La Voz, en su naturaleza verdadera, muestra la grandeza de ser “humano”

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La voz abre las puertas a recibir información, modos de hacer, aplicar teorías para conseguir una forma práctica, una plasmación en la actividad o en la actitud de la vida que estamos viviendo. La sonoridad humana es fundamental para la supervivencia (el cerebro necesita oxígeno, glucosa y sonido). Es importante en el contexto de la comunicación y el lenguaje y se hace imprescindible como expresión de la singularidad de cada persona, hacia su identidad como ser trascendente.

La voz humana, dentro de su aspecto de expresión natural, es el fenómeno cumbre de la evolución, preparada para ser la manifestación sonora de la conciencia, porque transmite y filtra su vibración esencial traducida al formato de nuestro lenguaje y nuestra música

¿Cómo es nuestra voz: insana, sana, consciente?

Podemos definir la voz insana por la escasa vitalidad que refleja su sonido hacia el interior. Puede ser por un problema fisiológico, por carencias de componentes químicos o por una debilidad orgánica excesiva. Por otro lado, los aspectos emocionales se solapan en el sonido de la voz distorsionando ciertos parámetros, como puede ser: la altura tonal (lo que llamamos falsedad), la repetición (autoprotección), la intensidad (querer tener razón siempre), voz dulzona (autocomplacencia), excesiva amabilidad (“sé lo que te gusta para conseguir lo que quiero”), voz autoritaria (miedos internos profundos), el grito inusitado (quedar por encima,) la voz de “pocas palabras” (búsqueda constante de atención), y otras muchas variables que pueden venir a la mente.

Los parámetros de la voz son capaces de integrar muchas contradicciones humanas, tanto en lo que sentimos como en lo que “es conveniente manifestar”, aunque sea lo contrario de lo que realmente pensamos. En este sentido, nuestras sociedades muestran un gran alejamiento entre las propuestas de avance para las comunidades humanas con las ganas verdaderas de llevar a la práctica o hasta su meta final esas iniciativas tan necesarias y urgentes.

Hemos llevado el artificio de la voz en la “apariencia” hacia nuestro mundo emocional como un hábito durante generaciones. En nuestros días, podemos explicarlo a través de que pueden darse ocasiones en que, la oxitocina que se mueve como químico de interconexión en las relaciones amorosas (por ejemplo) se ve traicionada por un cúmulo de palabras y expresiones sonoras enmarcadas en un embelesamiento premeditado, pero que en un cierto tiempo, se “dejan caer” hacia el abismo emotivo, cuando aparecen las verdaderas intenciones, que se han ocultado de forma reiterada.

“Somos así”, me dicen algunas personas, “es lo que hace todo el mundo: yo voy a sobrevivir, lo demás… no sé”. Esta es la “arquitectura en falso” que hemos construido cuando nos vivimos desde la respiración (más bien escasa) hacia afuera, aceptando usos y costumbres que nos llegan como estereotipos. La verdad es que los buenos psicólogos de la psicología transpersonal lo ven como una “fenómeno de patología social” muy arraigado, muy enquistado en el inconsciente que nos acoge, continuamente cristalizado. Pero la verdad es que tiene efectos de boomerang hacia nuestra realidad vital interior. La vibración se hace “insana”, como el agua se vuelve “contaminada” cuando hay productos nocivos para su consumo natural por las personas.

En eso, el agua y el sonido poseen capacidades similares de integración de nutrientes. En ambos casos, no sólo de elementos fisiológicos, sino vibracionales. Lo que Masaru Emoto nos mostró en las fotografías de las estrellas de agua, dan buena cuenta de esta situación. Es de una gran profundidad: mucho más allá de la corteza de “lo positivo”, las “afirmaciones”, “el buen rollo”. Aquí, la tecnología ha conseguido captar con gran belleza lo que se ha denominado “el espíritu de las palabras en el agua”.

Imágenes de las fotografías de Masaru Emoto sobre aguas impregnadas de vibraciones de sonido: palabras, canciones o el estado de aguas en lagos

La voz sana, por lo tanto, es aquella que se permite ser flexible con su capacidad expresiva, con su respiración, con su estado anímico. Es la que ha aprendido cómo sortear los vaivenes cristalizados en fórmulas de aparente “cortesía”, para establecer sus propios parámetros y mantenerse en una vitalidad dinámica. ”Sé quién soy, expreso lo que yo soy, vivo feliz, conectado conmigo.” La voz sana se nutre de su propia vivacidad, percibiendo el múltiple contraste con las otras voces, y tomando elecciones que mejoran su bienestar psico-físico. La verdad es que, en el fondo, nos evitamos muchos problemas si somos capaces de estar “en mi vibración, en mi verdad”. El sonido de la voz se amplía en resonancia, en “magnetismo personal” y en alegría interior.

La voz consciente es la que toma opciones, no sólo de aprendizaje expresivo, sino de “ensamblaje” con todo el material anímico que va conociendo de sí misma. Cuando esto sucede, “la voz es para siempre”. La manifestación de la persona está siempre en “la mejor versión de sí misma” por lo que la sonoridad que escuchamos se mantiene intacta durante toda la vida. “Los años no pasan por ti”, podríamos decirle a la voz de esa persona.

Me he dado cuenta que “conquistar la propia voz” representa ofrecer en zumo vibratorio lo mejor de mí misma, ampliar la capacidad de alcance en resonancia gracias a integrar el parámetro de “la verdad,” con la expresión de mi propio yo auténtico a través de “la presencia”.

Cuando estamos ahí, “la voz lo dice todo”. Tiene matices sutiles que las otras personas saben registrar en el mismo ámbito, más allá del subconsciente.

Por lo tanto, más que seguir un modelo conductual en la expresión de la voz para conseguir más clientes o más like, mejor que aprender con calzador esquemas melódicos “que le funcionaron” a “no sé quien”, la verdadera nitidez en la comunicación entre las personas puede estar en la base de poder despejar lo superfluo, superar lo traumático y dejar aflorar los dones, los talentos, la capacidad cordial de cada uno (las vibraciones cordiales del corazón, que ya están testadas científicamente), al igual que las flores ofrecen su exquisito perfume de forma “individualizada”. El símil es exacto: miles de fragancias (flores), miles de curvas melódicas en expresiones sonoras (personas). Es el máximo de expresividad cada uno, en su naturaleza.

Las palabras reconquistan la voz, su territorio natural en la expresión humana

La tecnología ha conseguido reproducir varios parámetros relacionados con la oralidad y la expresión del lenguaje. Segmentos vocálicos, bits, preprogramas que dan respuestas o información de un modo muy pragmático y previsible. Creo que es un momento social interesante poder describir la convivencia de estas nuevas necesidades tecnológicas.

La voz humana posee una ductilidad y una originalidad cumbre en el potencial de lo que podríamos llamar el mundo sonoro o la “sono esfera” en la que vivimos inmersos. Somos un instrumento musical dotado de una capacidad múltiple y con un espectro de actuación muy variado. El ritmo, los arcos melódicos, las resonancias, las texturas de la voz, además de las posibilidades armónicas tanto en la voz como en la música vocal (por ejemplo) nos invitan a contemplar de manera práctica, a vivir en nuestra sensibilidad la experiencia de lo que nos hace intérpretes o, mejor diré, solistas de un cromatismo vocal vivido en cada biografía.

Los aspectos informativos mecanizados se pueden mantener en los aparatos y funcionamientos de las aplicaciones por internet (lo que denominamos apps) y la toma de consciencia del gran regalo que la vida ha proporcionado a la especie humana, son de vital importancia y muy relevantes en esta aceleración del tiempo lineal.

Hay que recuperar la articulación adecuada, en la maravillosa musculatura orbicular que rodea a los labios. Musculatura flexible en macro movimientos y en micro movimientos que aportan una parte importante de los matices que podemos dar en la emisión vocal de un sonido redondo, perfecto, afectivo y cordial.

Tanto el micrófono como la proyección vocal, tan necesarios para llegar a nuestra audiencia, necesita la renovación de nuestra capacidad espacial (dirección de la voz, eco localización, conectividad, objetivos, etc.) por una parte, y de resonancia (como instrumentos musicales que somos, hay que insistir) en lo que se transmite, ya sean ideas, proyectos, perspectivos vitales o de evolución.

Cualquier acontecimiento importante, personal, festivo o a través de los medios, requiere ya de una tecnología que amplifica la voz natural, para dar más alcance al mensaje que deseamos transmitir. El mundo profesional también requiere tener en cuenta muchos aspectos, bien estudiados y entrenados, además de la “imagen” o la “moda…” El buen marketing, a día de hoy, ya habla de “cambia tus palabras para vender”, “cuenta tu mensaje de esta (x) manera”.

Las inflexiones de la voz humana son parecidas a los movimientos de la brisa en las hojas. El paisaje cambia constantemente, ofreciendo aspectos cambiantes del mismo fondo que “parece no cambiar”. Esa es otra de las superinteligencias sonoras que posee la voz: la capacidad de describir en distintos niveles (mas allá incluso de la neurociencia), de conectar en asociaciones de conceptos o de imágenes y la aportación de estructuras de pensamiento vitales y dinámicas para cada etapa de la vida.

Reconquistar la capacidad de la voz y su naturaleza vibracional va a permitir recuperar y crear estructuras no sólo de comunicación, o en las manifestaciones artísticas, sino que nos van a aportar la vinculación para el encuentro, dentro de la diversidad y la idiosincracia de cada uno, para poner en práctica los valores que nos unen cada vez más: la ecología, el respeto al medio ambiente, los derechos tradicionales y emergentes, los enfoques de una nueva economía más circular, etc.

La tecnología de la voz debe huir drásticamente de su equivalente inminente en la nutrición: me refiero a que la alteración que vivimos ahora con el fenómeno de los cultivos transgénicos, tiene un paralelismo en la disminución de los elementos vitales y los nutrientes vibratorios que fluyen por el torrente sonoro de la voz, si se ven disminuidos por parámetros digitales o modificaciones tecnológicas demasiado mecánicas.

Cada expresión personal es la interpretación global y holística –término que define lo invisible y vibracional– de la vida en singularidad: la arquitectura de los tiempos presentes y futuros va a estar en ir potenciando cada vez más la identidad que nos hace únicos, irrepetibles. La resonancia total será una luz que ofrecerá una estela infinita si conectamos todos los parámetros internos en la expresión de las ondas sonoras de la voz, impregnadas ya, por fin, de nuestra veracidad, de nuestras vibraciones cordiales, de nuestra propia luz y de la sonrisa melódica de nuestras palabras.

Macarena Miletich
Ocupó la Cátedra de Ortofonía y Dicción de la Universidad Politécnica de Valencia. Especialista en Técnicas Vocales. Consultora de voz, comunicación y lectoescritura. Investigadora. Autora del libro THE LIVING VOICE LA VOZ VIVIENTE (Natural Ed.). Sobre el empoderamiento a través de la voz
macarenamiletich@gmail.com