Aromaterapia y trastorno afectivo estacional

2177

De entre todos los malestares que pueden acometernos durante los periodos de cambio de tiempo, el desajuste conocido como S.A.D. (seasonal affective disease) o trastorno afectivo emocional, puede ser el más incapacitante y complicado de atender, pues sus síntomas son a menudo vagos, y sus causas aparentemente inexistentes. Sin embargo, una vez identificado, puede ayudarse con variedad de tratamientos naturales, entre ellos, la terapia con aromas.

Esta condición consiste en un cuadro de afectación del ánimo que se diferencia de otras formas de depresión por su relación con los cambios de estación. Los síntomas habituales incluyen, además del desánimo, bajos niveles de energía, letargia y tendencia a dormir demasiado, así como ansia por dulce y féculas, aumento de peso, cambios de humor, irritabilidad y aumento de la sensación de despropósito.

Esto es debido, principalmente, a que durante los meses de oscuridad, el cerebro produce más cantidad de melatonina, segregada por la glándula pineal en el cerebro, pues esta se activa en ausencia de luz. Esta hormona es responsable por los ritmos circadianos (sueño y vigilia) pues provoca somnolencia, a la vez que reduce la acción de otras hormonas relacionadas con la actividad, el metabolismo y la reproducción. Esto justificaría que, en países donde la luz del sol escasea, se da un mayor índice de suicidios, pues la sobreproducción de melatonina provoca este patrón de desánimo que, cuando se convierte en crónico, puede conducir a tan fatal desenlace.

La investigaciones científicas sugieren que se trata de un retraso evolutivo de la especie, pues nuestros antepasados cavernícolas reducían su actividad y su consumo en los meses fríos, refugiándose en las cuevas, moviéndose menos y durmiendo más, reservando así su energía. No es así en nuestra sociedad moderna, por lo que algunos individuos en la actualidad sufren tan enojoso desarreglo.

Y de entre todas las herramientas que la madre Naturaleza nos ofrece, los aceites esenciales de las plantas aromáticas medicinales constituyen un precioso y efectivo botiquín a tener en cuenta en esta condición que nos ocupa. Recordemos que la aromaterapia es una ciencia milenaria utilizada ya por los alquimistas egipcios no solo para la confección de ungüentos y cremas de tocador (oficio en el cual eran duchos) sino también en sus rituales religiosos, por el poder de los aromas sobre nuestra psique. Y, de hecho, esta práctica no quedó sepultada en las tumbas de los faraones del poderoso imperio, sino que ha navegado a través de la historia hasta legar a nuestra cultura occidental contemporánea, pues en los templos católicos se continúa usando el incienso de iglesia (Olibanum) para promover la buena disposición del espíritu.

aromaterapia-y-trastornoEsta tradición de usar los aceites esenciales por inhalación a través de diferentes métodos (sahumerios, difusores, botafumeiros, etc.) radica en el hecho de que, a través de la respiración, las partículas de estas esencias volátiles, pasan de la mucosa nasal al nervio olfativo, el cual está en contacto directo con el sistema nervioso central, causando un efecto inmediato en él. La prueba fehaciente es la rápida capacidad de evocación que tienen los olores, agradables o no. Efectivamente, su poder de activar automáticamente una memoria asociada nos demuestra su acción contundente y automática sobre el cerebro.

Por ello, en condiciones caracterizadas por trastornos en el ánimo y el humor, los aceites esenciales son imprescindibles. Sin embargo, la inhalación no es el único medio para beneficiarse de estas aromáticas substancias: baños, masajes y friegas con sinergias aroma-terapéuticas pueden también ayudarnos a recuperar el equilibro mental y emocional a través del cambio de estación.

En los casos en que la fatiga y la letargia son los principales síntomas, la albahaca nos ayudará a «expeler la melancolía del corazón» así como el romero, de conocida reputación como tónico, aportará claridad mental y elevará una tensión demasiado baja, de tal modo que aquellos con tendencia al insomnio deben evitar esta esencia por las noches. El tomillo es también un revitalizante de cuerpo y mente, además de un gran anti-infeccioso, por lo que además, ayudará a prevenir y combatir catarros primaverales. La pimienta negra es un gran estimulante más que puede rescatarnos de la apatía y la falta de ganas, así como la mirra puede «ponernos en marcha». En este caso, un dinámico masaje con una mezcla de estos aceites en una base de aceite portador, como sésamo, por ejemplo, que aguanta bien la temperatura y podemos calentarlo primero un poco, es la mejor opción. No olvidemos que la dosis para una mezcla corporal es de 6 gotas de aceites esenciales, en total, por cada diez mililitros de portador.

Cuando este trastorno coincide y se acentúa, además, con los trastornos menstruales, nuestro mejor aliado es, definitivamente, el aceite esencial de rosa. Este contiene en su composición lo que llamamos «fito-estrógenos» substancias vegetales similares a las hormonas femeninas, de modo que ejerce un potente efecto regulador en esta esfera. El inconveniente está en que la producción de este aceite requiere enormes cantidades de pétalos, de modo que es un aceite extremadamente costoso, y solo su alta eficacia y versatilidad justifica su producción. Sin embargo, este aceite cuenta con un «hermano menor» de similares características pero mucho más económico que es el aceite esencial de geranio. Aunque diversos autores no coinciden con respecto a si es tónico o sedante, todos congregan en el hecho de que es un estimulante de las glándulas suprarrenales, productoras de hormonas sexuales. También aquí el masaje es indicado, pero de manera suave y circular, en el bajo vientre y en la zona lumbar de la espalda.

El desánimo del S.A.D. puede, también afectar nuestro entusiasmo en los asuntos de alcoba, y en este ámbito, la aromaterapia es prolija en remedios. Entre las muchas esencias afrodisíacas que existen, el jazmín es, probablemente, el de mayor reputación. Le sigue muy de cerca el ylang-ylang cuya flor se esparce en el lecho de los recién casados en Indonesia, para promover la fecundidad. El patchouli, ampliamente usado en perfumería, es otro clásico para estimular la sexualidad, además de combatir la fatiga nerviosa, así como el neroli, que se obtiene de las flores de azahar, aligera el estrés vinculado a la sexualidad (de ahí su relación ancestral con las novias). Por último, aunque en absoluto menos importante, encontramos el sándalo exótico y sensual, además de relajante y anti-depresivo. Un buen baño caliente con cinco gotas de estos aceites (en total, podemos usar dos o tres aceites), antes de nuestro encuentro romántico, o como parte de él, puede renovar poderosamente la chispa erótica. Solo debemos asegurarnos de mezclar los aceites primero en sal o con una cucharada de alcohol antes de introducirlos en el agua, para que se diluyan bien y no queden flotando.

Como hemos comentado, también la irritabilidad y los cambios de humor son estados que pueden caracterizar este trastorno. Aquí, la manzanilla nos ayudará a combatir el insomnio y combatir las asperezas del ánimo. También de efecto relajante, la salvia esclarea nos ayudará a combatir el estrés, pero cabe tener la precaución de no combinarla con el consumo de alcohol pues puede producir pesadillas.

Y, cómo no, el más versátil de todos los aceites esenciales, la lavanda, gran equilibrador, a pesar de su reputación como puramente relajante, contribuirá a un estado de calma y ecuanimidad. Aunque masajes y baños son indicados en este caso, la inhalación será quizás, más efectiva, sobre todo si usamos un difusor de esencias en nuestros ambientes habituales, particularmente en la habitación donde dormimos. También podemos poner tres o cuatro gotas de estos aceites (de nuevo, en total) en un pañuelo e introducirlo entre la almohada y su funda, para respirarlo mientras dormimos, sin que las gotas entren en contacto directo con nuestra piel, pues podrían irritarla, así como los ojos.

Finalmente, un grupo de aceites esenciales a considerar son los cítricos. Desenfadados y de naturaleza solar, nos aportan la luminosidad de la que el invierno nos priva. Son, en general, equilibradores, relajantes, sin ser sedantes, y estimulantes, sin promover la agitación. El pomelo facilita la actividad mental, por lo que es ideal vaporizado en la oficina. La naranja es un gran anti-depresivo y anti-estrés, que eleva el ánimo. El petit-grain, que se extrae de las hojas del naranjo, es específico para combatir el insomnio por soledad e infelicidad y para depresiones leves pero prolongadas. Y la mandarina, que, pudiéndose usar en embarazadas y bebés (a diferencia de la mayoría de aceites esenciales) relajará la tensión nerviosa y nos otorgará un feliz descanso. Los cítricos pueden en cualquiera de los métodos mencionados, con la precaución de que, al ser ligeramente fotosensibles pueden crear manchas en la piel contacto con la luz, por lo que si se aplican en masaje, debe ser en dosis bajas y no previamente a la exposición directa al sol.

Y dentro de este conjunto encontramos el aceite esencial más preciado en el plano emocional que es, sin duda, la bergamota. Es un poderoso equilibrador que levanta el ánimo pero a la vez relaja y que combina bien con casi todos los aceites florales, aunque de todos los cítricos, es el más fotosensible, por lo que siempre es mejor usarlo en inhalación. Unas gotas en un difusor bastarán para hacernos, poco a poco, sentir mejor.

Además de la Aromaterapia, existen otras estrategias para combatir este «blues» estacional como son:

  • Exposición a la luz, baños de sol cuando sea posible
  • Reducir el consumo de estimulantes (café, alcohol, chocolate o azúcar), pues producen efecto rebote
  • Aumentar el consumo de alimentos que estimulan la producción de serotonina como pescado, pavo, pollo (biológicos), legumbres, aguacates, bananas y germen de trigo, entre otros.
  • Aumentar el consumo de cereales integrales, que producen sensación de saciedad, sin provocar un pico de glucemia.
  • Hacer ejercicio regular durante las horas de luz, para aumentar la producción de serotonina.
  • Tomarse las vacaciones en los meses fríos.
  • Aumentar la ingesta de vitamina C.
  • Consumir fruta y verdura fresca y del tiempo.

Y sin duda, aceptar los procesos de la tierra, del clima, y de la vida en general, y entender que cada ciclo tiene sus características, que se dan por algún motivo, y que siempre es más sabio intentar fluir acorde con el curso natural de las cosas.

Anna Orench
Aromaterapeuta, Naturópata, Reflexóloga y Acupuntora
orench.anna@gmail.com