El tobillo. Parte I

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Este es el primer artículo que entrego a la revista «Natural», desde luego y, sin que suene a comprador sin suerte, es un honor cuando Enrique Fabeiro me invitó a mandarle un artículo para la revista de Agosto. No lo dudé, así como su invitación para intervenir en una ponencia en el ExpoMasaje 2013. Es una responsabilidad el intervenir en este tipo de trabajos, ya que es una exposición hacia el exterior de lo que trabajamos en el interior de nuestros gabinetes. Aunque si el éxito nos ha acompañado durante nuestra carrera profesional, seguro que encontraremos en estas líneas más seguidores que detractores, que los hay, fuera de nuestro ámbito.

Al fin y al cabo, lo que se pretende desde estas páginas es dar toda la información posible sobre las tendencias de cuidarse y recuperarse sin intrusismo, ni invasión orgánica.

Iré contando anatómica y fisiológicamente sobre el tratado que hagamos en el artículo; desarrollaré uno o dos casos tratados en mi gabinete; y sacaremos nuestras conclusiones. Esa es la propuesta. Vamos a ello.

El tobillo está «fabricado» de tal forma que pueda soportar todas las tensiones del resto del cuerpo, al fin y al cabo, es donde todo acaba, es donde se deposita todo el peso del cuerpo humano. Sus relaciones musculares, fasciales, tendinosas, ligamentosas, óseas, nerviosas, vasculares, están distribuidas de tal forma que sea imperceptible su trabajo, y su mecánica pueda desplazarnos sin correr el riesgo que tengamos que caminar bailando, o correr apoyándonos sobre las extremidades superiores, o bailar con soportes en los pies para que no se «descuajaringue» el tobillo. Es el último sitio donde llegan todas las conexiones de arriba. Por ello hay personas que sienten los pies fríos, les cuesta que llegue la sangre tan lejos; a veces, si no siempre o constantemente, se sienten calambres, porque no nos llega buena respuesta neurológica; sufrimos de falta de fuerza en ocasiones, porque por arriba tenemos contracturas musculares u otro tipo de lesión de tejido blando; o, simplemente sentimos que los tobillos se nos van hacia afuera cuando caminamos o se nos tuercen con frecuencia.

Si alguien lee mi biografía, se dará cuenta de que sé de lo que hablo, ya que mi nacimiento y crecimiento con mis pies fue traumático para mí y toda una familia, la mía.

Si los pies no nos permiten ir adelante, se dice –es porque uno tiene que parar–, así se lo hice saber a una de mis pacientes y buena amiga, Albita, cuando me vino a las nueve y media de la noche un domingo, con un excelente esguince que me trajo (la suerte de trabajar en casa).

Los pies se quejan después de que les hemos hecho sufrir sobre-manera sin hacerles ni caso cuando reiteradamente nos duelen, se nos hinchan, se nos doblan. Y llega un momento que no nos dan más respuesta que el fallo. Ya no funcionan. Y, ¿qué hacer?

Primero, descubrir la lesión. Lo más frecuente, pase lo que pase en el tobillo, lo primero que se resiente es el dispositivo de sujeción de toda la estructura, los ligamentos. Y cuando los ligamentos ceden a la presión articular, a la presión muscular, a la presión tendinosa, a la lesión fascial, (y aquí se nos abre un ramillete de lesiones), ya no hay más que hacer que darles forma e información.

Desde la osteopatía y el masaje deportivo, lo primero que buscamos es qué tipo de lesión y cómo está reproducida, y si me apuráis, buscamos la respuesta al por qué psicológico de la lesión. Una vez encontrada la lesión con las diferentes técnicas de diagnóstico, enrutamos un tratamiento inteligente, legible para el organismo para que pueda volver a mostrar todo su poder de acción y nos permita volver a caminar sin barreras.

Y como hablamos de ligamentos, vamos a la lesión ligamentosa por excelencia, la entorsis, más conocida como esguince.

Hay tres tipos de esguince, grado I, II y III, o lo que es lo mismo, leve, moderado y grave. En osteopatía trabajamos y con éxito total, los grados I y II. El grado III ya existe rotura ligamentaria total y, a veces ósea, con lo cual debemos derivarlo al traumatólogo, quien tiene que intervenirlo quirúrgicamente.

La composición anatómica de sujeción del tobillo consta de tres ligamentos externos y cuatro internos.

Normalmente, por la forma de la pisada del humano, lesionamos uno, dos o los tres externos. Habitualmente es uno, el peronéo-astragalino anterior, quien une la base del peroné con el hueso astrágalo, quien, este último, tiene la llave de movimiento de todo el pie. El tratamiento tengo que decir, no tiene por qué ser doloroso, siempre y cuando utilicemos la tecnología manual avanzada que hoy en día se conoce con el trabajo y divulgación que algunos hacemos en esta profesión.

Vamos a un caso, solo uno, porque ya me he extendido bastante: de este caso quiero destacar lo nefasto que puede ser un mal diagnóstico. J.C.M., (21-10-87), es contable de profesión, (horas de sillón), aunque tiene la buena costumbre de acercarse al gimnasio 2 a 3 veces por semana.

Entra en consulta el 12 de julio de 2012, con un diagnóstico de tendinitis. No pudimos saber más sobre su tendinitis porque no traía pruebas diagnósticas por imagen, ni informes, con lo cual, empezamos a trabajar desde el principio, porque según los síntomas que el paciente me contaba y el aspecto visual de su pie, tobillo y pierna, desde luego, no era para pensar en una tendinitis, aun así hicimos diferentes pruebas palpatorias en tendones de inserción y origen de diferentes zonas flexoras y extensoras de la pierna, pronadoras y supinadoras del pie, y la conclusión final es que deberíamos tirar por otra lesión que sí se veía: esguince externo de grado I de su tobillo derecho.

No hacía mucho que esto había ocurrido, (2 semanas), con lo cual estábamos en buen tiempo de cogerlo, aunque el tobillo presentaba todavía cierto hinchazón, con lo cual empezamos con unas maniobras recuperadoras del sistema circulatorio de retorno, masaje y fricciones transversas de Cyriax en el ligamento diagnosticado como foco de la lesión, su ligamento peronéo-astragalino anterior.

Además, en esta sesión, practicamos técnicas de normalización osteopáticas para lesiones por falta de deslizamiento articular que ha producido el esguince en diferentes huesos: astrágalo; escafoides; 2º metatarsiano; maléolo externo; y, descoaptamos la articulación tibio-astragalina, es decir, provocamos que haya un mayor grado de movimiento en la articulación que une el pie con la pierna.

El resto de sesiones, en este caso hasta 4 en total, fueron para recuperar totalmente su ligamento y movilidad articular.

El 19 de Julio, una semana después, quedó completamente restablecida su «tendinitis», que resultó llamarse en este caso «esguince» de grado I.

Nos encontramos aquí mismo en el próximo número, antes en el «ExpoMasaje 2013», en el Hotel Chamartín de Madrid.

José Enrique García González
Osteópata y Masajista deportivo diplomado por la Corporación Thuban de Madrid Especializado en terapias del deporte
http://jejgjg.blogspot.com.es