Las terapias manuales más necesarias que nunca

794

Estamos construyendo una sociedad en la que el lenguaje es lo que prima, toda la tecnología gira alrededor de la comunicación; se habla demasiado, pero sin miradas, sin gestos humanos y sobre todo sin contacto piel con piel, tenemos muchos amigos «cibernéticos» con los que intercambiamos muestras de cariño en bits. Las expresiones de afecto están quedando relegadas prácticamente a la pura actividad sexual. Esto va a determinar el tipo de sociedad que veremos a partir de ahora.

Por impronta, el ser humano es afectivo, somos seres sensibles gracias a que poseemos percepción sensorial; esto quizás pueda invertirse y convertirnos en seres sin capacidad para la compasión, desentendidos, impasibles y fríos al perder esa sensibilidad por falta de uso. Los límites expresivos afectivo-corporales parece que pueden crear una humanidad deshumanizada.

Las carencias afectivas sufridas en la primera etapa de la vida provocan problemas irreversibles, pero en las demás etapas, adolescencia, madurez y ancianidad generan un estado de carencia crónico en el que afloran y se agravan muchas sintomatologías que tienen su origen en esas carencias mantenidas en el tiempo; tan perjudicial es una carencia temprana como la que se hace crónica.

El florecimiento actual de las terapias manuales parece que ha venido en nuestra ayuda para subsanar las consecuencias negativas de ésta sociedad virtual.

Es sabido que todo contacto no agresivo ejercido sobre la piel provoca efectos beneficiosos en el cuerpo y la mente, independientemente de que ese contacto se haga con una intención terapéutica. Si ese contacto, además, es guiado por el conocimiento de cualquiera de la multitud de técnicas que existen hoy en día a nuestra disposición, ese contacto se convierte en el máximum benéfico; por un lado alimentamos el hambre sensorial de la piel, cubriendo carencias afectivas y por otro obtenemos importantes beneficios para nuestra salud.

La piel no es un órgano aislado, está conectada con todo nuestro cuerpo, especialmente con el cerebro; responde muy deprisa a cambios en la presión; las sensaciones de vibración o variación viajan a través de sus receptores sensoriales y nerviosos por todo el cuerpo, enviando mensajes al cerebro que, a su vez, genera cascadas de hormonas y enzimas que consiguen activar mecanismos reductores del nivel de cortisol, hormona responsable del estrés, y mejoran el sistema inmunitario; el sistema nervioso parasimpático también se ve favorecido, normalizándose la respiración y el ritmo cardíaco.

Cuando una terapia manual, además, utiliza diferentes grados de presión y/o calor, se consigue llegar a tejidos muy profundos, convirtiéndose en un tratamiento mucho más completo, beneficiándose la mayoría de los sistemas orgánicos. Los estímulos combinados de roce, presión, succión (en el caso de las ventosas) y calor tienen una repercusión positiva a nivel psíquico y también metabólico; consiguen activar y equilibrar sistemas como el vascular, linfático, digestivo, reproductor, muscular, articular, óseo y nervioso, obteniéndose una importante mejoría en síntomas y patologías como la ansiedad, depresión, trastornos del sueño, taquicardias y arritmias, hipertensión, baja inmunidad, contracturas musculares, dolor y en todas aquellas afecciones de carácter psicosomático.

Además de ser una maravillosa herramienta terapéutica, suple de alguna manera, esas carencias de contacto afectivo que se dan en algunas etapas de la vida; las terapias manuales pueden ser un remedio muy valioso para personas que se encuentran privadas del afecto y el contacto de un abrazo o una caricia; muchos ancianos se encuentran en esa situación por carecer de nietos o no tener apenas contacto con la familia; se observa una mejor salud y achaques menos agresivos en ancianos que tienen relaciones familiares afectivas frecuentes.

Las terapias manuales, son especialmente sanadoras en mujeres que se encuentran en la perimenopausia, cuando la vida afectiva tiende a bajar mucho e incluso desaparecer en un porcentaje muy alto de parejas; también para las personas que han perdido su estatus afectivo por fallecimiento del cónyuge, divorcio o simplemente por dejadez, personas sin vida social, sin amigos, sin nietos, sin familia; todas ellas pueden beneficiarse de estas terapias generadoras de endorfinas y rejuvenecedoras, evitando así muchas de las alteraciones que se producen por las carencias afectivas. La amargura y el mal humor no tienen cabida en quien se ocupa de alimentar los receptores de la piel a través del con-tacto.

Esta sociedad individualista y tecno-cibernética, va a acotar mucho la afectividad de contacto y nos va a privar cada vez más de los efectos benefactores de un abrazo o una caricia. No debemos olvidar que el alimento afectivo es tan vital para nosotros como las vitaminas, los minerales y el sol lo son para nuestro cuerpo. Hay que robarle tiempo a las máquinas para no deshumanizarnos.

Busca tu tiempo y date el placer de probar alguna de las muchas terapias manuales que existen; un masaje, un toque de pies, de manos, de cara o integral, tienes múltiples posibilidades de alimentar tu piel y tu alma y obtener importantes beneficios terapéuticos.

Rosa S. Madueño
Especialista Naturópata
rosalud@hotmail.es