Ejercicio físico y salud en el verano

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La participación en programas de ejercicio físico regular es una intervención efectiva para reducir el deterioro funcional y prevenir las enfermedades crónicas asociadas.

Nos acercamos al periodo de vacaciones y una costumbre habitual es plantearnos hacer o aumentar la actividad física y el ejercicio que realizamos. Hay incluso personas que quieren utilizar este tiempo de ocio para intentar ponerse un poco en forma.

Una pregunta frecuente es la de definir el papel que el ejercicio y la actividad física y, en consecuencia, la condición física, pueden tener en la mejora del estado de salud, la capacidad funcional y la calidad de vida. Aunque es difícil de valorar, parece que los individuos que se han mantenido activos durante su etapa adulta sufren un envejecimiento más lento que los sedentarios, así como menores tasas de mortalidad y, por lo tanto, una mayor longevidad. Además, las personas que en cualquier momento de su vida abandonan su hábito sedentario para pasar a otro más activo físicamente, o aumentan su forma física, reducen significativamente sus tasas de mortalidad.

La participación en programas de ejercicio regular es una intervención efectiva para reducir el deterioro funcional y prevenir las enfermedades crónicas asociadas con la edad, cumpliendo así la máxima «añadir vida a los años y años a la vida». A pesar de ello, los médicos no están recomendando habitual ni correctamente programas de ejercicio regular.

Todavía está por definir adecuadamente qué es una vida saludable y, aunque la salud no es sinónimo de longevidad, ambos conceptos se equiparan a menudo. El estilo de vida saludable para algunos autores implica seguir un determinado régimen de vida en el que se incluye la disciplina dietética, ciertas formas de ejercicio físico y reducir o eliminar los factores de riesgo sometiéndose regularmente a chequeos y despistajes médicos. Tal estilo de vida es hoy considerado socialmente correcto.

El primer manual del estilo de vida saludable fue «Regimen sanitatis» (1607) que procedía de la primera Facultad de Medicina de Italia que floreció en los siglos XII y XIII. En él podemos leer: «Salud, oh Rey de Inglaterra, toda la Escuela de Salerno te saluda. Si su Majestad desea permanecer sano y fuerte no se preocupe por las nimiedades y no deje que la ira le domine. No beba vino en exceso y no coma demasiado. Almuerce ligero y no duerma la siesta. Orine antes de que su vejiga se distienda demasiado y no apriete demasiado mientras defeca. Si no hay médicos en su alrededor, no se preocupe; los mejores médicos son el buen humor, la ausencia de preocupaciones y la moderación».

El interés médico hacia el ejercicio físico ha sido tardío. En el pasado, se consideraba una diversión placentera, un pasatiempo agradable pero no exento de peligro. Existen una serie de datos que nos sugieren que la actividad deportiva incrementa sensiblemente el riesgo de muerte súbita. En EEUU se tratan anualmente más de 20 millones de lesiones deportivas de distinta consideración. En Gran Bretaña los médicos ven anualmente cerca de millón y medio de lesiones relacionadas con el deporte, lo que supone alrededor de 5 millones y medio de días de trabajo perdidos. El «Informe Dunning» holandés afirmaba no estar muy convencido de si la práctica del deporte sirve para reducir el gasto sanitario o para incrementarlo, y según Henry Solomon, cardiólogo de EEUU, mueren un gran número de personas mientras realizan ejercicios para mantener la salud.

Según la Encuesta Nacional de Salud, un 46% de la población mayor de 16 años es inactiva, el 38% hace ejercicio o deporte ocasionalmente, un 8,5% practican ejercicio de forma regular y el 6% realiza entrenamientos periódicos para algún deporte. La frecuencia del sedentarismo aumenta considerablemente con la edad.

Cada día existe mayor evidencia de que la inactividad física y la falta de ejercicio están relacionados con el desarrollo de diversos trastornos y son causa importante de mortalidad e incapacidad en los países desarrollados. La mortalidad global, como hemos comentado, es más alta en los sujetos que llevan una vida sedentaria. El aumento de la actividad física de los sedentarios se correlaciona con reducciones de la mortalidad, lo que soporta la hipótesis de que el ejercicio aumenta la longevidad y constituye un importante predictor, tanto de la esperanza de vida como de su calidad. Incluso en estudios efectuados en los últimos años en EEUU se ha observado que los niveles altos de forma física disminuyen la mortalidad en general ajustada por edad, es decir, que la buena forma física podrá retrasar la mortalidad por todas sus causas, disminuyendo especialmente las tasas de mortalidad por enfermedades cardiovasculares y cáncer. Hay otros estudios que sugieren que la actividad física regular puede contribuir a la prevención y al control de otras muchas enfermedades y que constituye un importante componente en el estilo de vida saludable.

La mayoría de los autores utilizan los términos «actividad física», «ejercicio físico», «condición y forma física» y «actividades deportivas» de forma inespecífica, pero ¿podemos diferenciarlos?

La actividad física se define como «cualquier movimiento corporal producido por los músculos esqueléticos, y que tiene como resultado un gasto energético que se añade al gasto del metabolismo basal». Es decir, un consumo de energía superior al que normalmente se origina en estado de reposo.

Algunos autores diferencian actividad física y ejercicio físico, calificando como tal a este último cuando la actividad física está «planificada, estructurada y repetitiva, y tiene por objeto la mejora o mantenimiento de uno o más componentes de la forma física o del rendimiento físico». Parece, por tanto, que la intencionalidad de incrementar la capacidad funcional del organismo es lo que diferencia la actividad del ejercicio. Para entenderlo más sencillamente, diríamos que cuando realizamos un esfuerzo físico cuyo objetivo no es el de mejorar la forma física sino el realizar una actividad, como cuidar el jardín o la huerta, realizar tareas domésticas, trabajar, conducir o cualquier otra acción, estaremos hablando de actividad física, pero si ésta tiene como objetivo mejorar nuestra forma o capacidad física, hablaremos de ejercicio físico que, evidentemente, estará planificado para conseguir dicha mejora.

El deporte es «una actividad reglamentada y competitiva». Virtualmente todas las actividades de acondicionamiento físico y la mayoría de los deportes se consideran ejercicio físico. Muchos autores emplean indistintamente ambos términos. Independientemente de ello, sí que hay que definir adecuadamente a qué fin se destinan las actividades físicas o el ejercicio: médico, rehabilitador, preventivo, etc. y los especialistas deberíamos definir claramente la intensidad, duración y frecuencia de dicho esfuerzo físico.

Desde el punto de vista práctico la actividad física puede ser clasificada en tres categorías: durante el reposo y sueño, durante el trabajo (actividad ocupacional) y durante el tiempo libre (actividad de ocio y tiempo libre). Determinadas profesiones todavía entrañan niveles importantes de esfuerzo físico que inducen en la persona efectos similares a los del ejercicio físico o el deporte y, por tanto, protegen frente al desarrollo de determinadas enfermedades. Sin embargo, la gran mayoría de la población tiene actividades ocupacionales de un gasto energético muy bajo que, no sólo no confieren esa protección, sino que entrañan un mayor riesgo de desarrollar enfermedades, y es en su tiempo libre cuando deberían conseguir los niveles de actividad física protectora.

La forma física constituye un «estado del organismo originado por el entrenamiento». Asimismo, podemos definirlo como el «conjunto de características que poseen o alcanzan los individuos en relación a la capacidad de realizar actividad física». También como «la capacidad de desarrollar las actividades diarias con vigor y diligencia, sin fatiga y con energía suficiente para disfrutar de las actividades de tiempo libre y afrontar las emergencias eventuales». Acepciones más comunes identifican la forma física como «la capacidad de realizar actividades motrices, con una intensidad superior a la que pueden desarrollar los individuos no entrenados». Además, el concepto de forma física se define según el individuo; así, para un atleta estar en forma significa estar en una situación de superarse, ganar o batir un record, mientras que para un anciano o un enfermo es poder desarrollar sus actividades diarias y cotidianas sin sufrir una fatiga excesiva.

A pesar de no existir un consenso absoluto sobre el tema, el Comité para el Desarrollo del Deporte del Consejo de Europa (EUROFIT) considera varios elementos o factores que contribuyen a la condición o forma física y los relaciona directamente con la salud, y son la fuerza y la resistencia muscular, muy importante en la gente mayor; la resistencia cardiorrespiratoria para conseguir no cansarnos al realizar cualquier actividad habitual, el equilibrio en nuestra composición corporal, sobre todo tener una adecuada cantidad de grasa, no estando con sobrepeso y poseer una buena flexibilidad.

Por lo tanto, y con el mensaje claro de que una mejor condición física mejora nuestra salud, este verano puede ser un buen momento para comenzar a realizar ejercicio físico. Porque como siempre repito, la salud se puede y debe mejorar todos los días.

Andoni Jauregi 
Dr. en Medicina y Cirugía. Especialista en Medicina de la Educación Física y el Deporte. Presidente de la Asoc. Prof. de Osteópatas APREO y miembro de la EFO/FEO (Fed. Europea de Osteópatas). Director de la Clínica de Medicina Manual Osteopatía de Bilbao.