Acupuntura sí o no

1495

En las últimas semanas son muchas las referencias realizadas tanto en círculos médicos como no, o en distintos medios, al recientemente publicado en Alemania estudio Gerac sobre la eficacia de la acupuntura. Para muchos llega como anillo al dedo y sirve como argumento para rebatir la concepción energética del ser humano que subyace tras su práctica de acuerdo a los principios transmitidos desde hace milenios por la Medicina Tradicional China.

Sirva como ejemplo el artículo publicado por el suplemento «Domingo» del diario El País, traducción de un reportaje de la revista Der Spiegel, y titulado «La curación imaginaria». El estudio diseñado para analizar los resultados de la acupuntura sobre el dolor, se llevó a cabo sobre tres grupos. Al primero le fueron aplicadas las agujas según el sistema tradicional, al segundo en puntos no considerados terapéuticos, y al tercero se le trató con fármacos. Los resultados finales dieron la misma eficacia a la acupuntura real, que a la «falsa», y demostraron que los pacientes mejoraron más con cualquiera de estas dos que con la administración de fármacos. Pues bien la lectura que muchos están empeñados en hacer es que a la hora de poner las agujas igual da en un lugar que en otro. La investigación tal y como ha sido presentada crea voluntaria o involuntariamente confusión entre todos aquellos que recurren a la acupuntura, sea ésta practicada por médicos o por terapeutas naturales.

Los resultados del estudio Gerac (German Acupuntura Trials) aparecen justo en un momento en que las terapias y los terapeutas naturales tratan de obtener un reconocimiento en toda la Unión Europea que les permita no sólo estar accesibles a todos los ciudadanos, sino que sus prácticas, libremente elegidas por los pacientes, sean de alguna manera costeadas por la Sanidad pública o los seguros privados.

Estos esfuerzos cuentan con la oposición mayoritaria de los médicos oficiales, y de los grupos farmacéuticos internacionales, que consideran, ambos, la salud como un monopolio, mientras continúa aumentando el gasto farmacéutico de manera exorbitante en casi todos los países de la Unión. Ciertamente los primeros beneficiados de elevar a los altares de la ciencia este estudio serán las compañías de seguros privadas que podrán negarse a abonar los tratamientos y las compañías farmacéuticas encargadas de subvencionar la mayor parte de la investigación en Universidades y Centros de Investigación de todo el mundo.

El propio titular del reportaje «La curación imaginaria», contribuye a crear la impresión de que la acupuntura es una ciencia inútil, que igual da dónde se coloquen las agujas mientras el paciente sepa que se las colocan, cuando lo realmente notable del estudio Gerac, la viga que los médicos se niegan a ver, es que claramente pone de manifiesto la inutilidad en algunos casos de los tratamientos farmacológicos, menos eficaces que la acupuntura, sea la verdadera o la supuestamente «falsa». Puede que siga siendo complicado entender cómo funciona la acupuntura pero está claro que a la vista de los resultados, si algo resulta escandaloso es que se utilice el citado estudio contra la acupuntura en lugar de contra la administración indiscriminada de fármacos.

Desde COFENAT (Confederación de Terapias Naturales y No Convencionales), entidad en la que se encuentran inscritos numerosos profesionales de la acupuntura creemos necesario realizar algunas reflexiones:

  • Tratar de medir la acupuntura con parámetros convencionales resulta siempre arriesgado si partimos de la base de la concepción que del ser humano como un todo energético mantiene la Medicina Tradicional China. De acuerdo con esta concepción todo nuestro organismo está recorrido por conductos energéticos que forman un todo relacionado interactivo en el que no sólo cuentan los denominados meridianos, sino también puntos reactivos provocados por las patologías y que están fuera de los mismos. Es bien conocida por todos los expertos en Medicina Tradicional China la existencia de una malla energética que abarca todo el organismo, más superficial e independiente de los meridianos tradicionales que actúan sobre los órganos, y que entronca con los denominados meridianos tendinomusculares. La actuación sobre esta malla en puntos completamente diferentes de los clásicos precisa menos profundidad con las agujas y sirve, entre otras cosas, para tratar el dolor. Por eso puede darse el caso de que ciertas actuaciones fuera de los meridianos principales modifiquen parámetros energéticos que contribuyan al benefi cio del paciente.
  • No se pueden reducir los beneficios de la acupuntura a cuestiones subjetivas cuando desde hace milenios se vienen obteniendo resultados en el tratamiento de dolores y otras patologías en bebés y niños de corta edad a los que las agujas asustan más que complacen. Y no sólo eso, está más que comprobado en todo tipo de estudios, a los que se puede acceder a través de la Red, los beneficios de la acupuntura en el tratamiento veterinario, lo que permite suponer la existencia de algo más profundo que el poder de la imaginación, en este caso de los animales.
  • La acupuntura debe de dejar de ser observada desde el lenguaje poético de la tradición que en Occidente más que aclarar, confunde, y empezar a ser observada bajo la moderna óptica bioenergética que expone de manera clara y evidente la relación indisoluble entre la energía y la materia. No hay vida sin energía. No hay química sin energía, ya que para que se produzca un enlace químico de los que subyacen en cualquiera de los procesos celulares y metabólicos se precisa un aporte energético. Y esa energía circula a través de unas rutas electromagnéticas de diferentes niveles de resistividad que conforman las redes de vías principales (Jingmai) y secundarias (JingLuo).
  • Un argumento recurrente es la imposibilidad de demostrar los principios de la acupuntura. Y no es así. Si se quiere comprobar la existencia de la energía en los puntos de acupuntura basta una simple medición bioeléctrica, siguiendo la ley de Ohm, intensidad es igual a voltaje por resistencia. Está demostrado por la ley de Ohm que cuanta más energía hay en una zona, menos resistencia existe al paso de corrientes de bajo voltaje. Si esto se cumple, si intensidad es igual a voltaje partido por la resistencia, y a un individuo le aplicamos una constante de 12 voltios mientras que en un aparato medimos la intensidad de forma acústica o lumínica, cualquier médico puede comprobar que dependiendo de la zona que esté midiendo obtiene diferentes resistencias. Acto seguido no habrá ningún problema para confirmar que en las zonas donde menos resistencia hay es precisamente en las zonas donde desde hace miles de años la Medicina Tradicional China ha situado los meridianos de acupuntura. La piel ofrece más resistencia al paso de corriente de bajo voltaje que el meridiano porque el meridiano tiene más energía, pero a su vez el meridiano de acupuntura ofrece más resistencia que el punto de acupuntura porque el punto tiene más energía. Todo ello es fácilmente demostrable con un aparato que mida la intensidad en microamperios.
  • ¿Y los estudios? claman los ortodoxos. Claro que sólo en Occidente, porque en Oriente no es preciso demostrar una y otra vez su eficacia, y allí también la gente enferma y busca los mejores caminos para la curación. Pero también hay estudios que validan la existencia de los meridianos. Los más críticos podrían repasar los trabajos del investigador francés Pierre de Vernejoul, quien determinó que el sistema de meridianos es independiente de la red vascular. Vernejoul inyectó diferentes isótopos radiactivos, como el tecnio, a través de los puntos de acupuntura y controló su absorción mediante una cámara de gammagrafía. Así pudo comprobar que la sustancia inyectada migraba siguiendo los meridianos clásicos de la acupuntura china mientras que la aplicación del mismo isótopo en puntos de la epidermis elegidos al azar o en las vías venosas o linfáticas no producía ninguna difusión comparable a la primera.
  • También fueron notables en su momento y siguen siendo una referencia válida, los estudios del profesor coreano Kim Bong Han sobre conejos, que dieron como resultado el descubrimiento de una red de túbulos de 0,5 a 1,5 micras de diámetro, situados en los puntos de acupuntura de estos animales. Por ellos se hizo fluir una sustancia inyectada, un isótopo radioactivo del fósforo, el p32.

Utilizando técnicas de microrradiografía descubrió que el p32 era activamente absorbido por unas conducciones que formaban parte de un fino sistema de túbulos, cuya distribución coincidía con la de los clásicos meridianos de la acupuntura. En cambio las concentraciones de p32 en los tejidos inmediatamente adyacentes a estos meridianos, o en los próximos al punto de inyección, eran despreciables. Cuando se inyectó deliberadamente el p32 en una vena próxima, poca o ninguna difusión se observó en la red de los meridianos, resultado que sugiere que dicho sistema de meridianos es independiente de la red vascular. La acupuntura es practicada cada vez más tanto por los médicos como por los terapeutas naturales, simplemente porque funciona y los pacientes la demandan. Unos utilizan simplemente las técnicas, otros las técnicas al servicio de una filosofía propia de la salud.

Mucho se puede profundizar en las posibilidades de la acupuntura y las diferencias que separan a quienes la practican sabiendo que el organismo es un todo energético sobre el que se puede actuar regulando la energía de los distintos órganos, de quienes sólo la utilizan como técnica para movilizar neurotransmisores contra el dolor. Ambas cosas son válidas pero no iguales. Y aún más allá de este debate resulta curioso que se haya puesto más hincapié en la paja que supone si los puntos son reales o no, que en la auténtica viga que aplasta nuestro sistema de salud, la eficacia de los medicamentos en ciertas ocasiones.

Aún leyendo torcidamente los resultados resultaría que la acupuntura, o el poder mental del placebo (esta vez con agujas) es más eficaz a veces que los fármacos. Esa si es una noticia.