Alimentos para combatir la inflamación

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Tomar antiinflamatorios farmacológicos no es la única forma de abordar terapéuticamente las enfermedades que cursan con inflamación. También tenemos a nuestro alcance alimentos y suplementos dietéticos que tienen un poderoso efecto inhibidor o modulador de la inflamación.

Así mismo, se conocen además con exactitud alimentos que tienen justamente el efecto contrario, es decir, que estimulan o promueven los procesos inflamatorios.

De modo, que el conocimiento tanto de unos como de otros, pueden permitirnos incidir de manera muy directa sobre este proceso fisiológico natural.

Conociendo la inflamación

La inflamación es un proceso tisular complejo, constituido por una serie de fenómenos moleculares, celulares y vasculares cuya función es defensiva frente a agresiones de tipo físico, químico o microbiológico. Los aspectos básicos que se destacan en el proceso inflamatorio son la focalización, la respuesta inmediata e inespecífica del mismo y la atracción de células inmunes de los tejidos vecinos, facilitadas por un aumento en la llegada de sangre a la zona.

Tradicionalmente la inflamación se ha considerado integrada por los 4 signos de Celso: calor, rubor, tumor y dolor.

El calor y el rubor se deben a las alteraciones vasculares que determinan una acumulación sanguínea en el foco. El tumor se produce por el edema y acúmulo de células inmunes, mientras que el dolor es producido por la actuación de determinados mediadores sobre las terminaciones nerviosas del dolor (nocioceptores).

De forma esquemática, podemos decir que la inflamación consta de cinco etapas:

  1. Liberación de mediadores de la inflamación.
  2. Efecto de los mediadores.
  3. Llegada de moléculas y células inmunes al foco inflamatorio.
  4. Regulación del proceso inflamatorio.
  5. Reparación.

Un elemento muy importante a entender, es que el objetivo último de la inflamación es la reparación del tejido que ha sido dañado.

Enfoque de la inflamación por la medicina convencional

Para la medicina convencional la inflamación es considerada como una característica de la enfermedad, que deberá inhibirse por cualquier medio para restablecer la salud.

Y por ello se utilizan toda una batería de fármacos destinados a suprimir a toda costa el proceso inflamatorio, tales como los antiinflamatorios no esteroideos como el ibuprofeno, el paracetamol, la aspirina o los corticoides.

Sin embargo, la administración continuada de estos medicamentos presenta importantes efectos secundarios, como son, daño hepático y renal, hemorragias, ulceraciones, trastornos grastrointestinales, osteoporosis y alteraciones de los lípidos en sangre.

Considerando que algunas enfermedades cursan con un proceso de inflamación crónico, como es el caso de la artritis reumatoide, es fácil imaginar la cantidad de daños acumulados que presentarán estos pacientes debido al tratamiento farmacológico, y que se le sumarán a los ocasionados por la propia enfermedad.

Otra forma de ver la inflamación

En base a lo que se ha explicado en apartados anteriores, vemos que la inflamación es un proceso fisiológico natural cuyo cometido es defender al organismo de diferentes tipos de agresiones, y que como fin último tiene la reparación.

Ampliando un poco esta definición diríamos también que la inflamación es un mecanismo biológico autorregulado de limpieza y restauración, orientado a la eliminación de toxinas endógenas (las que se generan en el organismo) y exógenas (las que provienen del exterior) principalmente del medio celular.

De modo, que inhibiendo sistemáticamente la inflamación estamos mermando la capacidad de nuestro organismo para autoreequlibrarse.

¿Qué puede hacerse?

En primer lugar, y antes que nada, es necesario dejar claro que la intención de este artículo en ningún caso es animar a la gente que padece una enfermedad inflamatoria a que no tome fármacos destinados a este fin, sino dar a conocer otras opciones científicamente probadas, que pueden servir de tratamiento complementario al tratamiento médico convencional, haciendo que estos pacientes requieran menos tratamiento farmacológico, debido a la mejora de sus síntomas. Al tiempo, pretendo estimular a los profesionales de la salud a que exploren otras vías. Que sin duda, las hay.

Dicho esto, y para contestar esta pregunta, me remito al inicio del artículo; podemos utilizar la alimentación como forma de modular, que no de inhibir la inflamación, potenciando mediante algunos componentes de los alimentos, los antiinflamatorios naturales con los que viene equipado ya nuestro organismo.

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Dado lo novedoso que resulta proponer la nutrición como tratamiento coadyuvante de la inflamación, al menos en una sociedad tan extremadamente medicalizada como la nuestra, vamos a hacer una pequeña revisión de publicaciones científicas, para ver qué se dice en este sentido, si es un fenómeno estudiado y si existe unanimidad en cuanto al papel que ejercen como antiinflamatorios, algunos componentes alimentarios o suplementos nutricionales.

Veamos un estudio llevado a cabo en 2002 por investigadores de la Universidad de Granada, y publicado en la Biomedical & Pharmacology Journal, afirma que la suplementación nutricional con omega 3 ha mostrado efectos significativos y esperanzadores sobre los síntomas en patologías tales como psoriasis, colitis ulcerosa y eccemas.

En otro estudio realizado por JJ. Belch y col. en 1988 sobre los efectos de la suplementación con omega 3 en pacientes con artritis reumatoide, y publicado en Annals of the Reumatics Diseases (the Eular journal), se comprueba que la mayoría de los pacientes, tras un tiempo de suplementación, pueden reducir la dosis de AINES (antiinflamatorios no esteroideos) e incluso, en algunos casos, suspenderla debido a la mejoría.

Otro estudio realizado por un equipo de investigadores de diferentes países y publicado en 2013, en la BioMed Reserch International, sobre el rol de los ácidos grasos poliinsaturados omega 3 en la modulación de las citoquinas inflamatorias y mediadores lipídicos bioactivos, y su papel en las enfermedades inflamatorias, neurodegenerativas y neoplásicas, concluye que existe una gran evidencia experimental que apoya la función antiinflamatoria y antitumoral de los ácidos grasos omega 3.

Dado que el volumen de estudios realizados en este campo de investigación es muy extenso, consideramos que los aquí expuestos, pueden servir de muestra para ilustrar al lector.

Pon los alimentos a tu servicio

Es indispensable revisar nuestra forma de alimentarnos (sobre todo si padecemos una enfermedad inflamatoria), ya que puede resultar favorable o desfavorable para la inflamación.

El problema surge cuando caemos en la cuenta de que la mayoría de la gente tiene una dieta rica, precisamente, en los alimentos que favorecen la inflamación, sólo hay que mirar lo carritos de la compra en los supermercados.

El abandono de los modelos alimentarios propios de la región mediterránea por lo nuevos hábitos importados del otro lado del charco, han hecho de nosotros una población bastante más insalubre de lo que por tradición cultural y alimentaria deberíamos ser.

Por eso, se hace necesario rescatar del olvido los alimentos tradicionales, y aprovechar el conocimiento actual de la ciencia nutricional, tan en desuso en el mundo médico en general.

Para ser más concretos en nuestra propuesta, es conveniente enumerar aquellos alimentos que son imprescindibles para una alimentación antiinflamatoria, así como pautas dietéticas específicas para lograr este efecto.

Alimentos antiinflamatorios

  • Pescados azules, muy ricos en EPA (omega 3). Aconsejable el consumo de los de pequeño tamaño (sardina, jurel, boquerón, caballa, salmonete) ya que los de mayor tamaño presentan una elevada concentración en metales pesados.
  • Frutos secos, ricos en proteína vegetal y ácidos grasos esenciales omega 3 y 6, recomendamos el consumo de nueces y almendras, sin sal y sin tostar.
  • Semillas de lino y sésamo, ricos en omega 3 y 6, pueden consumirse las semillas molidas para ensaladas, arroces, yogures, etc.
  • Aceites vegetales de primera presión ecológicos, existen multitud de aceites vegetales como es el caso del aceite de linaza, girasol, sésamo, argán, etc. Fáciles de conseguir en tiendas especializadas, resultan especialmente recomendables el consumo de los que llevan en su composición mezcla de girasol y de lino, ya que aportan la cantidad y proporción necesaria de omega 3 y 6, para conseguir el efecto antiinflamatorio que buscamos. Estos aceites no son aptos para la cocción, sino para el consumo en crudo y como aderezos para ensaladas, verduras, etc.

Medidas dietéticas generales

  • Incorporar a la dieta habitual los alimentos antiinflamatorios anteriormente mencionados.
  • Mantener una dieta crudívora, o en su defecto, emplear métodos de cocción suaves como la cocción al vapor.
  • Reducir el consumo de alimentos de origen animal, especialmente carnes, lácteos y derivados de éstos.
  • Aumentar el consumo de frutas, verduras y legumbres.
  • Consumir lácteos de origen vegetal, procedentes de la almendra, avellana, sésamo o avena.
  • Evitar el consumo de alimentos con conservantes y colorantes artificiales.
  • Evitar el consumo de alimentos azucarados.
  • Evitar el consumo de vinagres.
  • Evitar el consumo de alimentos con grandes cantidades de sal.

A modo de conclusión

Los conocimientos actuales respecto del metabolismo, así como de los elementos que intervienen en la inflamación, permiten afirmar con total rotundidad, que tanto la intervención dietética, como la suplementación nutricional de ácidos grasos esenciales, constituyen una herramienta terapéutica valiosa, segura y eficaz como tratamiento coadyuvante en las enfermedades inflamatorias. Sin embargo, hasta ahora, la aplicación clínica de este conocimiento ha estado por detrás de lo que es la práctica médica habitual.

Razón por la cual, abogamos por la revisión de ciertos protocolos terapéuticos, en los que los antiinflamatorios farmacológicos son usados indiscriminadamente con la acumulación de daños y efectos secundarios que supone su consumo a medio y largo plazo para estos pacientes.

Parece oportuno cerrar este articulo citando a Hipócrates, el padre de la medicina, que en un extraordinario ejercicio de lucidez y sentido común, establecía una máxima que hoy más que nunca se hace necesaria: «haz de los alimentos tu medicina y de tu medicina los alimentos».

Alejandro Martos Navarro
Nutricionista y especialista en Terapias complementarias
centroholistica@yahoo.es