El poder del pensamiento

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Reconocida, por evidente, la existencia del pensamiento humano, y admitido que se trata de una energía, sería ilógico no presumirle el poder que a otras ondas energéticas, como las de la radio y la televisión, ya se les ha reconocido, como es, entre otros, el de su expansión por el Universo.

Son múltiples los experimentos que se han realizado sobre el hipnotismo, la telepatía o la telekinesis, fenómenos todos ellos imperceptibles al ojo humano, lo mismo que lo son la electricidad, las microondas o las ondas de radio y televisión, sin que, sin embargo, eso impida el que existan e interpenetren el espacio que nos circunda.

Desde el punto de vista científico

Desde este punto de vista está probado que el cerebro funciona con una pequeña corriente eléctrica o energía de muy baja de frecuencia. Estas ondas eléctricas se miden por CPS (ciclos o pulsaciones por segundo). Las ondas cerebrales varían a lo largo del día según varios factores: el sueño o la vigilia, la agitación o la relajación, la concentración o la distracción, la salud o la enfermedad, etc.

Normalmente nuestro cerebro funciona entre 14 a 21 CPS. Las ondas cerebrales altas influyen negativamente en nuestra mente y en nuestro organismo. Por debajo de 15 CPS, la persona se halla más tranquila, su sistema nervioso e inmunológico se potencia y se recupera más fácilmente de los problemas físicos o psicológicos.

Cuando hacemos una buena relajación en estado de meditación, llegamos a bajar las ondas cerebrales entre 7 y 14 CPS, entrando en un estado de conciencia de gran paz y tranquilidad, sin espacio ni tiempo, pudiéndose tener percepciones extrasensoriales. La meditación beneficia a todas las personas, y cuanto más se practica, más se sienten sus beneficios a todos los niveles.

Recientes investigaciones científicas en Rusia apuntan a que el ADN puede ser influido y re-programado por palabras y frecuencias, no solo es el responsable de la construcción de nuestro cuerpo, sino que también sirve como almacén de información y comunicación. El biofísico y biólogo molecular ruso Pjotr Garjajev, llegó, junto con otros colegas, a la conclusión de que las palabras y oraciones del lenguaje humano pueden influir sobre el ADN, incluso para reprogramarlo. Coincidiendo así con los maestros espirituales y religiosos de la antigüedad, que desde hace miles de años han enseñado que el cuerpo humano se puede programar por medio del lenguaje, las palabras y el pensamiento. De esta manera, con el lenguaje, se podría tanto crear como destruir al añadirle el poder de la intención. Lo que nos convertiría en responsables directos de los procesos creacionales o destructivos de la vida.

El Instituto Heart Math cree en la existencia de una hiper-comunicación, una especie de red de Internet, bajo la cual todos los organismos vivos estarían conectados. Lo que propiciaría la existencia de la llamada conciencia colectiva, de Carl Jung.

Según Gary Schwartz, los seres humanos son receptores y emisores de información invisible actuando como una antena de televisión, así la mente transmite energía, puede controlar la presión sanguínea y afectar al desarrollo de las enfermedades.

Elmer Green, estudió y comprobó la energía eléctrica que emiten los curanderos.

El físico William Tiller, demostró, con curanderos, que los pensamientos dirigidos producen una energía física demostrable, incluso, a grandes distancias.

Bernard Grad, demostró en experimentos realizados con el agua, que en pensamientos dirigidos, se producían cambios químicos o alteraciones de la naturaleza molecular de la materia.

Schvartz y Connor, descubrieron la prueba de que un pensamiento con intención dirigida, se manifestaba a la vez como energía electrostática y energía magnética.

El físico alemán Fritz-Albert Popp, llegó a la conclusión de que los seres vivos emiten un constante flujo de fotones (minúsculas partículas de luz). El pensamiento es una comunicación capaz de transferir información al exterior e interior de éstos, a través de ondas en lugar de sustancias químicas. Estas frecuencias son almacenadas en el ADN de las células. Se ha podido comprobar que los enfermos de cáncer emiten menos fotones.

Schvartz y Creath, fueron los primeros científicos que observaron imágenes de luz emanando de un ser vivo, así como que la intención curativa generaba las ondas de luz más organizadas de la naturaleza. Un flujo de fotones emanaba de las manos de los curanderos. Los seres humanos emiten y reciben señales cuánticas. Un pensamiento bien dirigido es como una luz láser que afecta todo a su paso.

Cleve Bakster, comprobó que organismos vivos, como las plantas, registraban los pensamientos de una persona y respondían a ellos, parecían estar en constante comunicación cuántica o telepática. Así una planta a la que le habían quemado una hoja, podía distinguir, entre las distintas personas que iban entrando al lugar en que estaba depositada, al causante de la quemadura.

El psicólogo holandés Van Wijk, observó como afectaban a una planta y a su entorno, los fotones que emitía un curandero hacia un enfermo.

Los esposos Kirlian, lograron captar la energía vital de las personas, animales y objetos mediante fotografías.

El físico Constantin Kovotkov, completó científicamente los experimentos de Cleve Bakster. Los pensamientos de odio o amor afectaban a las plantas, haciendo disminuir o aumentar su energía. Los consideraba como un flujo de fotones que afectan todo lo que encuentran a su paso. Midió la bioenergía humana para determinar la salud.

Elisabeth Targ, demostró científicamente, en su «experimento del amor», que la intención puesta en un pensamiento afectaba físicamente a su destinatario.

El maestro de Qi gong, Yamamoto, comprobó que cada vez que un maestro emitía energía Ki, su alumno presentaba un aumento en el número de ondas cerebrales alfa en el lóbulo frontal derecho, donde se recibe el mensaje de la intención.

Mitch Krucoff, demostró en sus experimentos que la oración era la que mayor efecto curativo tenía entre todas las terapias alternativas.

El Centro para el cuidado de las heridas en Reading (Pensilvania), llegó a la conclusión de que la ira, la culpa, la falta de autoestima, el estrés, etc., retardaba la cicatrización de las heridas.

Tom Rosembaun, Sai Gosh, Antón Zeilinger, descubrieron que los efectos cuánticos se producen en el mundo físico o material. Las leyes de los objetos grandes son iguales a las de las partículas cuánticas. Existe una transferencia de información entre todos los seres vivos. Los pensamientos son otra forma de energía. Cada pensamiento, cada juicio tiene un efecto. Pueden curar enfermedades y afectar al conjunto de la humanidad. Cada pensamiento tiene el poder de adquirir una forma física. El ser humano crea su propia realidad.

Según William Tiller y Kohane, la intención puesta en el pensamiento de un grupo de personas, hacía que las larvas de la mosca de la fruta se desarrollaran un 15% más rápido de lo normal, haciendo que en su estado adulto, tanto ellas como sus descendientes, mejoraran su salud con respecto a las que servían de control.

El Doctor Roger Nelson, detectó con un generador de sucesos aleatorios una conciencia de campo o mayor orden en lugares sagrados, debido a los pensamientos allí emitidos.

Para Dean Rodin, la intención de los curanderos afectaba a la radiación ionizante de fondo, lo que ponía de manifiesto el efecto perdurable de la intención al actuar sobre células cerebrales humanas. Producía mayor coherencia, orden o efecto cuántico en el espacio vacío o campo punto cero.

La Electromiografía prueba que el cerebro envía las mismas instrucciones al cuerpo, tanto si el movimiento es imaginario como si es real. La actividad eléctrica del cerebro es igual, tanto si estamos pensando en hacer algo como si lo estamos haciendo. El pensamiento dirigido puede desarrollar un aumento muscular, mejorar la salud, etc.

El doctor Daniel Benor, midió los efectos de los pensamientos sobre bacterias, hongos, insectos, animales, etc.

El psiquiatra austríaco Wihelm Reich, discípulo de Freud, dio el nombre de orgón a la omnipresente energía cósmica que nos rodea y que tiene poder curativo.

El psicólogo Dick Blasband, midió las emisiones de luz que generan los seres vivos y comprobó que los pensamientos negativos también tenían efectos, tal como sucede en los maleficios, maldiciones, etc.

El metapsíquico Jean Barry, experimentó con pensamientos o intenciones negativas hacia un determinado tipo de hongo, que creció menos que los hongos de control.

Desde el punto de vista clínico

Un pensamiento es un impulso energético que hace que el cerebro elabore un producto químico llamado neuropéptido cuya forma física en forma de mina, es detectada por las células blancas de nuestro sistema inmunológico llamadas monocitos; de tal suerte que, cualquier pensamiento o sentimiento repercute en el sistema inmunológico de la persona.

Así, entre otras incidencias, una alegría puede crear interlucinas que son sustancias anticancerígenas, y un disgusto un desmayo.

Entre los productos químicos que pueden crear los pensamientos, se encuentra la endorfina –droga más potente que la morfina–, que puede afectar a la salud, produciendo o curando enfermedades.

Puede afirmarse que nuestra esencia, como seres humanos individuales, es el resultado de nuestros pensamientos y sentimientos, y la de la humanidad en su conjunto, el resultado de los pensamientos colectivos. De manera que si pudiéramos cambiar, en un cierto sentido, los pensamientos y sentimientos de un individuo, y a continuación los de un determinado colectivo, lograríamos que otros colectivos se sumaran al mismo y finalmente que toda la humanidad los asumiera.

De ahí la responsabilidad que cada ser humano posee, tanto de su propia situación como de la del colectivo en que se encuentra por afinidad.

Desde el punto de vista metafísico

Cada pensamiento generado, es para el clarividente capaz de ver más allá de lo meramente físico, algo que vibra y vive con forma y color definidos, persistiendo más o menos en el tiempo, de acuerdo a la voluntad proyectada en él, por su creador.

Así, el espacio esta lleno de formas de pensamiento que cada uno atrae por afinidad. Además de las propias creaciones mentales se atraen las más afines de los demás, de modo que, en muchas ocasiones, actos como homicidios, robos, violaciones, etc., están propiciados por vibraciones mentales ajenas, a las que anteriormente se ha dado cabida, con pensamientos parecidos.

Según este punto de vista, el pensamiento es el origen de la acción. Pensamientos de justicia, honradez, honestidad, bondad, tolerancia, etc., propiciarán estados personales con esas mismas cualidades, mientras que pensamientos de odio, terror, crítica o intolerancia, propiciarán personalidades con estas características.

De acuerdo a la ley metafísica de la vibración, las frecuencias elevadas de pensamiento dominan a las bajas. Lo que llamamos bien es un tren elevadísimo de energía en vibración, y lo que llamamos mal es el descenso de esta alta frecuencia de vibración. Lo que no se desea, se elimina, cambiando su polaridad.

La energía del universo está en todas partes. La semilla es el pensamiento. Literalmente nos convertimos en lo que pensamos con más frecuencia. Los pensamientos positivos vibran a un nivel altísimo. Sus colores son brillantes, claros y luminosos. El pensamiento negativo vibra despacio y sus colores son opacos. Todo vibra. La paz, es el movimiento en armonía.

Desde el punto de vista bíblico

Antiguo Testamento:

  • Formarás tus proyectos –pensamientos– y tendrás feliz éxito – Job, 22, 28.
  • Cada uno será lleno de bienes, según fuere el fruto de su boca y les será dada la retribución según fueren las obras de sus manos – Proverbios 12, 14.

Nuevo Testamento:

  • Cada árbol se conoce por su fruto peculiar, pues no se recogen higos de los abrojos ni se cosechan uvas de las espinas – Lucas 6, 43-45.
  • Todo cuanto pidáis, creed que lo recibiréis y así será para vosotros – Mateo, 11, 24.
  • Pedid y recibiréis, porque todo aquel que pide recibe – Mateo 17, 7-12.

Como colofón, diremos que:

  • El pensamiento vibra en distintas frecuencias, transportando emociones e información de otras clases. La energía de cada persona se compone de un abanico de frecuencias que constituyen su vibración individual. A veces, las distintas frecuencias de energía con las que entramos en contacto son perturbadoras o son incompatibles con las nuestras.
  • Todos los seres vivientes tienen energía. La energía es una sustancia física de tipo etérico. Se intercambia en todas las comunicaciones humanas. Por lo que estamos afectados por nuestra propia energía, por la de otras personas y por la del entorno.
  • Se transfiere de una persona a otra y entre todos los seres vivientes. Todos nosotros intercambiamos energía constantemente, tanto entre nosotros como con la naturaleza. Nos afecta profundamente este cambio fundamental, aunque parezca muy sutil. Para nosotros el cobrar conciencia de las energías que nos envuelven es como, para un pez, cobrar conciencia del agua en la que nada. Es ésta una realidad básica, aunque no percibida.
  • La energía psíquica es como la electricidad. Es preciso reunir y dirigir del modo adecuado, una cantidad suficiente de energía para que sea fácilmente perceptible.
  • Experimentamos una sensación agradable cuando otra persona focaliza sus pensamientos en nosotros, tanto para bien como para mal, como sensación de calor o frío, cosquilleo, o como algo parecido a la electricidad estática. Las percepciones psíquicas de las distintas personas varían levemente.
  • Nuestro cuerpo invisible o etérico genera energía del mismo modo que el cuerpo físico genera calor. Nuestro cuerpo etérico o de energía vibra en su frecuencia particular y es tan única como tus huellas dactilares. En nuestra vida cotidiana, nuestros pensamientos y emociones se reflejan como energía, y el contenido psíquico que transporta esta información se transfiere entre las personas mientras se comunican. Se acumula en los cuerpos de las personas, en habitaciones e incluso en joyas, en particular de oro y plata.
  • Todos nosotros respondemos a las emociones que transporta la energía; pero, debido a nuestras diferentes vivencias, respondemos de maneras diferentes. Aquello que es positivo para uno puede ser negativo para otro. Aquello que una persona experimenta como un amor reconfortante y protector, hace que otra persona reaccione como si se encontrase ante una emoción controladora y asfixiante. No podemos etiquetar una vibración como limpia o sucia. Su carácter positivo o negativo depende de la persona.
  • Las energías de las diferentes personas son individuales y únicas, y no siempre armonizan.
  • La suciedad psíquica no solo nos afecta emocionalmente, también nos afecta físicamente. Puede hacer que uno se sienta nervioso, cansado, o puede dificultar el sueño. Hace incluso que los músculos de una persona se debiliten en una prueba kinesiológica standard.
  • Las distintas vibraciones y emociones son transportadas por la fuerza el pensamiento, por lo que se puede transmitir conscientemente información a través de la energía que se envía a otras personas. Esta técnica es útil en situaciones en las que deseas que tu presencia o actitud se noten sin necesidad de que digas ni una sola palabra.
  • Los pensamientos de la mayoría de las personas están guiados por sus emociones y se mezclan con ellas. Las emociones son generalmente más fuertes y tienen una duración mayor que los pensamientos.
  • Todo el mundo responde a las emociones transportadas por la energía. El desafío consiste en estar abierto a la información.
  • Por lo tanto la energía psíquica puede transmitir emociones. También puede transmitir información de orden más intelectual y de carácter más específico.
  • Dado que intercambiamos energía en todos los contactos humanos, hay siempre en nuestros cuerpos una cierta cantidad de energía que no se ha convertido a nuestra vibración propia.

Como dice Robert Schwartz en su libro, El Plan de tu Alma (Ed. Sirio), pensamientos de perdón, de alegría, de pesar e incluso los que se transfieren al agua, pueden afectar el ADN de las personas que los emiten y el de las que lo reciben.

Los escépticos, necesitan pasar por muchas vidas antes de estar preparados para una sabiduría más elevada.

Todo el que quiera contribuir a mejorar las relaciones humanas y el caos en que éstas se desenvuelven en muchas ocasiones, debe emitir pensamientos de amor. Imaginando un mundo sin violencia, sin militarismo, sin políticos o sacerdotes corrompidos, sin mentiras, donde solo el amor gobierne, donde todo el mundo tenga todo lo que necesite, donde todo el conocimiento sea accesible a todos. De esta manera construiremos un deseo interno que propiciará un mundo así.

Cuanta más gente pueda imaginar y enviar este tipo de pensamientos, más fácilmente se podrá orientar la evolución de este planeta en una dirección positiva. Hay que buscar la voz de nuestro interior o de nuestra alma sólo en el silencio, sin estrés ni ruido. La mayoría de la gente vive inconscientemente, concentrada, a diario, en el odio, la envidia, las disputas y la arrogancia, propios de los menos evolucionados.

El significado de la vida es la evolución de nuestra conciencia y del amor que es la llave para evolucionar a formas de existencia superiores.

una luz en la oscuridadConcluiremos con el aserto de la física cuántica que nos dice que, lo que se manifiesta en el plano físico va precedido de un pensamiento. Es decir, que lo que pensamos y enfocamos en nuestra mente termina manifestándose en nuestras vidas. Si nos enfocamos en hechos negativos, lo que hacemos es darle energía y poder a esos sucesos. Por lo que deberíamos enfocarnos siempre en pensamientos positivos. Nuestros pensamientos, sentimientos, emociones, palabras y actos, representan nuestra energía y lo que aportamos al mundo; y condiciona el devenir de nuestras vidas volviendo a nosotros como si fuere un boomerang. Por eso es tan importante ser consciente de lo que se piensa. Somos mucho más que una masa de materia.

Miguel Llanes Belmar
Autor de «Una luz en la Oscuridad»