias como volcanes descontrolables que no saben manejar. Hay papás que, en esta etapa empiezan a tener conducta de evitación de lugares públicos, dejan de salir con los niños para evitar que al niño le de una rabieta en el restaurante al que vamos a comer, y nos de la comida.

Se viven como algo incontrolable no sólo por parte del niño, sino también incontrolable por parte de los padres que cuando aparece la rabieta no saben qué hacer.

Qué hacer en una rabieta

Lo primero si es de una intensidad alta, asegurarnos de que la expresión de la rabieta sea en un entorno seguro para el propio niño y para los padres. Si se puede y el niño lo permite sin enfurecerse más, tratar de cogerle, abrazarle, contenerle, por supuesto impedir que se pueda dañar, o puede dañar a los padres.

Durante la rabieta, no es momento para razonar, tratar de entender qué ha pasado, intentar que el niño razone, ya habrá tiempo para eso luego. Ahora, durante la rabieta lo más adecuado es acompañarlo y contenerlo para que en esos momentos en los que se encuentra a merced de sus sentimientos, se encuentre sostenido por sus padres, como dice la famosa frase del Dr. Jeckyll «quiere más cuando menos lo merezca, porque será cuando mas lo necesite».

La rabieta pasará, y pasaremos un mal rato todos, el niño y sus padres. Es cuando la rabieta ha pasado, cuando nosotros tenemos que entender que ha ocurrido para que el niño se ponga así. Y lo más importante: el niño también tiene que entender qué le ha pasado para ponerse así, porque el tampoco entiende que le ha pasado.

Es el momento en el que habrá que poner cuantas más palabras mejor a eso que ha pasado.

¿Qué ha hecho que se pusiera así? no es fácil, el niño todavía no sabe qué emociones tiene, ni porqué, ni cómo se llama eso que siente. Somos los padres los que le debemos de ayudar a poner etiquetas a sus emociones, y es importante reconstruir los vacíos de lo que ha pasado, para poder entender tanto al niño como a los padres, qué ha desencadenado esos sentimientos.

Hay veces que es muy fácil, quería un huevo kinder, no hay que indagar mucho, los papás tenemos claro qué pasa, o quiere ir en brazos y la mamá no puede porque ya pesa mucho, o quería quedarse más rato en el parque, cualquier hecho que contraríe su deseo puede hacer que se desencadene en el niño una rabieta.

Hay que explicarle al niño, hay que hablar, hay que poner palabras a eso que ha pasado, a eso que ha sentido el niño. Querías quedarte mas en el parque, pero sabes que es hora de irse, viene papá a comer, luego venimos otra vez, o mañana venimos más rato. Hay que dejar al niño una salida para que pueda sentir que se le tiene en cuenta, que atendemos y sabemos cuáles son sus necesidades y deseos.

Es difícil, pero si somos capaces de ir poniendo palabras en el mundo interior de nuestros hijos, aprenderán con nuestra ayuda a poner en marcha nuevos caminos, nuevas vías por las que canalizar sus deseos y emociones, así la frecuencia de las rabietas irá disminuyendo porque el niño irá aprendiendo a canalizar sus emociones de una manera más saludable.

Sonia Gómez Martínez
Directora Instituto 2ihd
www.2ihd.com