Hipnosis Clínica Reparadora (HCR)

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Los traumas que se sufren en la infancia repercuten a lo largo de la vida, de forma que, nos bloquean y nos impiden un crecimiento de adulto. La Hipnosis es una terapia efectiva para superar el dolor interno.

Haga usted una prueba: pídale a alguien cercano que le relate cualquier experiencia desagradable o traumática de su historia y préstele atención cuando se la relate. Verificará entonces que lo que aparece es solamente información, pero no emoción. Su amigo le relatará, por ejemplo, cómo lo encerraban en una habitación a oscuras para castigarlo y que mal la pasaba. Hasta es posible que aparezca un tono de indignación por las situaciones que debió atravesar, pero esa emoción, esa indignación es un sentimiento actual, una expresión que corresponde al adulto y no está vinculada con la que atravesó cuando niño en esas situaciones originales.

¿Qué pasó con esa emoción? ¿Se perdió en el tiempo? Es posible que su amigo le cuente que durante años le tuvo miedo a la oscuridad pero que luego lo superó o, si tiene un recorrido psicoanalítico, que lo elaboró. O sea, que logró hablar de ese miedo y ya eso no es poco porque, si no lo hubiera podido hacer, seguiría torturándolo en silencio.

Pero, insistimos, lo único que permanece en la memoria a la que tenemos acceso es información desprovista de emoción. Esto es siempre así y se trata de un mecanismo de defensa provisto por la naturaleza para que podamos sobrevivir a cualquier situación por dura que sea y continuar viviendo.

¿Cómo se cursa entonces la asimilación de cualquier hecho traumático? Si no es demasiado grave lo registramos en la memoria. Pero sólo la información: los datos y las circunstancias. La emoción desaparece de la conciencia. Por eso, aún cuando sabemos que hemos sufrido mucho en algún hecho, lo podemos recordar sin sufrir al evocarlo. Si en cambio el suceso es, de verdad conmocionante y podría desmoronar o desorganizar el mundo interior del niño, en ese caso, ni siquiera esa información se registra y en la memoria no queda ningún registro: es lo que Freud bautizó como represión. Y en lugar del recuerdo de ese trauma lo que aparece es un síntoma: es posible que en este caso hipotético aparezca una claustrofobia o que, sin llegar tan lejos, a la persona le desagraden los sitios oscuros y por eso no sea aficionado al cine, etc.

Siempre, detrás de un síntoma se esconden vivencias sustraídas de la conciencia. La hipnosis es un estado natural que es factible de ser inducido de múltiples maneras. La gente conoce sus manifestaciones más burdas a través de los espectáculos donde se aplican los más agresivos métodos para burlarse de las personas más sugestionables, pero es un recurso muy noble que se puede llegar a usar en cirugías y, sobre todo, en Psicología.

Históricamente se empleó la hipnosis para jugar un pulso, una resistencia contra las manifestaciones sintomáticas: a quien, por ejemplo, no podía tragar se le ordenaba que tragara. A esta manera de utilizar la hipnosis se la conoce como Conductismo. Y Freud, que fue quien primero describió al síntoma como el emergente de una situación conflictiva no resuelta, alertó sobre el peligro de que el conflicto se expresara a través de un nuevo síntoma que podría ser aún peor. Luego de su alejamiento de la hipnosis, Freud desarrolló el Psicoanálisis, la más importante de las psicoterapias profundas orientada a curar los síntomas a partir de su esclarecimiento.

Durante la segunda mitad del siglo pasado desarrolló su fecunda tarea el médico y psicólogo norteamericano Milton Erickson que revolucionó la hipnosis conceptuándola como un método de la comunicación y reconociendo que toda comunicación es, en sí misma, hipnótica porque tiende a modificar la percepción del receptor. Para Erickson el inconsciente es un depósito inagotable de recursos para enfrentar todas las situaciones y, a través de sugestiones y otros recursos hipnóticos, a veces muy ligeros, es posible modificar los síntomas a los que calificaba como respuestas inadecuadas a la situación. Su interés no era comprender el síntoma sino reemplazarlo por otra conducta más adecuada. Podríamos decir entonces que se trata de un conductismo no compulsivo sino educativo.

La Hipnosis Clínica Reparadora (HCR)® es el desarrollo que hemos efectuado personalmente de la hipnosis. Nuestros métodos de inducción son, sobre todo, ericksonianos: utilizamos trances no muy profundos donde el paciente jamás pierde la conciencia del aquí y ahora. Pero en su utilización nos asemejamos más a Freud. Hacemos uso del trance para interrogar al inconsciente del paciente donde se quedó detenido, atorado. Y, generalmente, el inconsciente responde, aunque muchas veces, como en los sueños, lo hace en clave. Y como la gente asocia a la hipnosis con esos estados de inconsciencia semejantes a la anestesia, que apenas pueden alcanzar un 10% de las personas y que no permitiría el trabajo psicológico, hemos acuñado una nueva denominación para nuestro trabajo, que usamos indistintamente: Introspección Guiada Reparadora®.

Regresiones hipnóticas 

Cuando recordamos, la parte consciente de nuestro cerebro se dirige hacia los registros de la memoria como un empleado puede dirigirse a un archivo de carpetas y buscar en función de algún criterio de ordenamiento. En nuestra terapia sólo buscamos ese tipo de recuerdos cuando estamos hablando fuera de hipnosis con el paciente. Pero luego inducimos un trance hipnótico y lo que efectuamos entonces es una regresión hipnótica: con nuestras técnicas, el yo se desplaza imaginariamente hacia atrás en el tiempo y hace presente el pasado, vuelve a revivirlo, lo revivifica. Y entonces reaparecen las emociones originales que se suponían perdidas.

Terapia emocional 

El adulto del ejemplo original, por ejemplo, volvería a gemir y llorar por su encierro y lograría, de manera muy dramática, tomar contacto emotivo con el origen de su bloqueo. El famoso insigh de otras terapias, ese momento en que los circuitos se cierran y aflora la comprensión en la mente del paciente, que se supone que demanda años en las terapias profundas, lo alcanza el paciente, muchas veces, en el transcurso de una o dos sesiones. Es emocionante, explosivo y definitivo, en el sentido que, a partir de ese momento, nada volverá a ser igual. Para poder atravesarlo el paciente tiene que sentir la contención y compañía del terapeuta. Emocionalmente él tiene de verdad 3 ó 4 años y no los 40 con que entró a nuestro consultorio. Por eso, porque trabajamos con emociones profundas, es que en este modelo terapéutico el profesional tiene que contener y acompañar al paciente, tomándole la mano, acariciándole la cabeza y haciendo los gestos de protección que hubiera necesitado en el momento original recuperado, ese niño que ha reaparecido vivo, completamente vivo, dentro del adulto que nos consulta.

Cualquier recurso que agreguemos en esa circunstancia modificará todo. Nosotros no hablamos sobre el problema, lo buscamos, lo identificamos, lo revivimos y, en ese momento, de reviviscencia total, incorporamos recursos, afecto y comprensión. Es como si en una articulación dañada, en vez de colocar una pomada sobre la piel, inyectáramos directamente dentro de la misma el remedio o el bálsamo correspondiente. Imagine que desde hace mucho tiempo una cañería obstruida ha provocado que toda su casa tenga apenas un hilo de agua. Si en un momento dado se aplica oxígeno en esa cañería y se logra remover la bola de pelos y jabón que la taponaba, nada volverá a ser igual.

Y uno puede luego contemplarla y preguntarse: ¿Cómo es posible que ese pequeño obstáculo formado casi fortuitamente logró que durante tanto tiempo la casa careciera de agua suficiente? Pues así fue, y mientras no consiguiera removerla, el problema iba a continuar indefinidamente.

A veces allí terminan todos los problemas. A veces aparecen problemas nuevos que desconocía: hay dos grifos que gotean pero que no había manera de saberlo. En todo caso, el problema original, tal como lo conoció, ha desaparecido. Y en ese sentido, no hay marcha atrás: cuando usted se entera en el último capítulo de una apasionante novela policial que el asesino era el mayordomo, jamás podrá volver a leerla ignorando esa circunstancia.

¿Regresión a vidas pasadas? 

Cuando invitamos al inconsciente del paciente a regresar a los orígenes de su problema, muchas veces comienza a relatarnos una historia que aconteció mucho antes de su nacimiento, cuando su espíritu vivía dentro de otro cuerpo, donde tenía otro nombre y, a veces, otro sexo. Quienes creemos en la reencarnación suponemos que esas imágenes corresponden muchas veces, no siempre, a verdaderos recuerdos de hechos acontecidos en algún momento.

Para quienes no creen en la reencarnación o en la posibilidad de recordar nada anterior al nacimiento, lo que aparece en respuesta a nuestra demanda de un recuerdo que sane, sería una respuesta simbólica del inconsciente, a la manera de los sueños, lo que la hace igualmente válida y útil. Esa es la razón por la cual no nos preocupa la certidumbre histórica de tales recuerdos. No pretendemos probar la reencarnación y no le asignamos a estos recuerdos el carácter de pruebas. Somos clínicos y nuestro único objetivo es ayudar a nuestros pacientes a ser lo más felices que sus circunstancias le permitan, así definimos nosotros nuestro objetivo terapéutico.

Terapia de “código abierto” 

En el mundo de la computación la principal competencia de Windows es Linux. Se trata de un universo de programas cuyo código está abierto, a disposición de todo el mundo, para lograr así que cada programador de cualquier rincón del planeta pueda modificarlo, adecuarlo o mejorarlo. De igual manera, la Hipnosis Clínica Reparadora® no pretende ser un cuerpo clínico cerrado, que la gente deba aprender de memoria rindiendo exámenes para controlar si lo aprendieron a hacer exactamente igual.

Nuestra intención es compartir los recursos que hemos desarrollado, de manera fundamentada y abierta, para que cada terapeuta lo pueda integrar a los recursos que ya tiene, enriqueciendo su enfoque con los de la HCR y enriqueciendo a su vez a la HCR con su propio bagaje de conocimientos.

Todos aprenden y practican 

Por esa razón, hace ya algunos años que hemos comenzado a formar, en todo el mundo, terapeutas de Hipnosis Clínica Reparadora®, en cursos breves e intensivos, donde todos los alumnos practican entre sí y aprenden a hacerlo utilizando sus propios recursos. Donde los incentivamos a hacerlo, con todas las precauciones correspondientes, pero a practicarlo. Lo más importante es poder transmitirle a la sociedad un cambio de paradigmas: El niño que fuimos continúa vivo dentro del adulto que somos. Y cuando ese niño ha sufrido, el adulto avanza por la vida llevándolo dentro, llorando en silencio, esperando como la bella durmiente que aparezca quien lo rescate del letargo. No es imprescindible arrastrar un tratamiento por años: a veces el problema se puede resolver o modificar en pocas horas.

Armando Scharovsky
www.hipnosisclinicareparadora.org