Respirar, respirar hasta el infinito

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El factor de la respiración en nuestra vida diaria y en nuestra vida iluminada

Según se van sucediendo los acontecimientos en la vida cotidiana, hay muchos elementos que integrar y que superar. La prisa, el estrés, los obstáculos del día a día, la presión social o los objetivos a cumplir pueden estar haciendo mella en el esfuerzo de levantarse cada día y salir adelante con todo.

Cómo puede influir positivamente el factor de la respiración en todo ello. La capacidad de respirar del ser humano es rítmica, como en todos los seres vivos. En cada reino de la vida existe el fenómeno de la respiración, con distintas cadencias.

En la persona la respiración tiene velocidad de crucero más o menos constante y nos mantiene vivos en cada momento, aunque no nos demos cuenta. Pero no es un fenómeno exclusivamente destinado a la supervivencia. Esto sólo es el nivel inicial.

“Mirar” el pulso de la respiración hacia adentro de nosotros, nos lleva a un punto de concentración excelente. El organismo, la mente y nuestro mundo emocional agradecen una mayor calidad de oxígeno (nuestra gasolina vital, junto con la nutrición biológica).

Este punto especial de atención suscita en nosotros:

  • Una mayor concentración.
  • Un cambio cualitativo en el aire inspirado.
  • Una relajación incipiente del sistema nervioso central, el sistema simpático y parasimpático.

El primer efecto de este cambio a mejor es un buen bostezo. Así, tal cual.

Atemperar o minimizar los impactos que recibimos de la convivencia y los requisitos que van marcando “nuestro afán de cada día.”

Según vamos siguiendo estas líneas con la vista, es posible ir modificando a mejor nuestro estado de ánimo. Sólo es necesario:

  • Vaciar el aire con la espiración.
  • Inhalar el aire con una sonrisa interior que se reflejará en el exterior también.
  • Experimentar el flujo de energía que nos reconforta y nos relaja.

Igual que el aprendizaje mecánico de la conducción de un vehículo, que parte del concepto y de los primeros intentos de ponerlo en práctica, el organismo muestra su felicidad. Después del bostezo, vendrá un suspiro grande, con sonorización de una vocal. ¿Cuál sería tu vocal favorita en esta situación?

Cuando nos encontramos en la Naturaleza, nos envuelve la propia respiración del paraje natural en el que nos encontramos. Como hay vida, hay pulso respiratorio. Es diferente a nuestro pulso de inhalación y espiración del aire, ya que su proceso de absorción de oxígeno tiene su propia polaridad particular, que responde al ciclo noche/día. Nuestro ciclo va de ocho a dieciséis respiraciones por minuto.

Los denominados “baños de bosque” son una bendición, proactiva para el conjunto de nuestros sistemas orgánicos y para la estructura de la psique. Nos encontramos “de vuelta a casa” porque en estas circunstancias reconocemos el ambiente mágico de los árboles ofreciendo lo mejor de la vida: el pulso vital para existir, expresar y evolucionar. Todos los seres vivos están colaborando siempre con nosotros.

Una buena respiración nos va a aportar un estado más consciente, más feliz, mas “propio”, porque todo se encarrila si la respiración fluye como un río en constante movimiento armónico. Es conveniente integrar un mecanismo de funcionamiento respiratorio en permanente mejora, hasta que se haga automático, subiendo del nivel de absorción de supervivencia.

Hay que manifestar que la respiración también tiene su matemática precisa: lo encontramos en las cantidades, en los tiempos y en la calidad de la respiración. Todos estos parámetros nos van a dar secuencias matemáticas precisas, como las que podemos encontrar en una tabla estadística.

Si esta matemática se va fraccionando por desgaste o mal uso, se corta todo el proceso natural y aparecen anomalías en el funcionamiento global de todos los sistemas orgánicos.

El cuerpo es dúctil y se adapta a la escasez por su programa exquisito de supervivencia.

La capacidad de adaptación a situaciones anómalas, por deterioro o insuficiencia, está prevista en el Programa Maestro que rige nuestra vida humana, ya que lo importante es realizar todo el proyecto biográfico que cada persona traiga diseñado en esta ocasión planetaria.

Si cerramos los labios con suavidad y separamos las mandíbulas, el aire que entra nuevo “recuerda” perfectamente su función primigenia, su diseño de perfección y reorganiza todos los microchips de la vitalidad para el ser humano.

Después de los bostezos y los suspiros iniciales, la sonrisa esplendorosa que se instala en nuestra expresión facial, se abre una nueva capacidad multidisciplinar: se conecta lo celeste con lo terrestre, porque se ha dado comienzo al parámetro de la “resonancia”. La respiración humana, pequeñita, se armoniza con la respiración de universo, cósmica, llena de inmensidad.

¿Qué elemento puede ayudarnos a iniciar este proceso? Es el diafragma el maestro de este proceso que va de lo físico a una alquimia extraordinaria. Este músculo único, especializado en la inspiración (también protege los órganos digestivos), acompasa con su movimiento, como dando un masaje muy leve, toda la zona. Sentir el fondo de nuestra respiración física nos lleva al diafragma. Al ralentizar los ejercicios de respiración, contando números por ejemplo, podemos sentir con mayor claridad ese “espacio interior” que es real. Y más allá de la sensación física, nos llega la experiencia de un gran volumen, el cuerpo parece ensancharse en horizontal.

Respirar en los campos de luz

Esta posibilidad se produce cuando la calidad del aire parece “interiorizarse”. La energía de “vitalidad” parece adquirir un grado nuevo de madurez, parece que se va conectando con franjas de energía más sutil, más allá de lo que conocemos como “prana” o “chi”. Se le podría denominar como “super-chi”, para comprender un poco esta nueva calidad del aire que se respira “dentro del aire”. Cuando esto se produce, interactúa perfectamente con las ondas cerebrales y entramos en un “estado alfa” casi automáticamente. Además del ritmo del corazón, se van involucrando otros ritmos, como son: el ritmo medular y el ritmo áurico. Estos pulsos se detectan como “ralentizados” si queremos denominarlo así. El espacio energético de la persona se va ampliando, se va esponjando. Empezamos a sentirnos con más anchura, como si ocupáramos más espacio. Otras personas lo describen como “estar flotando”.

La imagen poética que más se aproxima es la apertura de una flor en su máxima medida. Pétalos abiertos y fragancia. Belleza exterior hacia los sentidos y experiencia hacia el interior, si respiramos –precisamente– su perfume.

Además de la calidad del aire en nuestros entornos urbanitas, además de la conexión con nosotros mismos para mantener “a raya” los niveles de estrés, podemos ampliar nuestra capacidad energética y de vitalidad hacia lo multidimensional conectando con este auto-impulso que produce el oxígeno que respiramos en el aire hacia la captación de nuevas propiedades saludables y lumínicas de este “aire dentro del aire”. Al tener con nosotros este nuevo concepto, el espacio interior integra enseguida estas nuevas proporciones de aire ultrasano y de energía lumínica hasta el nivel celular.

Somos diosesy diosasen la respiración. Nos elevamos a nuestra categoría de realización multidimensional sólo con facilitar conscientemente el proceso de la verdadera respiración.

Desde el punto automático, la nueva llave de la respiración consciente se abre hacia el panorama de la Respiración Supra-Consciente, que es el rango energético previsto para todos nosotros.

Macarena Miletich
Especialista en técnicas Vocales. Creadora de Sonido y Sensibilidad del Ser (Sanación Sonora). Terapeuta de Equilibrio Psico-Energético. Escritora.
https://www.facebook.com/macarena.miletich