La visión holística de la salud

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Los conceptos de enfermedad y de salud varían en función del paradigma en el que se base la medicina. Un paradigma es el conjunto de explicaciones y supuestos sobre la realidad. Según se conciba el mundo y sus habitantes, así será el modo en que se perciba qué es salud, qué es enfermedad y cómo hacer prevención y tratamiento.

¿Cuál ha sido el planteamiento de la medicina alopática o convencional hasta aquí?

La medicina convencional es una concepción que se basó en el antiguo paradigma científico, de carácter materialista. Este veía al ser humano como un cuerpo. La evolución dentro de la práctica médica, consistió en desarrollar especialidades. Así se pudo aprender mucho dentro de cada área, pero se perdió la visión del conjunto. Esto dio lugar a una medicina donde las partes de un cuerpo se tratan separadamente y donde el individuo que experimenta la enfermedad es un sujeto pasivo, que recibe tratamientos.

Nadie duda de su utilidad en el plano molecular y a nivel de enfermedades agudas, pero somos mucho más que un cuerpo. Por esto, desde las últimas décadas del pasado siglo, la medicina convencional está experimentando cambios y abriéndose a nuevas posibilidades.

¿Qué es la salud holística?

La visión de la física cuántica, desde las investigaciones de Plank y Einstein en la segunda mitad del siglo XX, es que, todo lo que existe, incluido el ser humano, es energía vibrando a distintas frecuencias.

En la concepción holística del ser humano, el individuo es una unidad de cuerpo, mente, estados emocionales, patrones de relación y memorias energéticas que interactúan entre sí. Desde esta perspectiva, la salud y la enfermedad se refieren a un estado que experimenta la persona, no a algo que expresa el cuerpo físico.

El modelo holístico trata al ser humano en su conjunto: su cuerpo, su mente, sus emociones y su nivel energético. Cuando estos distintos aspectos que nos constituyen funcionan dentro de un modelo armónico, hablamos de salud. Del mismo modo, la enfermedad afecta a todo lo que la persona es y cada individuo es diferente y tiene sus propias características singulares.

¿Cómo se produce la enfermedad?

Los pensamientos generan emociones que comunican, a través de mensajeros químicos a todas las células de nuestro cuerpo como nos sentimos. Esto se refleja instantáneamente en nuestro sistema energético. Cuando, por ejemplo, estamos preocupados, los pensamientos que tenemos, seamos o no conscientes de ellos, generan miedo y este estado, sostenido en el tiempo, afecta de distintos modos al funcionamiento del cuerpo físico. Puede provocarnos insomnio o modificar la calidad de nuestro sueño, alterar nuestro ritmo cardíaco, hacer más superficial y rápida nuestra respiración, producir estreñimiento o diarrea, provocar acidez, retortijones, indigestión, etc. No necesariamente manifestaremos todos estos síntomas. Cada ser humano tiene su propia naturaleza, sus puntos débiles y a cada uno puede perturbar de un modo diferente una experiencia vital similar.

¿Cómo nos afecta la herencia genética?

Heredamos de nuestra familia un tipo psicofísico constitucional y con él muchos patrones de pensamiento y predisposición a determinadas emociones. Pero también aprendemos en nuestro entorno hábitos de vida y modos de abordar nuestra existencia.

La herencia genética no es determinante, no es una sentencia a la que no podamos recurrir. Nuestro ADN nos habla de posibilidades, de una información desarrollada por nuestros ancestros y que nosotros podemos activar si reproducimos su modo de vivir. Si abordamos la vida como ellos lo hicieron, si perpetuamos sus rutinas diarias, sus estados mentales, si nos atascamos en las mismas emociones que ellos, si arraigamos sus costumbres perjudiciales, entonces podemos terminar manifestando síntomas o/y enfermedades similares.

¿La enfermedad es una metáfora de lo que nos pasa en la vida?

Muchos médicos, psicólogos y terapeutas han investigado en este sentido. Yo misma he comprobado en mi consulta, durante casi dos décadas, cómo el síntoma o la enfermedad expresan lo que ese ser humano está experimentando. A veces, la persona es consciente de su situación, se da cuenta de que –por ejemplo- vivió con un nudo en la garganta, tragando en lugar de expresar, antes de que le detectaran un cáncer en ese lugar.

Otras veces, el individuo se ha desconectado tanto de su sentir, que no puede señalar dónde le duele la vida. Hasta que, con la ayuda terapéutica comienza a darse cuenta de lo que ha podido contribuir a manifestar el síntoma.

Bien entendido que nadie quiere estar enfermo a propósito y que no hay necesidad de sentirnos culpables cuando la enfermedad aparece. Pero sí podemos hacernos cargo de nosotros mismos y realizar nuestro proceso de sanación vital.

¿El estrés puede ser un factor que contribuya e enfermarnos?

La Organización Mundial de la Salud, ha declarado que el estrés es una de las cuatro causas mayores de muerte en el mundo. Se le relaciona con un sinnúmero de síntomas y enfermedades. Afecta a todos los niveles de nuestro ser.

El estrés es una respuesta sana y natural ante un cambio. Desencadena una reacción global que nos prepara para actuar o huir, básicamente. El problema comienza cuando toda esa tensión que se crea como mecanismo de supervivencia, no encuentra salida y se vuelve contra nosotros.

Esto se ha agravado con la situación económica y el temor colectivo que se ha generado. También influyen los cambios que estamos experimentando a nivel planetario: altos índices de contaminación, desequilibrios en la alimentación, importantes transformaciones en el sistema familiar, etc.

¿Qué podemos hacer para evitar el estrés crónico?

La primera cuestión es darnos cuenta, por lo que nos está sucediendo, de si estamos ya experimentando un estrés que se ha instalado en nuestra vida. Podemos reconocerlo si habitualmente tenemos dolores musculares en cuello, hombros, lumbares, etc.; si nuestros estados emocionales están desbordados, lloramos con frecuencia o nos irritamos con facilidad; si tenemos síntomas gastrointestinales; si padecemos hipertensión, insomnio, etc. podemos sospechar que el estrés se ha hecho crónico para nosotros.

La cuestión más importante es cambiar el modo en que vivimos nuestra experiencia. Este es el factor definitivo. Aprender a relajarnos y practicar meditación a diario son herramientas imprescindibles. También ayuda el apoyo familiar y social, hacer un poco de ejercicio cotidianamente, reducir la ingesta de sustancias estimulantes, beber más agua y, sobre todo, traernos una y otra vez al momento presente.

¿Curación y sanación es lo mismo?

La curación se refiere a la visión de la enfermedad como algo que el cuerpo manifiesta. El sujeto pasivo recibe un tratamiento externo a él y se cura o no de sus dolencias.

La sanación es un proceso activo por parte del ser humano que experimenta el síntoma o la enfermedad. Además de recurrir a todos los tratamientos de la medicina convencional que sean oportunos, se trata de sanar la vida, como dice la terapeuta americana Louise L. Hay. Esto requiere una profunda aceptación de nuestra propia naturaleza y del estado actual de nuestra existencia. Entonces podremos iniciar un proceso de evolución y cambio de conciencia, que nos permita experimentar mayor salud en todos las dimensiones de nuestro ser.

¿Detrás de cada síntoma hay un aprendizaje?

El síntoma o la enfermedad nos hablan de lo que está sucediendo en nuestra vida, no sólo en nuestro cuerpo físico. Aunque se exprese con frecuencia a través de la incomodidad o del dolor, es un «amigo» leal que nos hace conscientes de lo que ocurre en el nivel subconsciente de nuestra existencia. Nos invita a pararnos y a realizar cambios en nuestra manera de ser y de estar aquí.

Tal vez necesitemos perdonar a alguien o a nosotros mismos. Desprendernos del rencor o la culpa que hayamos acumulado. Soltar el pasado y enfocarnos en el momento presente.

Quizá nos haga falta aprender a ser asertivos, a expresar nuestras necesidades, a poner límites para mejorar nuestras relaciones.

A lo mejor necesitamos reconciliarnos con nosotros mismos, mirarnos con ojos amorosos y confiar en nuestro potencial y en nuestra voz interior.

Cada individuo es diferente, como también lo es su proceso sanador.

¿Podemos aprender a crear salud?

Cada uno de nosotros trae de serie un enorme potencial de sanación, que puede ser «despertado» y estimulado, a través de la intervención energética, de cambios en nuestra alimentación, en nuestros hábitos de vida y, sobre todo, en cómo nos estamos relacionando con nosotros, con los otros y con la existencia. Es imprescindible entrenar nuestra mente y aprender a gestionar nuestras emociones, para poder elegir modelos más armónicos, que nos proporcionen un estado de mayor felicidad y, por tanto, de salud.

¿La muerte es un fracaso del tratamiento?

La muerte forma parte de la vida. Es algo intrínseco a nuestra estancia en la tierra. A todos nos llega este final. La sanación no excluye a la muerte. Podemos irnos de aquí en paz con nosotros mismos y con los demás, habiendo aprendido las lecciones evolutivas que necesitábamos y despidiéndonos de la vida con gratitud.

Desde mis perspectiva no hay fracasos, sólo oportunidades de aprendizaje. Quien aprovecha su tiempo, hasta el último aliento, para expandir su conciencia y disfrutar de cada instante, tiene ya su recompensa y puede irse serenamente.

 Ana Jaraba
Pedagoga, Terapeuta y Experta en Terapias Holísticas