El cuerpo no sabe mentir

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Los griegos llamaron autarquía a la capacidad de gobernarse a sí mismos. Epícteto decía: «¿Puede obligarte alguien a desear lo que no quieres o a no pensar lo que se te antoje?

Nos enseñaron a leer, a escribir, a sumar y restar. Nos enseñaron una lengua, un idioma, geografía, historia, matemáticas y miles de conocimientos más para ser productivos. Pero no nos enseñaron a pensar, a gestionar las emociones, a tomar decisiones o a conocer y cuidar nuestro propio cuerpo. No nos enseñaron que el cuerpo no sabe mentir y que es el portador de todos nuestros pensamientos, nuestra historia, el portador de nuestras emociones y conductas. Así, aprendimos que lo mental va por un lado distinto de lo emocional y conductual y con ello creamos disciplinas científicas que se ocupan de esos aspectos por separado; se trataban los síntomas como elementos aislados con fronteras muy definidas y sin relación con el resto de los sistemas. Quizás esa desintegración en los sistemas del ser humano ha conducido a una situación de neurosis colectiva y social donde se perdió el punto de vista integrativo y holístico que lo constituye.

el cuerpo no sabe mentir2Hoy sabemos que nuestro Ser está constituido por el triángulo que forman el conjunto de nuestros pensamientos y nuestro forma de pensar, por nuestras emociones y nuestra forma de gestionarlas y nuestras conductas y las elecciones que hacemos diariamente, y que el cuerpo es el vehículo interno de ese triángulo (pensamientos-emociones-conductas) y el portador de las decisiones que tomamos en cada uno de esos tres vértices. Entendemos pues, que la salud, en términos globales y holísticos no es otra cosa que la gestión positiva que hacemos de nuestra forma de pensar, sentir y comportarnos y que al cuerpo van a parar todas las decisiones, elecciones y opciones que hemos hecho, que hacemos y que haremos a lo largo de nuestra vida.

Ya no podemos seguir creyendo que nuestra forma de pensar no influye en lo que sentimos, que nuestras emociones no determinan nuestras acciones. No podemos seguir pensando que nuestros síntomas, en cualquiera de sus formas, no tienen una relación directa con la gestión que hacemos de nuestra vida. Es necesario pues romper el estilo de pensamiento lineal para pasar a un estilo de pensamiento circular en el que la modificación de un elemento del sistema modifica todo el sistema e influye a su vez en el resto de los sistemas. Dicho con otras palabras, lo que pasa en el cuerpo es el resultado de un proceso multidisciplinar cuya gestión nos conduce hacia la salud o la enfermedad.

Hoy hablamos ya de inteligencia emocional y social, de conciencia y autoconciencia, de energía autocurativa, del poder del darse cuenta y de nuestra capacidad de redirigir nuestra salud. Hoy nuevas ciencias se abren paso en el conocimiento humano, desde la neurociencia, la epigenética, la física cuántica, la psiconeuroinmunoendocrinología. Hoy sabemos que nuestra genética no es tan determinante como se pensaba y que los pensamientos son capaces de modificar nuestra genética y nuestra biología, y que nuestras emociones y nuestra forma de gestionarlas pueden definir a un organismo sano o enfermo.

Como señala Bruce H. Lipton (La biología de la creencia): «Puedes ponerle un filtro a tu vida que tiña de color de rosas tus creencias y te ayude a crecer; o utilizar filtros oscuros que lo vuelvan todo negro y consigan que tu cuerpo y tu mente sean susceptibles a las enfermedades. Puedes vivir una vida de miedo o una vida de amor. No son nuestros genes sino nuestras creencias lo que controla nuestra vida».

A su vez, Daniel J. Siegel (Mindsight, la nueva ciencia de la trasformación personal) nos habla de la capacidad de la mente para observarse y contemplarse a sí misma y de cómo esta capacidad puede cultivarse y aprenderse: «La forma de enfocar la atención influye en la estructura del cerebro. El bienestar aparece cuando creamos conexiones en nuestra vida, cuando aprendemos a usar el mindsight para ayudar al cerebro a lograr y mantener un estado de integración en el que unos elementos separados se unen en un todo que actúa. El mindfulness es una forma de actividad mental que adiestra la mente para que sea consciente de la conciencia misma y para que preste atención a su propia intención. Nuestra mente se crea en las relaciones, incluyendo la relación que tenemos con nosotros mismos».

Hoy la epigenética nos habla de los factores no genéticos que determinan nuestra vida, nuestra constitución y nuestra forma de posicionarnos ante la realidad. Somos seres inmersos en un contexto de relaciones e interacciones y éstas también determinan el cómputo final de nuestra salud o enfermedad. El punto de mira se amplia para dar paso a la interrelación de todos los elementos que configuran los sistemas que nos rodean y nos integran.

Así pues, cualquiera de nuestros síntomas, sean físicos, mentales o emocionales tienen una repercusión en el resto de los sistemas y todo ello se va a proyectar en la pantalla de nuestro cuerpo en forma de contractura, inflamación, tensión, bloqueo, infección o incluso tumor.

En este contexto encontramos una poderosa herramienta para el autoconocimiento, el autocontrol y la autocuración, y es el Yoga. La palabra Yoga, significa Unidad y es esta unidad a la que apelamos para el reestablecimiento de nuestro equilibrio interior. Equilibrio desde planos mentales, emocionales y físicos. Nuestro cuerpo puede realmente cambiar si reeducamos nuestra forma de pensar, de gestionar las emociones y de elegir nuestras acciones adecuadamente. El simple hecho de saber que está en nuestras manos esa elección supone un reto y una oportunidad para dar un gran paso en nuestro conocimiento y desarrollo como seres humanos, valedores de que somos dueños de nosotros mismos, responsables de la realidad que nos construimos y co-responsables de la salud de todo cuanto nos rodea.

En palabras de Mahatma Gandhi:

«Tus creencias se convierten en tus pensamientos. Tus pensamientos se convierten en tus palabras. Tus palabras se convierten en tus actos. Tus actos se convierten en tus hábitos. Tus hábitos se convierten en tus valores. Tus valores se convierten en tu destino».

Antonio Marazuela Llorente
Psicólogo. Psicoterapeuta. Profesor titulado de Yoga
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