Liderazgo y maestría en el camino de la luz

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La sociedad nos modela desde la infancia. Lo que llamamos “educación” es en realidad una “domesticación” que trata de igualarnos. Al poder le interesa gente dócil, manejable, que acate las normas. Todo lo que se percibe como diferente o que molesta al sistema, se intenta eliminar con estrategias aparentemente inocuas como la comparación, el juicio, la crítica, el miedo, la aceptación del grupo…

Si no eres aceptado por el grupo eres un marginado. Sentirse excluido, rechazado, inaceptable, es siempre algo doloroso. A un niño le hará crecer con una visión distorsionada de quién es y le marcará para siempre.

En el otro extremo está el que es aceptado y ostenta el rol de líder. Es el que focaliza la energía de todo el grupo y eso supone un auténtico subidón para el ego. Se trata del rol estrella, el más valorado y deseado por todos.

El líder es el que destaca dentro de un grupo social. Presenta determinadas habilidades o características que le hacen sobresalir: carisma, poder personal, convicción, confiabilidad, locuacidad, inteligencia, pasión, atractivo, fuerza, voluntad… Estas pueden variar según los rasgos particulares de cada colectivo. En algunos casos tan sólo se necesita tener unos buenos músculos.

Un auténtico líder ocupa ese rol de forma legítima y la fuerza del grupo impulsará su ascenso. Buscará el logro de objetivos colectivos, pero a veces, su egocentrismo puede llevarle a creerse mejor que el resto y a buscar objetivos personales.

Un buen líder no siempre consigue la victoria o el logro de sus metas, por eso muchos han quedado en el olvido y sólo son recordados los vencedores, los que escriben la historia.

También existen líderes de apariencia. Son aquellos a los que la herencia o el destino coloca en esa posición y en realidad son títeres. Un falso líder será manipulable por otros más hábiles que se parapetarán detrás de su imagen: asistentes, consejeros, secretarios o confesores.

En ambos casos están atrapados por el sistema y en cualquier momento pueden ser destronados sin piedad. Entonces pasarán a ser a su vez repudiados, marginados.

Pero ¿y la gente que está en el medio, la gran masa, la que sigue al líder? Está demasiado asustada, peleando a brazo partido para no ser excluida de la manada y desposeída de su porción de aceptación gregaria. Estará satisfecha si consigue evitar la marginación y en muchas ocasiones, también el liderazgo, pues en su fuero interno no se siente capaz o merecedora.

La sociedad que hemos conocido hasta ahora tiene una estructura piramidal, donde uno manda y el resto acata. Donde el poder está en manos de muy pocos, donde las jerarquías tiranizan y anulan voluntades.

El intento de “normalización” e “igualdad” es una falacia pues el sistema jerárquico está muy profundamente arraigado en el sistema de creencias. La “masa” está constantemente sometida a fuerzas divergentes, dividida entre su deseo de ascender y al mismo tiempo, evitar caer más bajo en su escalafón.

Por otro lado está la élite intocable, la auténtica cúpula que ostenta el poder desde la sombra. Ellos pueden vivir al margen y jactarse de su inteligencia y dominio sobre las masas.

El cambio que está emergiendo, lenta pero inexorablemente, propone cambios profundos en el fondo y en la forma. La pirámide se está desmoronando. Los de “arriba” han traspasado todo límite y decoro. Los de “abajo” están hartos de ser pisoteados y sentirse utilizados, están reclamando su poder y un nuevo espacio.

El espacio de la verdadera igualdad se representa con un círculo donde todos están al mismo nivel, con los mismos derechos y oportunidades. Donde ninguno manda y todos mandan. Un espacio de diálogo y de comunión donde los ojos y los corazones están a la misma altura.

Antes, las transformaciones sociales se hacían a través de las guerras decididas por los líderes y la élite poderosa y los que sangraban eran siempre los seguidores.

En el nuevo tiempo, la transformación sucede dentro de cada individuo, es profundamente personal. Y cada persona que despierta, se quita la piel de cordero que le cubre, se yergue, plantándose sobre sus pies, con su voluntad, su corazón y su conciencia perfectamente alineados. Esto genera una irradiación en su entorno que, en forma de círculos concéntricos, se expande, se expande y se expande…

Este tiempo, ¡bendito sea!, es de todos. Todos y cada uno debemos liderarnos, empoderarnos y referenciarnos únicamente con nosotros mismos. Es un tiempo de crecimiento y despertar nunca antes conocido o recordado. Se nos presenta una oportunidad de avance espiritual importantísima.

En línea con estas maravillosas energías, son muchos los “maestros” que desde distintas formas de terapias, disciplinas y propuestas para el despertar, siguen anclados en los viejos patrones. Es necesario hacer un llamamiento al discernimiento y a la intuición para diferenciar la auténtica maestría del oportunismo que conlleva la “moda espiritual”.

Es importante prestar atención a cómo nos sentimos con el “maestro”:

  • Suma o resta
  • Anima a buscar la libertad o pone límites
  • Impone condiciones o pagos exorbitados o facilita y practica el altruismo
  • Es rígido o flexible
  • Inspira o constriñe
  • Impulsa o minimiza

Para recuperar nuestro poder, es decir, recordar quienes somos bajo la piel de cordero, se requiere por parte del individuo voluntad y una buena dosis de apertura, optimismo, disfrute y valentía. Los tiempos de “la letra con sangre entra” están caducos. Se puede y se debe aprender y disfrutar al mismo tiempo. De hecho, la apertura del corazón de la que tanto se habla, no podrá completarse sin integrar la alegría, ya que en Medicina China, es la emoción asociada a éste órgano.

Los líderes y maestros en este tiempo de transición no deben tener poder real sobre nadie. Deben únicamente inspirar, irradiar su luz para que la persona que así lo sienta, decida encender la suya. Ya no es tiempo de seguidores y fieles acólitos. Es hora de que todos y cada uno nos desprendamos de aquello que eclipsa nuestra luz y maestría y ocupemos nuestro espacio en el círculo, porque todos somos valiosos.

Tomando conciencia de quiénes somos y lo que podemos aportar, contribuiremos a crear un mundo más rico, hermoso y abundante para beneficio del TODO.

María del Mar del Valle
mariadelmardelvalle@gmail.com