Abriéndose paso a la medicina popular

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Medicina popular – Antiguamente las plantas eran empleadas como remedio de las enfermedades y en algunos casos adquirieron poderes sobrenaturales manifestados en la magia, la mitología y superstición. Con el paso del tiempo las plantas se incorporaron a la metafísica y sus poderes se convirtieron en prácticamente ilimitados. De aquí surgió la ciencia específica del estudio de las plantas llamada fitoterapia.

La fitoterapia (del griego fyton, «planta», «vegetal» y therapeia, «terapia») es la ciencia del uso extractivo de plantas medicinales. La materia prima vegetal de la que hace uso, sometida a los procedimientos galénicos adecuados permite obtener lo que se conoce como fitofármaco.

La fitoterapia pertenece al ámbito de la medicina y se relaciona estrechamente con la botánica y el estudio del metabolismo secundario vegetal, es ejercida por médicos y por fitoterapeutas. La farmacéutica tiene su aproximación a la fitoterapia en la farmacognosia, que da cuenta de los constituyentes químicos de las plantas o de sus órganos o partes y de las propiedades farmacológicas de estos. La Fitoterapia moderna, se basa en el conocimiento de la Farmacología, y considera los aspectos farmacodinámicos y farmacocinéticos de los medicamentos basados en plantas medicinales, en estudios preclínicos y clínicos, aunque tiene su punto de origen en el conocimiento ancestral y la experiencia de prueba y error heredada de las pasadas generaciones.

Hoy en día la ciencia confirma la presencia en ellas de compuestos químicos con acciones farmacológicas, denominados principios bioactivos, que constituyen muchas veces los ingredientes primarios utilizados por laboratorios farmacéuticos como punto de partida en el desarrollo de formas comerciales que serán patentadas para su uso terapéutico. Pero también se pueden usar los recursos vegetales con propiedades medicinales para la preparación de extractos estandarizados de plantas o de sus órganos o partes y son denominados fitofármacos. Los fitofármacos alcanzan un papel relevante en la terapéutica moderna y pueden ser utilizados con fines preventivos o de tratamiento de las más diversas patologías y basado en lo que se conoce como la medicina basada en la evidencia.

Actualmente, la normativa en vigor que regula el mercado de los medicamentos con plantas medicinales es la siguiente:

  1. Ley 29/2006, de 26 de julio, de garantías y uso racional de los medicamentos y productos sanitarios.
  2. Real Decreto 1345/2007, de 11 de octubre, por el que se regula el procedimiento de autorización, registro y condiciones de dispensación de los medicamentos de uso humano fabricados industrialmente.

A esta legislación nacional hay que añadir la Directiva 2004/24/CE del Parlamento Europeo y del Consejo, de 31 de marzo de 2004, disposición europea que fue transpuesta a la legislación española mediante los artículos 50 a 54 del Real Decreto 1345/2007.

En 2004 apareció la Orden SCO/190/2004, de 28 de enero, por la que se establecía la lista de plantas cuya venta al público quedaba prohibida o restringida por razón de su toxicidad. La Orden incluía un total de 197 especies y géneros botánicos, de los que por razones de seguridad, su utilización quedaba restringida a la fabricación de medicamentos, cepas homeopáticas y a investigación. Por tanto, la venta libre de estas plantas al público quedaba prohibida (salvo con fines ornamentales, industriales o cosméticos). Sin embargo, esta Orden fue anulada y por tanto no es de aplicación al mercado de plantas medicinales.

Para la obtención de los principios bioactivos de las plantas es de suma importancia la correcta recolección de las mismas. Los distintos órganos de una planta actúan de órganos de reserva en un momento distinto de la vida de la planta que es el momento en el que hay que recogerlos para obtener la mayor riqueza en su composición.

Durante el invierno la mayor parte de los compuestos de la planta se acumulan en el tallo de las plantas leñosas y en las raíces de las plantas herbáceas. Las hojas y las flores se deben recolectar al inicio de la floración. Las flores se deben recoger cuando están en capullo y recién abiertas, ya que después se inicia la formación de frutos y semillas. Los frutos y las semillas se deben recolectar cuando están perfectamente maduros.

Una vez realizada la recolección se procede a la desecación. Ésta se realiza a temperaturas no superiores a los 40-50°C, las cuales podrían alterar algunos principios activos. Preferiblemente el proceso se lleva a cabo en ausencia de luz y a la sombra para evitar que las sustancias colorantes, antocianinas y carotenos sean destruidos por el sol. Se debe realizar en un lugar seco y ventilado.

Cuando se trata de secar raíces, frutos, cortezas, órganos muy acuosos o determinadas plantas que requieren de un secado rápido, convendrá utilizar un horno procurando no elevar la temperatura por encima de los 40 °C.

Una vez desecadas se deben conservar en tarros herméticos en lugares muy secos.

Hay algunas plantas que se deben usar frescas debido a que la desecación les produce una pérdida parcial o total de algunas de sus propiedades, tal es el caso de las antiescorbúticas o el caso de muchas especies emolientes y casi todas las vulnerarias que se utilizan para cataplasmas por su contenido en mucílagos.

Las principales formas de preparar las plantas se pueden resumir en las siguientes:

  1. Zumos o jugos de plantas frescas.
  2. Pulverizados de plantas secas.
  3. Extractos acuosos o tisanas de las plantas secas o frescas.
  4. Extractos alcohólicos de las plantas secas o frescas.
  5. Preparaciones de uso externo.

La utilización de uno u otro sistema dependerá del tipo de tratamiento, de las características del órgano de la planta que vamos a utilizar, del tipo de solubilidad de los principios activos que queremos aprovechar y en algún caso del gusto o preferencia de cada cual.

En la preparación de las recetas complejas (con más de una planta) hay que procurar utilizar siempre los mismos tipos de órganos de las distintas plantas, pero nunca mezclar por ejemplo raíces con flores, pues ambas requieren técnicas distintas de extracción.

Cada planta presenta una acción principal que se define en las características de cada planta:

  • Diuréticas: estimulan el funcionamiento del riñón aumentando el contenido de sales o el contenido de agua. Sobre todo plantas que contienen saponinas, sales inorgánicas, flavonas o principios amargos. (Cardo santo, gayuba, gatuña, amargón o diente de león, vara de oro o solidago).
  • Sudorífica o febrífuga: provocan un aumento de la sudoración. Plantas con derivados fenólicos. (Abedúl, cardo santo, valeriana, ceibo, sauco, eucalipto).
  • Expectorantes: estimulan la secreción de mucus en las vías respiratorias. Plantas que contienen saponinas, esencias aromáticas o resinas (acoro, ajo, romero, eucalipto).
  • Aperitivas, tónicos estomacales y digestivas: estimulan el apetito. Plantas con principios amargos, esencias muy aromáticas (ajedrea, manzanilla, naranjo, nogal, poleo, roble, salvia, tomillo, verbena).
  • Colagogas: estimulan la secreción de bilis del hígado.
  • Carminativas: eliminación de gases ya formados. Plantas con mucho mucílago y otros polisacáridos (anís, hinojo, angélica, zanahoria).
  • Antisépticas: inhiben el crecimiento de bacterias. Plantas con esencias aromáticas y amargas.
  • Laxantes: estimulan el peristaltismo del intestino y una mayor relajación del recto.
  • Vermífugas o antihelmínticas: eliminación de lombrices y vermes intestinales (ajenjo, ajo, artemisa, helecho, hinojo, llantén, manzanilla, ruda, solidago, tanaceto, valeriana).
  • Eméticas y purgantes: provocan el vaciado de vías digestivas. Plantas prohibidas a pletóricos, propensos a la apoplejía, hernia o descenso del útero (árnica, ipecacuana). Purgantes catárticos o fuertes: sen, correhuela, ruibarbo. Laxantes o débiles: cañafístula, lino, zaragatona. Purgantes drásticos o muy fuertes: corteza de frángula, jalapa, semillas de ricino o de tártago.
  • Tónicos cardíacos: acción reguladora del funcionamiento del corazón. Plantas ricas en alcaloides.
  • Sedantes: actúa relajando el sistema nervioso. Plantas ricas en esencias aromáticas y resinas (melisa, lino, tilo, flor de naranjo).
  • Calmantes o anestésicas: reducen el dolor o bien provocando relajación de la musculatura o bien anestesiando la zona.
  • Antiespasmódicas: disminuyen las contracciones espasmódicas bien sea de vías respiratorias o de las vías digestivas (manzanilla, melisa, menta, salvia, tilo, tomillo, valeriana, verbena).
  • Estimulantes: provocan una aceleración del sistema nervioso (coclearia, ajedrea, angélica, boldo, eucalipto, levístico, salvia, saúco negro, serpol, verbena).
  • Astringentes: contraen las fibras musculares lisas o involuntarias de los distintos tejidos y órganos. Plantas ricas en taninos (ortiga, arándano, frángula, bistorta, bolsa de pastor, encina, regaliz).
  • Hipertensora o vasoconstrictora: provocan contracción de vasos sanguíneos aumentando la tensión arterial.
  • Hemostáticas: impiden las hemorragias contrayendo los vasos o los tejidos fracturados.
  • Vulnerarias: favorecen la cicatrización (melisa, sangre de toro, verbena, zanahoria, hierba de San Juan, artemisa).
  • Hipotensora: provocan dilatación de vasos sanguíneos reduciendo la tensión arterial.
  • Rubefacientes y vesificantes: provocan un transvase de células de sangre con la correspondiente irritación de la zona.
  • Cáusticas: provocan la destrucción de los tejidos donde se aplican. Plantas que contienen látex.
  • Emenagogas: regulan el ciclo menstrual. Provocan flujo menstrual actuando sobre el útero (caléndula, Helenio).
  • Abortivas: estimulan las contracciones uterinas provocando la expulsión del feto en mujeres embarazadas y el óvulo provocando la llegada de la menstruación.
  • Hipoglucemiante: reducen el nivel de glucosa en sangre.
  • Béquica: produce la hidratación del pulmón.
  • Depurativas: limpian la sangre (achicoria, llantén, nogal, tusilago, zarzaparrilla, ortiga verde).
  • Emolientes: ablandan tejidos, cómo abcesos, úlceras, granos, golpes o inflamaciones (lino, malva, lámpsana, flor de heno y alholva o frenogreco).
  • Refrigerantes (atemperantes): bajan la temperatura del cuerpo (limón, manzana, naranja, gayuba, lino, lechuga, sandía).
  • Sialagogas: aumentan la saliva (lino, rábano).

Hay que tener presente que en la naturaleza cada planta puede presentarse en infinidad de diferentes variedades, por ello, es importante tener conocimientos de botánica.

Cada planta suele presentarse con su nombre común además del nombre en latín en el cual deja claramente especificada su variedad (milenrama, achillea millefolium) y con ello sus características.

Teniendo en cuenta todo ello, se puede decir que cada planta es un mundo y que como cada persona es diferente hay que ser extremadamente riguroso personalizando el uso de la fitoterapia a cada persona.

Ainhoa Martín Ramírez
Tecnóloga de los alimentos