La Terapia Neural

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También recibe el nombre de Terapia Neural de Huneke en honor a los hermanos Walter y Ferdinand Huneke, médicos alemanes que son quienes la llevan hacia una metodología científica orientada a la terapéutica. Es una de las terapias fundamentales de la Medicina Biológica, porque la Terapia Neural es la primera técnica que nos empieza a hacer comprender que una lesión o alteración que está ocurriendo en un lugar específico de nuestro cuerpo, puede producirnos patologías y alteraciones en otros lugares.
La Terapia Neural es un procedimiento que actúa directamente sobre el sistema neurovegetativo, reordenando el funcionamiento del mismo, y simultáneamente, el estado bioenergético de la membrana celular. Consiste en la aplicación de microdosis de medicamentos denominados «neuralterapéuticos», que inyectados en puntos específicos, logran restablecer el orden perturbado.

Historia

En el año 1925, los hermanos Ferdinand y Walter Huneke, médicos alemanes, inyectaron a su hermana por error una droga llamada Atophanil, que contenía un anestésico local en su composición; gracias a esta equivocación le desapareció una jaqueca que al menos durante una década la venía atormentando. El dolor de cabeza le desapareció para siempre, así que dedujeron que la causa de la curación no podía provenir de un simple efecto anestésico.

Continuaron con la utilización de anestésicos locales, pudiendo comprobar que la sola aplicación intramuscular de los mismos, curaba tanto dolores de cabeza como mareos, sorderas, etc.

En 1928 publicaron sus experiencias bajo el título «Desconocidas reacciones a distancia de los analgésicos locales».

Con anterioridad a estos hallazgos, en 1883, el Dr. Ivan Petrovich Paulov expone su «Teoría del Nervismo», en la que explica el protagonismo del Sistema Nervioso como coordinador de todas y cada una de las funciones del organismo, resultando ser éste un concepto integral y de unidad total a través del Sistema Nervioso. En 1904, la Academia Sueca le concede el Premio Nobel de Medicina por sus trabajos sobre reflejos condicionados en la fisiología de las glándulas digestivas.

En el año 1884 se produce el descubrimiento de la anestesia local. A partir de estos conocimientos, comienza a desarrollarse con una gran dinámica la anestesia regional, utilizándose en un principio la cocaína como anestésico.

En 1898, el Dr. Head relaciona las áreas metaméricas entre la piel y los órganos internos. Explica la causa por la cual, cuando utilizamos la Terapia Neural en un paciente, depositándole sobre la superficie de la piel unas pápulas de procaína al 1%, ésta actúa sobre los órganos internos.

El Dr.Gustav Ricker, en el año1905, al formular su teoría sobre la «Patología de Relación»: «cada célula está en relación dependiente con el resto del organismo», rechaza los conceptos que pretenden aislar la célula de los humores y del sistema nervioso. Afirma: «las bacterias jamás generan directamente la enfermedad; es la interferencia que se produce en el sistema nervioso vegetativo, la que prepara el terreno».

En 1906, el Dr. Spiess observó el poder antiinflamatorio de los analgésicos locales. Sus trabajos en Alemania cayeron en el olvido pero se difundieron en la escuela soviética. Allí continúa este camino el Dr. Speransky, considerado hoy en día el fundador de la Patología Neural. Sus teorías nos muestran la participación del sistema nervioso en el nacimiento y en la evolución de todas las patologías, ya que dicho sistema controla todos los procesos que gobiernan las reacciones metabólicas de cada célula y de cada órgano.

El Dr. Speransky define la enfermedad como la respuesta del organismo a un estímulo, bajo la influencia directriz del sistema nervioso. El impulso que hace que surja la enfermedad puede provenir de cualquier parte, y transformarse en un foco de irritación nérvea, ocasionando una despolarización de todo el sistema neurovegetativo. Se ha comprobado respecto a esta teoría, que el hecho de colocar aceite de serpiente de cascabel (crótalo) debajo de una amalgama dentaria, produce meses después, la aparición de hemorragias intestinales.

Hay otro concepto que el Dr. Speransky define como «memoria del vegetativo», que consiste en la sensibilización, que una vez producida por un foco de interferencia, puede permanecer fijada en la memoria del sistema vegetativo durante meses o años actuando silenciosamente. Por ello, para curar completamente a un paciente, tendremos necesariamente que borrar todas las improntas de las enfermedades que haya padecido.

En 1941, el Dr. Ferdinand Huneke observó algo tan revolucionario como nuevo, que ponía en duda todas las concepciones existentes acerca de la causa de multitud de enfermedades. Recibió en su consulta a una paciente aquejada de un intenso dolor en la articulación del hombro derecho, resistente a todos los tratamientos y causante de la inmovilidad del citado miembro. Con la terapia de inyecciones de anestesia en la zona dolorosa no experimentó mejoría alguna, por lo que la decepción del Dr. Huneke fue total, ya que la paciente salió de su consultorio sin alivio alguno. Semanas más tarde, regresó con el mismo problema, quejándose además de una inflamación secundaria a una antigua cicatriz de osteomielitis, localizada en la cara interna de la pierna izquierda. Siguiendo su método le infiltró procaína en la cicatriz, e inmediatamente, y por completo, le desapareció el dolor del hombro, pudiendo al fin mover el brazo. ¡No tengo el más mínimo dolor!, exclamaba.

Ferdinand Huneke publica su libro «El fenómeno en segundos», en el que compila todos sus hallazgos. Sus teorías resultan muy controvertidas en su época, ya que como dijera Max Plank: «Todo lo nuevo en la ciencia necesita 50 años para poderse aceptar. Primero tienen que morir los viejos profesores y sus discípulos». Pero con toda la fuerza que da al ser humano el saberse en posesión de la verdad, luchó por darlas a conocer. El Dr. Peter Dosch, que resultó ser su discípulo más avanzado en Alemania, fue nuestro maestro.
El descubrimiento del «Fenómeno de Huneke», como también se le llama, cambió la concepción de la medicina académica sobre la génesis y curación de enfermedades.

Mecanismo de acción de la terapia neural

Las células de nuestro organismo son como pequeñísimas baterías, con un potencial de 40-90 milivoltios. Cada estímulo que la célula recibe, hace caer el potencial, llevándola a lo que se denomina «despolarización». Normalmente la célula lo recupera de inmediato a través de la energía que recibe procedente del metabolismo del oxígeno: «repolarización».
Si los estímulos irritativos son muy fuertes o numerosos, la célula no podrá mantener esa situación, se despolarizará permanentemente y no logrará ejercer de manera normal sus funciones. Surgirá lo que se denomina «campo de interferencia».

La disfunción de cualquier órgano, tejido, etc., puede producir efectos a distancia. El concepto de enfermedad local que introdujo Giovanni Battista Morgagni: «estoy enfermo del corazón, del hígado, del riñón, etc.», carece de validez, porque según el concepto de «campo interferente», siempre aparecerá un órgano que será el primero en enfermar, por poseer un punto de resistencia menor (locus minoris resistentiae), y al que el «campo interferente» se dirigirá de forma preferente.

El anestésico local, colocado en microdosis sobre el campo interferente, actúa repolarizando la membrana celular afectada por el impulso irritativo, reintegrándonos a una condición bioeléctrica normal y a una normalización fisiológica. Con ello se recuperará la función interferida en todos los circuitos del sistema neurovegetativo: neural, humoral, celular, hormonal y bioenergética.

En la aplicación de la Terapia Neural, utilizamos anestésicos locales (procaína, xilocaína, lidocaína, etc.) a muy baja concentración (del 0,5 al 1%), ya que lo que intentamos no es producir una anestesia, sino una repolarización.
Desde el punto de vista de la biofísica, el estado de salud se alcanza cuando la célula consigue un potencial de reposo normal y se encuentra polarizada. La enfermedad aparece cuando la célula se halla despolarizada o hipopolarizada. La célula normal (polarizada) cuenta con un potencial en sus membranas de 70 a 90 milivoltios.

El anestésico local induce un potencial muy alto (270 milivoltios), que conlleva la hiperpolarización de la célula, con el consiguiente bloqueo en la conducción de impulsos nerviosos, provocando una anestesia. Una vez pasado el efecto del analgésico, la célula recobra su anterior potencial y todo vuelve a quedar exactamente igual que antes.

Empleamos la Terapia Neural cuando la célula ha perdido su potencial de membrana como consecuencia de un estímulo irritativo (campo de interferencia), y no se encuentra en condiciones de recuperarlo por sí misma. La célula se halla despolarizada permanentemente. Al inyectar la sustancia neuralterapéutica (por ejemplo, procaína al 1%), la célula se repolariza, alcanzando sus valores normales de 90 milivoltios, lo que permite el reequilibrio y la auto-regulación del organismo.

¿Qué se puede curar con la Terapia Neural?

Cualquier enfermedad es susceptible de ser tratada con Terapia Neural, ya que el objetivo es el de colocar al propio organismo enfermo, en condiciones de que restablezca por sí mismo el orden perturbado.

Los resultados del tratamiento dependen de la identificación del origen de la perturbación dentro del sistema nervioso y consecuentemente, de la aplicación de la terapia idónea en el lugar correcto.

La Terapia Neural es una de las terapias holísticas que devuelve al ser humano su potencialidad y capacidad de autocuración.

Campos de Interferencia

Cuando en la matriz extacelular se depositan elementos, que el organismo no logra eliminar, se crea una despolarización de la membrana celular, produciéndose un campo de interferencia.

Estos campos de interferencia ocasionan alteraciones estructurales de la matriz, histológicamente demostrables, que provocan irritaciones sobre el sistema nervioso, y generan alteraciones funcionales y posteriormente lesionales. Ejercen su acción a distancia y son la base patogénica del 85% de las enfermedades crónicas.

Campo interferente puede ser cualquier parte del organismo, previamente lesionado por traumas o cualquier otra patología, en el que persistan toxinas o material no eliminable.

Es de reseñar la gran importancia de la boca y de los dientes, dentro de este apartado de campos interferentes. Observaciones basadas en los estudios del eminente odontólogo, Dr. Ernesto Adler, demuestran que dientes en mala posición, desvitalizados o con pulpa muerta, quistes óseos, osteitis residuales, prótesis dentales, etc., pueden convertirse en campos de interferencia, provocando graves efectos en zonas del organismo muy distantes de la boca.

El Dr. Kellner de la Universidad de Viena, al estudiar de forma histológica el campo interferente, encuentra en el ámbito de la matriz, inflamaciones crónicas producidas por sustancias no degradables: cristales de talco, restos de células muertas, toxinas, etc. Como consecuencia de alteraciones bioeléctricas de la membrana celular, el campo de interferencia evoluciona hacia la parálisis de regulación de la matriz, lo que conduce a cambios patológicos que pueden llegar a ser irreversibles.

Cualquier parte de nuestro organismo puede, debido a un proceso irritativo ya pasado o aún activo, bien sea de características inflamatorias, químicas, físicas o traumáticas, convertirse en un campo patógeno creador de interferencias, variar la modulación y frecuencia de las informaciones en el sistema neurovegetativo, y provocar los más variados procesos patológicos en cualquier otro lugar del organismo.
Cualquier lesión existente en el organismo puede comportarse como un campo de interferencia: cicatrices, amígdalas, dientes, traumatismos, fracturas, terreno urogenital por desgarros en partos, etc.

También, y como importantes focos de influencia, se pueden considerar los ganglios del sistema nervioso autónomo, ya que su funcionamiento semeja el de las «caja negras» de los aviones, donde se acumula información que no puede ser eliminada. Si un paciente padece cistitis, el tratamiento con antibióticos destruirá el microbio, (anti-biótico = contra la vida), pero tanto la droga médica como el microbio, dejarán una información (la «memoria del vegetativo» que explicaba Speransky) acumulada en los ganglios del neurovegetativo, que podrá alterar la información que pasa por ellos y llegar a ocasionar daños locales o a distancia.

Los campos de interferencia más frecuentes se encuentran en la boca. Al estudio de estos campos interferentes, el Dr. Ernesto Adler, lo denominó «Odontología Neurofocal».
Si colocamos una proteína radiactiva (C-14 leucina) en los incisivos de una rata, podremos observar que transcurrido cierto tiempo, esas proteínas aparecen en hígado, riñones, bazo, pulmones y glándulas suprarrenales.

Mediante la utilización de la Terapia Neural, conseguimos repolarizar el campo interferente, ya que el neuralterápico, al desconectar el campo de interferencia, extingue también la fuente lanzadora de estímulos perturbadores o irritativos. Al mismo tiempo, reactiva las fuerzas autocurativas del organismo.