La salud activa

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La salud activa es tomar la iniciativa antes de que la enfermedad nos visite, es tener la concepción de una salud integral que incluye la parte física, la parte emocional, la parte energética y la parte espiritual. El Qi Gong como arte energético es una de las mejores herramientas que existen.

Una de las consecuencias de la crisis económica en la que nos vemos envueltos es la necesidad de ajustar más que nunca nuestras necesidades y una de las principales y fundamentales necesidades que tiene el ser humano es la salud. Se trata de una preocupación universal ya que como seres vivos todos aspiramos a la felicidad y a evitar el dolor. La progresiva privatización de la medicina pública, y la pérdida de calidad, los precios de la medicina complementaria, a veces imposibles de costear para ciertos bolsillos, nos obligan a plantearnos, quizá como opción más inteligente, practicar la mejor medicina que existe, la preventiva, medicina en la que nuestra voluntad, nuestra actitud activa es parte esencial y gratuita.
La crisis nos obliga a recuperar el poder que la medicina actual nos ha sustraído al amputar de la noción de salud, conceptos relacionados con las diversas manifestaciones de la conciencia que la afectan sobremanera: pensamientos, actitudes, emociones, significados percibidos, alma, espíritu y corazón; son elementos del alma humana que equilibrados con las herramientas adecuadas pueden ser fuente de lo que llama el director del Instituto Internacional de Qi Gong en España, Jean Luc Riehm, «Salud Activa». La salud activa es tomar la iniciativa antes de que la enfermedad nos visite, es tener la concepción de una salud integral que incluye la parte física, la parte emocional, la parte energética y la parte espiritual. El Qi Gong como arte energético es una de las mejores herramientas que existen y de las más rápidas, porque permite trabajar a estos diferentes niveles, reeducando el cuerpo físico, la respiración, y con ellos la parte emocional y espiritual. Y como nos recuerda Nayeli Arguello, profesora del instituto «si afinamos nuestra parte física, mental, anímica y espiritual y la conocemos paso a pasito, podemos irla entrelazando, uniendo de una manera armónica y equilibrada para que no se provoquen nudos, enfermedades, dolencias, etc., por lo que gran parte de la salud activa sería la prevención, en caso de enfermedad sería retomar las riendas para reencontrar un equilibrio. Es volver de manera calmada, armónica y feliz a nuestra infinita búsqueda de equilibrio».
Recuperando esa dimensión espiritual nos acercamos a la ciencia médica de los pueblos antiguos, en los que la enfermedad no pasaba (salvo ocasionalmente) por una mera disfunción física, sino que tenía sus semillas en lo sutil, en el alma humana, en su relación con el mundo, con las criaturas, con la naturaleza, y consigo misma. La enfermedad era casi invariablemente en esta concepción antigua de distintos pueblos una «transgresión» de límites y leyes, sutiles muchos de ellos, que conducen finalmente a un desequilibrio vital y físico. Para estos pueblos milenarios el estado de bienestar ideal solamente se logra cuando hay un equilibrio entre los factores físicos o biológicos, emocionales y/o mentales, y espirituales que son los que permiten un adecuado crecimiento y desarrollo en todos los ámbitos de la vida.
El Qi Gong que forma parte del conjunto de la Medicina Tradicional China, con más de 3.000 años de experiencia y es a la civilización china lo que el yoga a la India, trabaja con esas tres dimensiones y como cuenta Yves Requena, que además de médico y acupuntor es fundador del Instituto Internacional de Qi Gong, «es más que una disciplina energética para la salud y la longevidad: es un arte, una joya, un tesoro de la cultura china». Nos cuenta que fue creado originalmente para mantenerse en buen estado de salud, y fue adaptado después como herramienta terapéutica de comprobada utilidad en ambos sentidos. A pesar de que la ciencia aún no ha podido determinar todos los misteriosos beneficios que nos aporta, sus primeros estudios han demostrado claramente que el Qi Gong regula el sistema nervioso central y el resto de los sistemas orgánicos, facilita un funcionamiento armonioso de los órganos y desarrolla una fuerza interior que nos capacita para crear resistencia contra las infecciones y para la acción.
Nos encontramos pues con una herramienta asequible para todas las edades que se puede autogestionar como una terapeútica de salud activa, uno decide a medida que aprende la técnica, que ejercicios le ayudan a fortalecer el corazón, purificar la sangre, regular la tensión, aumentar la vitalidad, reequilibrar el hígado, serenar la mente. Y para ello el Qi Gong, al igual que la acupuntura, utiliza los meridianos “canales por donde fluye el Qi, energía vital”, que constituyen una complicadísima red de circuitos energéticos que cubren la totalidad del cuerpo y que según los tratados médicos clásicos incluyen nervios, vasos sanguíneos y sistema salud-activa2endocrino. Correspondiéndose cada uno de ellos con los órganos más importantes del cuerpo humano. «Los meridianos establecen la comunicación entre lo interno y lo externo y se encargan de la circulación de la sangre y la energía», según postula la teoría tradicional. Para la MTC cualquier disfunción de un órgano se traduce en un gran estancamiento tanto en la energía como en la sangre. Al igual que las agujas que permite que el estímulo nervioso provocado regule el funcionamiento de los órganos, bien drenando, dispersando o tonificando la energía, los ejercicios de Qi Gong basados en movimientos suaves que están armonizados con la respiración (en los que la respiración es quien realiza el movimiento) y dotados de una conciencia que canaliza a través de la concentración una intención precisa, casi quirúrgica, de llegar a tal o cual órgano, regula también las funciones esenciales de nuestro organismo. Como dice Nayeli, «estamos trabajando con la materia prima más pura, la energía, el Qi o aliento de los taoistas, el pneuma, para los cristianos.
La practica de esta «gimnasia de la felicidad», como le gusta llamarla a Yves, tiene distintos escalones, o niveles de eficacia. El simplemente terapéutico, que ayuda a mantener la salud, pues entre otras cosas vivifica las articulaciones, combate la hipertensión, aumenta las defensas, como certifican varios estudios médicos recientes en la que señalan que la práctica continuada del Qi Gong incrementa nuestra dotación de linfocitos CD4 y CD8, de linfocitos natural killer. También hay mejoras en el caso de la diabetes y muchas otras dolencias. Según Ives Requena en cuanto al sistema nervioso, el Qi Gong, contribuye a regular el equilibrio excitación/inhibición. Ayuda a relajarse y a recuperar el ritmo del sueño a quienes sufren de neurastenias. Con el incremento de la capacidad pulmonar, se aumenta la energía vital; si normalmente efectuamos 17 o 18 respiraciones por minuto, un experto practicante puede reducirlas a 2 o 3 sin llegar a la sofocación. El Qi Gong influye directamente en la circulación sanguínea y en el corazón y tiene diversos métodos para regular y corregir la presión arterial. Asociados con otras técnicas terapéuticas, estos métodos sirven como tratamiento de la hipertensión y de la arteriosclerosis. Los ejercicios de Qi Gong tienen también poderosos efectos sobre el aparato digestivo, facilitando los movimientos gastrointestinales y la secreción de jugos gástricos, reforzando, por tanto, el sistema inmunológico. El Qi Gong acelera el metabolismo al estimular la secreción de las glándulas hormonales y nos ayuda en la regulación del peso».
Para Jean Luc «una persona que lleve una práctica regular, va a poder abarcar en muy poco tiempo una dimensión muy completa e integral del cuerpo humano en la que va a destacar la emergencia de un camino hacia el autoconocimiento, que le permitirá a través de movimientos muy sencillos y de una lentitud en armonía con la respiración trabajar sobre las capas profundas, favoreciendo la limpieza de los lugares obstruidos a través de un manejo de la energía. Además, el movimiento lento hace que la persona entre en una dimensión de mayor relajación, de mayor concienciación; la persona está más presente en lo que hace, es como una frecuencia de onda en la que entras que hace que tu corazón esté más relajado, y si hay sosiego en el corazón, la mente está más dispuesta a realizar con éxito cualquier tarea que le corresponda». No hay duda de que los sabios taoistas mantenían mediante la calma y la concentración, su aliento natural en la docilidad, al contener su espíritu sosegado en el interior, las enfermedades no tenían donde agarrarse.
Para Jean Luc no sólo los aspectos físicos se ven rápidamente mejorados con una práctica regular sino que el aspecto emocional de la salud también se ve fortalecido, según su opinión «el Qi Gong te permite hacer un tipo de pausa en medio de una vida cada vez más acelerada, es la oportunidad de realizar un examen de uno mismo a diario. Sentir como me encuentro, lo que me ha ido bien o mal, cómo me he comportado ante tal situación. Esta parada permite descubrirte un poco, ponerte en cuestión y replantearte una mejora. Este examen de tu forma de actuar forma parte de lo que yo llamo salud activa porque descubres tus esquemas psicológicos: esquemas que te pueden gustar o no gustar, esquemas impulsivos o de aceptación, tu forma de relacionarte con tu entorno, familia, grupo social, profesional. Todo lo que te hace ser más impecable contigo mismo es lo que te hará ser impecable con los demás también». Cuando lo emocional se armoniza evitamos una de las fuentes principales agentes de la enfermedad, las toxinas, que se crean por causas emocionales como corrobora tanto la medicina china como la moderna psicoinmunología (por ejemplo, el miedo y la ansiedad alteran la flora del intestino grueso; como resultado, el vientre se hincha con gases que se acumulan en las cavidades del intestino y causan dolor).
El siguiente escalón es armonizarse con el espíritu que todo lo permeabiliza y el Qi Gong basado en una filosofía sapienzal, el Taoísmo, y con esa capacidad de ir refinando la energía hasta convertirla en una conciencia capaz de penetrar los misterios en los que el alma anhele respuestas es también una vía de acceso a nuestra auténtica naturaleza. Como dice Yves la consciencia y todas sus facultades (presencia, atención, concentración, memoria) «se vuelve más alerta, despierta, amplia y espaciosa, lo que nos permite cultivar la sabiduría de la Conciencia Universal, cuya esencia es el vacío absoluto». O como nos dice Nayeli, «gracias al trabajo del Qi Gong podemos ir, quizá a través de la imitación, de manera inconsciente, aprendiendo la manera en que el universo (en este caso nosotros mismos) se va entremezclando, uniendo, bailando para avanzar en equilibrio, en armonía».
La eficacia de esta disciplina energética no sólo se ha ganado la aceptación del público en Estados Unidos, Francia, y poco a poco en España, sino que se ha ganado el interés de la comunidad científica gracias a la influencia de las investigaciones modernas de la China Popular en el campo de la salud. Algunos físicos como Fritjof Capra, o el astrofísico Hubert Reeves, reconocen que el pensamiento chino sobre la materia está de acuerdo con las teorías científicas más avanzadas, y gracias a las técnicas actuales como la electronografía, se ha podido verificar la existencia de puntos y meridianos, constatándose que hace 5.000 años, cuando los chinos elaboraron el método, no cometieron ningún error. Parece que la ciencia occidental se va despertando de un sueño mecanicista y materialista para avanzar lentamente hacia otros paradigmas que tímidamente corroboran muchas de las teorías fundamentadas en otro tipo de ciencia, la tradicional, que posee desde hace miles de años certezas sobre lo que es el hombre y el cosmos. El universo nos ofrece una oportunidad de remontar la crisis del hombre occidental y moderno a bordo de una sabiduría que es bálsamo para el cuerpo, la mente y el espíritu.
Os invitamos a vivir, a practicar una salud activa a ritmo de Qi gong: con un respirar lento y profundo, con una sonrisa calma, un mirar fijo pero panorámico y una consciencia puntual, expansiva. Así es una salud en constante movimiento, una salud activa.